10 libros que deberías leer (creo yo)

Leo menos de lo que me gustaría. Un asco. Y llegan estas fechas: Sant Jordi para unos, El Día del Libro para todos, y me entra un agobio tremendo.

Pero tía, que tú escribes, cómo dejas que te pase esto.

NUNCA MÁS.

Dos libros al mes, ese es el objetivo, así se me salgan los ojos de las órbitas por el cansancio. En fin, que prometo que las VEINTICINCO lecturas que tengo pendientes en mi estantería (porque leer no, pero comprar voy A LO LOCO), me las ventilo este año.  A lo que iba, que os quería recomendar algunas de las maravillas que he llegado a leer. Os adelanto que soy de lo más heterogénea, o variable, o insustancial, o raruna. El caso es que leo sobre temas de lo  más variopintos. Allá van:

“Manual para mujeres de la limpieza”, de Lucia Berlin.

No sé muy bien cómo describir esta compilación de relatos. Es más, creo que las historias son lo de menos, lo de más es la voz de esta mujer, absolutamente inimitable. Porque a eso aspira un escritor, a tener un estilo propio, reconocible por cualquiera que haya leído un solo texto suyo. Y lo gracioso es que, probablemente, Lucia Berlin nunca buscó dejar esa huella inconfundible, le salía de una forma natural. Porque así son los genios. Leí el libro antes de saber nada sobre la autora, y lo que descubrí luego no me sorprendió en absoluto: nadie puede contar cómo es la oscuridad si no ha vivido en ella. Nadie describe así hasta el más mínimo detalle si no está de vuelta de todo. No importa si deja a medias una historia, si narra algo tan costumbrista que es incluso aburrido. Leerla es el fin, no el medio.

“La parte escondida del iceberg”, de Màxim Huerta.

Ya lo he dicho en otras ocasiones: yo, que tiendo a escribir yendo a la superfície, leo a Màxim cuando necesito volver al fondo. Su anterior novela “No me dejes”, fue uno de los tres libros que me llevé a Nueva York, donde terminé “Algún día no es un día de la semana”, junto con “También esto pasará” y “Noches sin dormir“. En su última obra, Màxim se despelota por completo, se expone y se lanza al vacío de nuestro juicio. Sin red, sin casco y sin armadura.  Nos deja bucear en sus tripas como si fueran las nuestras y eso, en este caso, es de agradecer. Y MUCHO.

“Madres arrepentidas”, de Orna Donath.

Creo que todas las mujeres, madres o no madres, deberían leer este libro. Básicamente porque desmonta el discurso único sobre la maternidad. Veintiuna mujeres de condiciones sociales muy diferentes cuentan su experiencia sin tapujos. No son monstruos, no maltratan a sus hijos, les quieren, pero de volver atrás, no serían madres. Como tantas otras que no se atreven a decirlo. Tuve claro que, tras ella, muchas otras alzarían la voz, como así ha sido.

“Ventanas de Manhattan”, de Antonio Muñoz Molina.

Besé la cubierta cuando lo terminé. Es la primera vez que lo hago. Muñoz Molina relata su día a día escribiendo en Nueva York, que era el mío. Las mismas cafeterías, las mismas calles, la misma libreta y las mismas sensaciones. Quizás la subjetividad me esté superando. Seguramente. Leerle ha sido mejorar los recuerdos del mes más feliz de mi vida.

“Tinto de verano”, de Elvira Lindo.

Esta recopilación de los artículos de Elvira Lindo para “El País” me encanta por su naturalidad, por esa manera que tiene  de contar las cosas sin ninguna pretensión y sin tapujos. Una lectura ligera, divertida y cercana.

“Atlas de geografía humana”, de Almudena Grandes.

De un extremo al otro. La Grandes se enreda, se desenreda y te arrastra a sus nudos. Me fascina el universo femenino que crea, cómo consigue que entiendas a quien no se parece en nada a ti, cómo construye relaciones creíbles, por retorcidas que sean.

“Vayamos adelante”, de Sheryl Sandberg.

La directora operativa de Facebook (casi ) nos inspira, nos empuja para que no nos rindamos antes de empezar, nos aclara de donde salen todas esas creencias que perpetúan la supremacía masculina en el mundo de los negocios (¿O sería “en el mundo” sin más?). Un libro para leer poco a poco, sobre todo en esos días en los que una no puede con su vida. 

“Tercero sin ascensor”, de Lara Serodio.

Una comedia de enredos tan loca como su autora (solo tenéis que leerla en Weloversize), que se desarrolla en Barcelona, durante una noche. Amiguis, si queréis reír, este es vuestro libro. Echadle un ojo a su anterior trabajo: “Una vida M”. Esta mujer es una fresca, en el mejor sentido de la palabra. 

“El cuaderno de Maya”, de Isabel Allende.

Nunca haré una lista de libros favoritos sin que aparezca esta maestra, en gran parte culpable de que servidora ande metida entre letras todo el día, porque no puedo leerla sin enamorarme una y otra vez. Ya lo dice una tal Sofía Miranda “Isabel Allende hace magia con las palabras”. Y yo estoy TAN de acuerdo…

“Cocina Flexi” de Adam Martín.

Sí, Adam es mi compi del cole, ese que descubrió su vocación de escritor mucho antes que yo. Un tío brillante que se demostró a sí mismo que, cambiando sus hábitos alimenticios, su vida mejoraba y decidió sacarse un máster en nutrición. Adam no es ningún talibán ni pretende difundir estrictos dogmas que nos amarguen la vida frente a un plato. No hay prohibiciones ni alimentos milagro, sí MUCHO sentido común y recetas sanas, fáciles y sabrosas, organizadas en un menú para veintiún días. Parafraseando a mi colegui diré que “Hasta tú las puedes preparar”. La “Tú” era yo, que soy un puñetero desastre en los fogones. Y doy fe de ello. Gracias, chato.

Y para terminar, no voy a recomendar mi novela, estaría feo (creo). Solo daros las gracias (sí, otra vez), a mis fabulosas lectoras y a la fuerza misteriosa que un día me empujó a vomitar esa historia que ahora es vuestra y a la que tratáis tan increíblemente bien.

Sin vosotras, amigas, yo no estaría aquí, siendo lo único que de verdad siempre quise ser.

 

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