150 gilipolleces que me hacen inmensamente feliz.

Ay, amiguis, lo que me alegra a mí cada vez que se me ocurre una gilipollez nueva que apuntar en esta lista, que empezó aquí, siguió aquí y ya veremos cuando acaba. Porque las cositas que nos hacen felices deberían ser cada vez más numerosas y lo que nos toca las narices cada más escaso. Escribamos esas chispas de la vida, vaya a ser que se nos olviden.

126. Que mis amadísimos padres se lleven un fin de semana a mis hijos. Ya, esto no lo dicen las madres perfectas de las revistas, pero yo, que de perfecta tengo más bien poco, lo digo, lo grito y lo reitero.

127. Directamente relacionada con la 126. Tras dejar a las criaturas en el tren, hacerme un masaje tailandés que me deje totalmente anestesiada, pillarme un platazo de pasta en el italiano de la esquina y cenármelo mientras me quedo sopa en el sofá sabiendo que al día siguiente dormiré hasta que reviente.

128. “El Gran Showman”. No solo sale Hugh Jackman, que ya sería razón suficiente para alegrarle la vida a cualquiera. Es que esa música, esas coreos, ese vestuario. Las ganas de saltar en la butaca y gritar  THIS IS MEEEEEEEEEEEEEE.

Ah, y ojito con Zac Efron, que no le veía yo el qué, pero ahora va a ser que sí.

129. Leer durante horas. “El olvido que seremos”, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, “Vivir en las nubes anuncia tormenta”. Todos tan diferentes. Todos me han alegrado las noches últimamente.

130. Vosotras, lectoras amiguis. Vuestros mensajes me hacen llorar de la risa, o de la emoción, o de la felicidad más grande cada día de mi vida. Una vez más, GRACIAS.

131. Los huevos fritos con salchichas Oscar Mayer y pan del bueno.

132. Que Idris Elba esté rodando una nueva temporada de “Luther”. Qué barbaridad,  qué despliegue de sex appeal del bueno, PORELAMORDEDIOS.

133. Zamparme un brunch dominical con mi panda de Grekis. Atragantarme de la risa cada vez. Saber que nuestras barbaridades no tienen límite, QUÉ BIEN.

134. Descubrir sitios nuevos y cuquis donde desayunar, comer bollería hipster y beber té en una tetera ideal.

135. Darle una patada a la rutina, a la rueda de hámster que me tiene frita. Ir al cine entre semana, escaparme para arrearme un tratamiento facial supercalifragilístico, darme un paseo por Madrid porque hoy es hoy.

136. Ir a mi clase de yoga, que me deja los chakras finos filipinos. Falta me hace. Y a la de Body Combat, que liarse a hostias con el aire también relaja que no veas.

137. Que las amiguis que viven fuera de Madrid vengan a visitarme. Pasarnos horas en el sofá poniéndonos mascarillas, comentando las revistas, comiendo pan con queso. Viendo vídeos musicales de los 80, parodias de Martes y Trece, las ocurrencias de Mario Vaquerizo, Alaska y la Juanpe.

138. Empezar una serie nueva y ver que me flipa desde el primer capítulo. Especial mención a “Younger”. Sí, vale, Nico Tortorella tiene mucho que ver. Soy superficial, Y QUÉ.

139. Ver tres tíos buenos por la calle en un día. O cuatro. O cinco. De ahí no he pasado.

140. Planear mi próximo viaje a Nueva York. Queda poquito. Soñar con que esa ciudad forme parte de mi vida aún más. Un ratito aquí, un ratito allí.

141. Pensar que pronto cumpliré cuarenta y cinco tacos, y que lo voy a celebrar de la mejor manera posible. Ya os contaré.

142. Pensar que pronto cumpliré cuarenta y cinco tacos, y que sigo estando como las maracas de Machín. Tener la seguridad de que en veinte años andaré igual, O PEOR MEJOR.

143. Los auriculares inalámbricos. Debería repartirlos la Seguridad Social.

144. La vela de vainilla y rapsberry de Cerería Mollá. Quiero comérmela.

145. El nuevo perfume de Tiffany. El Universo bendiga a la amigui que me lo regaló. Inconmensurable.

146. El masajeador de espalda que me compré en Atocha. Da vueltas sobre mis contracturas gigantescas y se pone calentito. Orgásmico totalmente.

147. Ordenar la casa. Bueno, la sensación después de ordenar la casa. Qué bienestar físico y mental, qué claridad. QUÉ BIEN, COÑO.

148. Que mi amiga, recién divorciada de un Australopithecus egocéntrico y cabrón, y tras MUCHOS años de solo currar, criar hijos y aguantar, se esté cepillando a un montón de buenorros veinteañeros. OLE CON OLE Y CON OLE.

149. Esta versión de esta canción. Gracias, Paulo, por descubrírmela. Sara Bareilles. Loren Allred. Me encantan los vozarrones.

150. Una vez más y cada vez más: ESCRIBIR. Porque ya es como respirar. Porque esto no es lo que hago, es lo que soy. (Y mucha de la culpa es vuestra)

 

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Hay 2 comentarios

  1. Marta

    Gracias por posts como éste, Sol, con los que nos recuerdas que no hacen falta grandes cosas para ser feliz, sino darnos cuenta de TODO lo que tenemos y tratar de no amargarnos (y no amargar a los que nos rodean).

    Yo, tras pensarlo, creo que son los posts que más me gustan (lo preguntabas el otro día y aprovecho para responderte :)) .
    Un beso y a seguir disfrutando de las pequeñas cosas!
    Marta

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