Cómo intentar ser perfecta y morir en el intento.

Hoy es sábado y me he despertado a las 6.40. QUÉ PUTADA.

Bueno, mujer, pues ya que estás insomne, haz algo de provecho, que luego te falta tiempo para todo.

Eso me repito cada día últimamente, pero acabo mirando Instagram, mirando al techo, mirándome los pelos de las piernas…

También cada día me propongo ser una tía superzen: nada de gritar a los niños, ni de exasperarme, ni de ir corriendo a todas partes. Me despierto, respiro y, a las siete y media de la mañana me digo a mí misma “Solete, esto depende de ti. Hoy no te desquicias”.

Y a las ocho estoy con los pelos de punta, pegando gritos a mansalva y con los chakras dando saltos por la cocina.

Hoy me pondré esa mascarilla que me autoregalé para Papá Noel y me costó un pastón, que falta me hace. Claro, como no duermo porque estoy desquiciada… Pues mira, para lo del desquicie me iría muy bien ir al gimnasio, que genera endorfinas a mogollón. Venga, mañana empiezo.

Y llega la noche y miro la mascarilla y pienso que lo único que quiero es meterme en la cama a ver alguna serie con Empotradores porque eso es lo que mejor les va a mis chakras, a mis karmas y a mi cerebro carcomido. De lo del gimnasio NI HABLAMOS.

Voy a hacer una lista de la compra bien completita para no tirarme de los pelos cuando falta leche a la hora del desayuno o se acaba el detergente cuando tengo que lavar el uniforme de los niños a las diez de la noche. Lo que pasa es que he ido a comprar de camino desde la ofi hasta casa y no me ha dado tiempo a escribirlo todo. No pasa nada, seguro que me acuerdo de todo, POR LA PARTE DE LOS COJONES.

Hoy voy a comer bien. Mi avena con fruta por la mañana, mi ensaladita completa a mediodía. Me sentaré a la mesa como las personas. Oye, que hasta las cinco yo lo llevo estupendamente. Bueno, he engullido delante del ordenador, pero era todo muy vegetal y muy ecológico. Y es llegar la hora de la merienda, y mi cuerpo pide guarrería. Venga galletas con Cola Cao. Y esa napolitana de chocolate de los viernes. Y los helados.

Joder, que llevo todo el día currando y para un gustazo que me puedo dar fácilmente…. Jo, que los niños dejan pizza de la cena y no la voy a tirar, que hay gente en el mundo que pasa hambre y, claro, si yo engullo mil calorías eso se solucionará FIJO QUE SÍ.

Pero no hay nada que no tenga solución: me he pasado con el dulce y los carbohidratos, pero hoy va a ser el día en el que me acueste temprano.

HOY SÍ.

Justo después de ver un capitulito de “Luther”, porque una duerme mucho mejor después de ver a esa bestia parda que es Idris Elba. Venga, solo uno, o dos, o tres. Coño, que es la una de la mañana. Todo sea por Idris.

Y suma y sigue con el tema del tinte, que llevo unas raíces que no son ni medio normales; la manicura; la organización mental, física y casera. Quiero alcanzar el Nirvana, pero no me sale ni a la de tres, y ya no sé si es que a mí me gustaría cumplir esos propósitos o es que estoy tan influenciada por las revistas que he perdido la noción de la realidad.

Eso sí, hoy voy a salir a la calle peinadita.

O no.

 

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Idris Elba (o el Empotrador Supremo)

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Hay un comentario

  1. Gallereta

    Ay! My Sol querida…….me estás viendo por un agüjerito, verdad???
    Por más que corro, no llego nunca. Hijos, casa, trabajo……por-dios- bendito.
    Cuántos propósitos maravillosos cada mañana y cuántos auto-zascas cada noche

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