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Cómo conocí a vuestra Sol (por Paulo García Conde)

Como conocí a vuestra Sol

Paulo García Conde es periodista, gallego, novelista, talentoso, bloguero, barbudo, guionista, buena gente y muchas cosas más, a cual más bonita. Le supliqué que me regalara unas líneas y aquí las tenéis. 

Gracias, mi Paulo.

Cómo conocí a vuestra Sol

Quién me iba a decir a mí que iba a terminar escribiendo para uno de los recovecos cibernéticos que más me hacen reír. Y no es por adular a su creadora, que ya la tengo engatusá. Es porque, vídeos de caídas y sustos en Youtube al margen (supongo que ya no hace falta que líneas más abajo me defina como friki), las aventuras personales que esta cuarentona adorable tiene a bien compartir con todos nosotros son para mearse en los vaqueros (o en los leggins para quien los tenga, veréis qué sensación). La diferencia radica en que hacer reír al personal a base de hostiazos es muy fácil; de hecho, es el humor más primitivo que hay. Y como primitivo que soy me encanta. Pero como amante de todas las cosas escritas con talento, también me pirro por las historias bien contadas. Que un poquito de mérito tienen. Por eso me hace ilusión estar escribiendo esto para Las claves de Sol, a sabiendas de que mi humor rancio y bajo en proteínas echará por tierra la lucidez de este blog. Es una penica, lo sé. Pero nunca desecho la oportunidad de poner pringado lo ajeno. Lo hice con la vida de mi madre al nacer, ¿qué menos podía hacer esta vez?

Lo cierto es que no se me ocurre muy bien qué contar, qué plasmar por escrito para fastidiar los niveles de humor y agudeza mental que suelen integrar las entradas de este lugar. Podría rescatar alguno de los temas que trata Sol a menudo, pero tengo miedo del experimento. Veamos, hablar de… la maternidad, o de la paternidad en mi caso; aunque no sé, tengo más meses de lactancia acumulados en los testículos que ya uno no sabría decir con seguridad (Esto no lo leen niños, ¿verdad?) En fin, que yo sobre maternidad no podría aportar mucho, pero sobre ser hijo…. tampoco. Podría hablar sobre las relaciones entre cuarentonas y veinteañeros desde el otro punto de vista, pero me daría cierto reparo volver a recordar que la única vez que me magreé con una madre la perdí por llegar a la reflexión de que hubiese sido más sensato haberlo hecho con su hija. Ni siquiera hubo coito, solo un tortazo, así que dejé que bailase en sujetador por la discoteca a la que nunca debí haberla arrastrado. En fin, que veo difícil rescatar alguno de estos temas. ¿De sexo? Podría ir al chiste fácil y preguntaros qué es eso. Pero no, sé que es eso. Solo que lo tengo un poco olvidado. Liarse con una modelo checa de metro ochenta y tres deja el listón “muy alto” (pum chist!) y, en el caso de ser un retaco poco agraciado y tocado por el don de la introversión, lo que deja es más bien un trauma. Nunca volveré a conseguir algo así. Como tampoco creo que consiga tomarme un café (condimentado con cloroformo; el suyo) con Jennifer Lawrence o Blanca Suárez (¡Hola, Blanca! Que seguro que lees Las claves).

Visto lo visto, no me va a hacer falta elegir tema, porque como de costumbre me he explayado y enredado sin haber contado nada en realidad. Eso sí que se me da bien. Pero ahora que he entrado en calor, se me ha ocurrido algo interesante sobre lo que hablar. Tiene originalidad, tiene acción, tiene emoción… Podríamos titularlo Cómo conocí a vuestra Sol. Aunque lo llamativo es más bien “por qué dos personas tan distintas se caen bien”. Porque posiblemente yo sea lo más opuesto a nuestra querida mamá estelar. A ella no le cuesta tender la mano, a mí me causa pavor estrecharla. A ella no le cuesta retirar la mano si descubre que la otra persona es idiota, yo tengo pesadillas en las que un idiota me dice a mí que soy un idiota. A ella no le cuesta hacer mil y una cosas a la vez, yo sufro cortocircuitos si tengo dos asuntos pendientes y sin resolver. Y a ella no le cuesta brillar con luz propia. Yo… pues yo, trato de robarle la luz al vecino.

Pero, si dejamos todo eso al margen, hay algo que tenemos en común. Gusto por el humor ácido, cero comedido. Si no nos hubiésemos conocido en una clase de guion, lo hubiésemos hecho en la reunión de una secta de humor sin censura. Aunque gracias a la salud mental que todavía conservamos, no fue en una secta y sí en un curso de guion. Os preguntaréis cómo entablan amistad una persona extrovertida y otra altamente introvertida. Sencillo: a través de sus ejercicios de clase, a través de sus creaciones. Os dejo adivinar a quién pertenecían aquellas más retorcidas y con mala leche.

Y así fue cómo conocí a Sol y cómo ella me conoció a mí. Estoy seguro de que en un primer momento se sorprendió de que un mosquita muerta tuviese ocurrencias tales (dicen que tengo pinta de bueno; yo sigo queriendo creer que mi segundo nombre es Satanás), y por eso me quiere aunque sea un poco. Claro que yo, por su introversión, por su humor, y por hacer una y mil cosas a la vez brillando con luz propia, la quiero mucho. Y a Blanca Suárez también, que nadie se me cele.

Cuarentonas y veinteañeros, una tendencia que mola (MUCHO)

cuarentonas y veinteañeros

No voy a contar nada nuevo, el tener amantes, novios parejas ostensiblemente más jóvenes, ya no es territorio exclusivamente masculino. Gloria al cielo, ALELUYA.

Un día una noche conoces a un yogurín de 20 y tantos, guapetón, de carnes apretaditas, mirada cristalina, que rebosa simpatía, y notas que los colmillos superiores se te empiezan a clavar en el labio inferior. Y piensas… ¿Seré tan zorra como para que me ponga este impúber que nació mientras yo hacía la selectividad? PUES SÍ, LO ERES.

El segundo pensamiento es… con todas las impúberes guapetonas, simpáticas y de carnes apretadas que hay por aquí, ¿este yogurín me preferirá a mí? PUES TAMBIÉN.

Y todo encaja como un puzzle sideral: a ti te mola su frescura, su alegría, su despreocupación, el entusiasmo por la vida en general y por fornicarte en particular.

Y a él le molas tú, AQUÍ Y AHORA.

Al veinteañero le dan igual tu edad, tus ex, tus traumas, si tienes hijos o si quieres tenerlos, si tu curro es mejor que el suyo (probable ya que él curra hace 6 meses aprox).

El veinteañero te dirá qué guapa estás hoy o se quedará a dormir sin miedo a que le propongas matrimonio, pero no se ofenderá si le pides que se vaya. No le buscará significados ocultos a tus palabras ni los encerrará en las suyas. No ha aprendido a manipular.

No se aferrará a algo que se ha podrido porque no tiene ese ridículo miedo a “quedarse solo para siempre”. Y saber que el que tienes al lado (o debajo, o encima) está ahí porque le parece la mejor de sus cientos de opciones, es taaaaaaaaaaan afrodisíaco…

Las cuarentonas y los veinteañeros nos encontramos en un precioso limbo en el que:

A los 20 aún no filtran.

A los 40 ya te cansaste de pensar antes de hablar.

A los 20 no se atan a nadie para que les transmita tranquilidad porque estar tranquilo es lo último que quieren.

A los 40 tienes claro que la tranquilidad, o te la das tú misma, o no hay Cristo que te la dé.

A los 20 no tienen edad para compromisos.

A los 40 tu compromiso es contigo misma.

A los 20 solo quieren pasarlo bien.

A los 40 ya has tocado fondo, ahora empieza el festival.

A los 20 aún no llevan mochila.

A los 40 la estás vaciando.

A los 20 se enamoran cada día, varias veces.

A los 40 también, sobretodo de ti misma.

Ni que decir tiene que, además, el veinteañero está BUENORRO DE COJONES. Que los hay de 40 que están estupendos, por supuesto. Pero ¿cuántos hay que no lo están y eran unos Adonis hace 20 años?

La estadística me avala.

Algun@s detractores de esta tendencia dirán que al veinteañero le falta experiencia sexual.

Mi experiencia… (Dios quiera que mis padres no me lean) Y UNA MIERDA.

El veinteañero se ha criado en la era digital, con un sinfín de estímulos para nosotros desconocidos hasta la treintena y, al igual que las generaciones venideras tendrán los pulgares más desarrollados, los veinteañeros actuales han aprendido, no sé muy bien cómo, a fornicar como los ángeles.

En resumen, que me alegra mucho esta tendencia, como cualquier otra que tenga que ver con pasarlo bien, olvidar complejos, eliminar usos sociales absurdos y, sobretodo, darle alegría a este cuerpo, MACARENA.

   

Las rachas sexuales (de no me como un torrao al empacho total)

Las rachas sexuales

La sequía te azota, no echas un kiki desde que nevó en Málaga, no hay ni la más mínima pista de cuando vas a tener actividad sexual, ni asomo de un puto WhatsApp erótico-festivo. Ante ti se abre un agujero negro de diámetro inversamente proporcional al de tu chirri.

La enorme NADA que perseguía a Atreyu en la Historia Interminable, es pequeña comparada con lo que ves ante tí.

Y no eres solo tú. Tus amigas están igual, lo que significa que no es que tú estés haciendo algo mal y tengas que cambiar tu estrategia de marketing, sino que el mercado está MUY JODIDO. Hay mucha más demanda que oferta y ante eso no hay nada que puedas hacer, aparte de esperar a que ocurra el milagro.

Así pasan los días, las semanas, los meses… Hasta que por casualidad y sin haberlo planeado, algún alma caritativa se apiada y te pone mirando a Cuenca. MILAGRO. Mientras estás en ello no te lo puedes creer. Si no fuera porque las embestidas lo impiden, pensarías que estás soñando. Disfrutas el momento como si no hubiera un mañana, porque realmente no lo hay. Mañana SEGURO que no follas. Sabes que no lo harás porque cuando la hipótesis se repite hasta la saciedad, se convierte en teoría y, en tu caso, la teoría dice que tú nunca follas, Y PUNTO. Esto que está pasando hoy es la excepción que confirma la regla, NADA MÁS.
El kiki termina y, tras agradecerle a todos los santos de la fornicación que hayan decidido bendecirte, contárselo a tus amigas para que se unan a ti en el canto del Aleluya y llamar al ayuntamiento para que te dedique unos fuegos artificiales, te entregas again a la inactividad coñil por tiempo indeterminado.
Pero no.

De repente, aquel del que no sabías nada hace milenios te manda un mensajoide picantón, conoces a un jamelgo el sábado por la noche y el farmacéutico buenorro te lanza miradas lascivas. Y FOLLAS OTRA VEZ.

madonna

Un hecho sin precedentes, al menos que tú recuerdes. Te planteas varias teorías: las endorfinas te han puesto más guapetona y ellos lo notan, o quizás los astros se han alineado por segunda vez en 50 años o puede que en el fondo seamos animalitos que huelen los fluidos de otros animalitos y se nos despierta la vena competitiva. Reconozco que soy una firme defensora de esta última. Cuando hueles a chirri usado, lo quieren usar más.

Entras en una espiral fornicativa que te tiene exhausta pero no descansas porque no sabes cuando aparecerá otra racha de tal calibre. No puedes rechazar ninguna propuesta porque hay que acumular provisiones para la próxima hambruna. Estás ante un buffet libre y en cualquier momento te llevan a “Supervivientes”. NO PUEDES PARAR.

Pero llega un momento en el que tu cuerpo ya no resiste más. Coordinar todo esto requiere de un esfuerzo al que tú no estás acostumbrada. Los whatssapps se te acumulan y temes mezclar nombres. Atender a tu público significa dormir poco y llevas arrastrándote semanas. Hay que eliminar algún jugador y, tras arduas negociaciones contigo misma, le comunicas a uno de tus contrincantes que estás muy liada y que si eso ya os véis otro día. Y ESO ES EL PRINCIPIO DEL FIN. No sabes cómo, aquello se desmorona como un castillo de naipes.

A la semana siguiente, otro de los participantes de tu Monopoly sexual será el que te dará largas porque “tiene un pico de trabajo” y a la siguiente, el que te quedaba y al que te aferras cual rabo clavo ardiendo, desaparecerá paramás nunca volver. Ya no hueles a fluido ajeno.

Y volvemos a empezar…

Me siento culpable (y así todo el rato).

Ayer escuché en el vestuario del gimnasio una conversación entre dos mujeres de unos cincuenta y pico. Una le contaba a la otra que estaba encantada con su novio, que era bastante más joven que ella. Toda ilusionada decía que era muy feliz y, entre risitas nerviosas, presumía de que el sexo era celestial. Tras ese relato lleno de intimidades y alegrías, la mujer se justificó añadiendo “pero es que yo lo he pasado muy mal, NO TE CREAS”.

Yo, que las oía sin verlas, estuve por asomarme entre las taquillas y aclararle a aquella señora que el sufrimiento anterior no era conditio sine qua non para sentirse tan bien ahora, que esos rollos sobre los castigos y los premios divinos no son más que una gran farsa que nos han metido entre pechos y espalda desde la niñez y que nos han programado para creer que nos merecemos lo malo pero nunca lo bueno.

No puedo evitar acordarme de aquella preciosa oración que rezábamos en mi colegio de monjas (sí, he dicho MONJAS. Así he salido…):

“Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén”.

Ahí estábamos, a los 6 añitos canturreando semejante salvajada. Y claro, ASÍ NOS VA.

Ojito, que hasta tener la regla es culpa de alguien. Hay rumores según los que la menstruación es el castigo que heredamos de Eva, que fue una zorra pecadora que tentó a Adán (atontao perdido) y con ello jodió a la humanidad pa los restos. Así que los cólicos, las hemorragias y el dolor de tetas no son consecuencia de un proceso fisiológico, NO. Tenemos la regla porque nuestra tataratataratataatabuela fue un putón que sedujo a nuestro inocente tataratatataratatatarabuelo para chingar como cosacos.

adán y eva
Eva tentando (la muy perra).

Lo de “parirás con dolor” ya no voy ni a comentarlo. Culpa de la cerda de Eva también. Como si fuera posible sacar un Nenuco por el jilguero sin notarlo…

Y es que vamos por la vida pidiendo perdón:

  • Si sacas buenas notas lo justificas diciendo que “han preguntado lo que había estudiado” o “se habrán equivocado”. Qué vergüenza ser inteligente y/o responsable, por Dios.
  • Si te dicen que estás guapa, en lugar de dar las gracias y creértelo, será porque te has maquillado mucho o es que “me miras con buenos ojos”.
  • Si te tachan de buena madre pensarás que la cagas constantemente pero que nadie lo ha notado.
  • Si te felicitan por tu blog es porque tus amigos te quieren mucho y no te van a decir lo que piensan. Por supuesto, si te lo dice un tío es señal inequívoca de que quiere empotrarte.

Pero ¿por qué coño nos cuesta tanto reconocer que somos la hostia? 

Nos sentimos culpables por ser guapos, listos, por ganar pasta, por tener un buen curro, por irnos de vacaciones, por follarnos a alguien maravilloso, por dormir 12 horas, por pasarnos un domingo en el sofá, por hacer pizza precongelada para cenar, por comer sin engordar,…

 

Nos educan para no ser libres. Todo en la vida han de ser derechos y obligaciones. No debes recibir nada a cambio de nada.

Nos manipulan para creer que los demás tienen poder sobre nuestra vida y nosotros sobre la vida de los demás. Sentimos que somos culpables de la felicidad o la infelicidad ajena, pero nunca pocas veces de la nuestra. Desde pequeñitos nos sueltan barbaries tales como “me pones de los nervios” o “me he enfadado por tu culpa”. ¿Te has planteado que lo que a ti te pone nervioso igual eres tú mismo y que quizás deberías centrarte en controlarte a ti y dejarme en paz a mí?

En fin, que aquí servidora es la primera a la que la culpa aplasta: por no currar más horas, por no estar más delgada, por leer menos de lo que debería, porque hoy no he llamado a mi madre y ayer no duché a mis hijos.

Mis monjitas me dirían que no me merezco mis vacaciones, tener amigos tan estupendos, estas tetas que no se caen, esa ex-pareja que me adora, que gente tan lista quiera escribir conmigo, lo bien que me lo paso en el karaoke, el polvazo del martes…

Nunca he sufrido muchisísimo. No he cumplido mi penitencia.

Quizás me toque pagar a posteriori. Hostias, QUÉ MIEDITO.

Como no sé cuando empezará el martirio, decido que hoy seré libre. Así que de momento disfrutaré de este Nueva York maravilloso en el que me hallo, desayunaré una tostada carísima en Sarabeth´s, pasearé por mi Central Park, esta noche cenaré con mis amigas, reiremos hasta hacernos pis y esperaré con paciencia (pero sin culpa) el castigo divino que me merezco por tanta felicidad. AMÉN.

El mito de la follamistad.

CONFIESO: empecé a escribir este post en mi blog y lo había llamado «Mi amante amigo» para desencasillarme del tema lascivo y guarrete, pero a medida que iba avanzando vi que no hay tu tía, que tengo la mirada sucia, que el tema era perfecto para las mentes abiertas que leen Weloversize y que, seamos honestos, no hay otra palabra para definirlo.

Concretemos lo que yo entiendo por FOLLAMIGO, que básicamente es la persona con la que mantienes unas relaciones sexuales cuya periodicidad es como máximo cada 10 días y como mínimo, mensual. Si fornicas con alguien semanalmente yo ya lo llamaría «Rollete.» Si no echáis mínimo uno al mes es que chingáis de puritita casualidad, o sea que la parte del «folla» se da, pero la de «amigo» pos no. En mi opinión esto ya sería un «Fijo Discontínuo».

Obviamente puedes tener un Follamigo, varios Follamigos, incontables Follamigos. (Ojito con el juzgar que llamo a mi compi África y OS LO EXPLICA)

Otro factor que define el término FOLLAMIGO es la actividad llevada a cabo together. Tenemos claro que la fornicatio es el elemento principal, pero luego está la guarnición. Esto es muy personal, pero para mí un Follamigo en sentido estricto no debería exceder las fronteras de los domicilios respectivos. O sea, se puede ver una peli, comer, cenar, charlar PERO EN CASA. La exhibición pública de estos actos generaría, de nuevo, una relación del tipo «Rollete», «Noviete» e incluso ALGO MÁS PEOR. La Follamistad ha de ser clandestina. Punto.

Una vez definido el término, quiero manifestar mi más profunda tristeza por no encontrar el FOLLAMIGO PERFECTO. Y ¿quién es él? que diría Perales… Pues él es un tío estupendo, divertido, con el que puedes hablar, te ríes, disfruta contigo el momento y te pone FINA, FILIPINA. A las que pensáis que eso es el NOVIO PERFECTO, es que yo lo de Novio no lo manejo. Llamadme rara.

cooper butler

Mis Follamigos perfectos (tonta no soy)

La madre que me parió, qué difícil es encontrar un candidato para este puesto. Aquí los machos (en el extraño caso de que alguno me leyera) gritarían ofendidos «¡pero si no follas porque no quieres!», «¡ya me gustaría encontrar una que solo quisiera eso!», blablabla. Pues MIS COJONES, CHAVALES. Os asustáis, salís por patas, no entendéis a esta nueva reata de tías que ya no quieren un aquí te pillo aquí te mato y que tampoco suplican necesitan, ansían una pareja que les dé sentido a sus vidas.

Imaginemos que encontramos al supuesto Unicornio, intercambias unos mensajitos, el tío está estupendo, tiene sentido del humor, os ponéis cachondillos conectáis y, por fin, quedáis. Imaginemos que la cosa es fructífera y del 1 al 10 esta nueva follamistad saca un 8. GLORIA AL CIELO, ALELUYA, ALABEMOS AL SEÑOR.

No cantes victoria, desgraciada, que si encontrarlo es complicado, mantenerlo NI TE CUENTO.

Os enumero algunas de las dificultades que acontecen a la hora de mantener una bonita follamistad:

1. Tras enrollarnos 5 veces se piensa que me voy a enamorar y le voy a complicar la vida (porque no tengo bastante con los hijos, los curros, los blogs, los guiones y demás festivales de mi vida) y, sin dar tiempo a explicarle que antes muerta no creo que pase , se pira panuncamásaparecer. Esto pasa un 89% de las veces, según mis estadísticas.

what is

2. Tras enrollarnos 5 veces, es él quien quiere ser mi novio. Confieso de nuevo: había escrito varias opciones del tipo «quizás más adelante», «podemos hablarlo», pero es que yo NO QUIERO TENER NOVIO. Y ya está, otro que se pira con el de opción nº1. Si esto no era tan difícil, JODER.

Emma Stone

Yo, cuando me imagino con novio.

3. Me aburre soberanamente y, una vez calmado el furor uterino, no puedo soportar su presencia.

4. Me encuentro con la variedad Mareadorus Insoportabilis, del que ya hablé aquí. Pa qué repetirnos…

Aish, chicas… qué cositas nos pasan. Las reglas dolorosas, los partos, las depilaciones y ahora ESTO. Pero yo no pierdo la esperanza, mi Unicornio Fucker está por ahí esperándome, totalmente inmune a los prejuicios machunos, dispuesto a enseñarme Cuenca cada 2×3.

Y vosotras ¿lo habéis encontrado?

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