Skip to main content

Etiqueta: cuarentona

Cuarentonas y veinteañeros, una tendencia que mola (MUCHO)

cuarentonas y veinteañeros

No voy a contar nada nuevo, el tener amantes, novios parejas ostensiblemente más jóvenes, ya no es territorio exclusivamente masculino. Gloria al cielo, ALELUYA.

Un día una noche conoces a un yogurín de 20 y tantos, guapetón, de carnes apretaditas, mirada cristalina, que rebosa simpatía, y notas que los colmillos superiores se te empiezan a clavar en el labio inferior. Y piensas… ¿Seré tan zorra como para que me ponga este impúber que nació mientras yo hacía la selectividad? PUES SÍ, LO ERES.

El segundo pensamiento es… con todas las impúberes guapetonas, simpáticas y de carnes apretadas que hay por aquí, ¿este yogurín me preferirá a mí? PUES TAMBIÉN.

Y todo encaja como un puzzle sideral: a ti te mola su frescura, su alegría, su despreocupación, el entusiasmo por la vida en general y por fornicarte en particular.

Y a él le molas tú, AQUÍ Y AHORA.

Al veinteañero le dan igual tu edad, tus ex, tus traumas, si tienes hijos o si quieres tenerlos, si tu curro es mejor que el suyo (probable ya que él curra hace 6 meses aprox).

El veinteañero te dirá qué guapa estás hoy o se quedará a dormir sin miedo a que le propongas matrimonio, pero no se ofenderá si le pides que se vaya. No le buscará significados ocultos a tus palabras ni los encerrará en las suyas. No ha aprendido a manipular.

No se aferrará a algo que se ha podrido porque no tiene ese ridículo miedo a “quedarse solo para siempre”. Y saber que el que tienes al lado (o debajo, o encima) está ahí porque le parece la mejor de sus cientos de opciones, es taaaaaaaaaaan afrodisíaco…

Las cuarentonas y los veinteañeros nos encontramos en un precioso limbo en el que:

A los 20 aún no filtran.

A los 40 ya te cansaste de pensar antes de hablar.

A los 20 no se atan a nadie para que les transmita tranquilidad porque estar tranquilo es lo último que quieren.

A los 40 tienes claro que la tranquilidad, o te la das tú misma, o no hay Cristo que te la dé.

A los 20 no tienen edad para compromisos.

A los 40 tu compromiso es contigo misma.

A los 20 solo quieren pasarlo bien.

A los 40 ya has tocado fondo, ahora empieza el festival.

A los 20 aún no llevan mochila.

A los 40 la estás vaciando.

A los 20 se enamoran cada día, varias veces.

A los 40 también, sobretodo de ti misma.

Ni que decir tiene que, además, el veinteañero está BUENORRO DE COJONES. Que los hay de 40 que están estupendos, por supuesto. Pero ¿cuántos hay que no lo están y eran unos Adonis hace 20 años?

La estadística me avala.

Algun@s detractores de esta tendencia dirán que al veinteañero le falta experiencia sexual.

Mi experiencia… (Dios quiera que mis padres no me lean) Y UNA MIERDA.

El veinteañero se ha criado en la era digital, con un sinfín de estímulos para nosotros desconocidos hasta la treintena y, al igual que las generaciones venideras tendrán los pulgares más desarrollados, los veinteañeros actuales han aprendido, no sé muy bien cómo, a fornicar como los ángeles.

En resumen, que me alegra mucho esta tendencia, como cualquier otra que tenga que ver con pasarlo bien, olvidar complejos, eliminar usos sociales absurdos y, sobretodo, darle alegría a este cuerpo, MACARENA.

   

La ¿crisis? de los 40.

La ¿crisis? de los 40

Lo prometido es deuda. Va por vosotros…

El viernes pasado viajé a Barcelona, donde nací y viví hasta los 28. Sólo el caminar por sus calles me retrotrae a esos años que ahora recuerdo tan libres y tan divertidos.

Cada x me reúno con mis compis del cole y nos ponemos al día sobre trabajo, familia, proyectos, etc. Después de los temas medianamente serios, volvemos a los mismos de siempre : que si a ti te molaba tal tío pero a mí me molabas tú, que si tú te enrrollaste con aquel, que no, que sí, que si aquella era más guarra que aquella otra, que tú tenías el mejor culo de la clase, que si te han crecido las tetas… O sea, volvemos a los 18 en conversaciones, comportamiento e inmadurez.

El grupito no puede ser más heterogéneo. No daré detalles por aquello del secreto de confesión, pero ahí nos juntamos desde el jefe de compras de un laboratorio de nosequé, hasta el profe más joven de nosequéescuelasuperguay, pasando por uno que gana estatuillas porque es un hacha en algo quetienequeverconpelis.

La ¿crisis? de los 40

A la cena le sigue el copeteo y el bailoteo.  Siempre los mismos sitios. Siempre las mismas risas.

Pero en la última cena surgió una conversación inimaginable unos meses antes: la crisis de los 40. Hostias, que de repente nos plantamos en el 2013. BOFETÓN DE REALIDAD.

La verdad es que por mi parte la “crisis” o mejor, los “melocuestionotodo” de los 40 han hecho mella y para bien. Fruto de ello, este blog.

¿Estoy dónde quiero estar?, ¿hago lo que quiero hacer?, ¿vivo cómo quiero vivir? Son preguntas que me planteo hace tiempo y respuestas que me doy, y medidas que tomo para que mi vida sea lo que yo quiero que sea. Cuestión nada fácil, por cierto.

Siempre he pensado que la felicidad requiere de la toma de decisiones que muchas veces son difíciles y dolorosas. Pero es lo que hay. Dejarme llevar no es lo mío. Prefiero ser yo la que manda.

Pues bien, allí estábamos los seis, con 40 y no con 18. EXTRAÑO.

La ¿crisis? de los 40

Pero y ¿por qué ahora? Estamos aproximadamente en el ecuador de nuestra existencia. A los 40 llevamos prácticamente la mitad de la vida trabajando en lo mismo, algunos con la misma pareja, los mismos amigos y el mismo lugar de residencia. Es el punto en el que aún no eres demasiado mayor para cambiar de rumbo y  y pilotar hacia el destino deseado. ¿Y cual es ese lugar? Eso es lo jodido: de dónde vengo ya lo sé, pero el hacia dónde voy…

Parece que hay un mapa invisible de como deberían ser nuestras vidas según donde nacemos: estudios, novios, trabajos, matrimonios, lugar de vacaciones, hijos, diversión, modo de vestir y de peinarte, religión…Si no te paras a pensar demasiado todo va rodado, te dejas llevar un poquito y ¡Zás! Tienes 80, no te has dado cuenta y la vida ha pasado por ti pero quizás tú nunca pasaste por tu vida.

Obviamente no voy a hacer aquí una sesión de coaching vital. Para empezar porque la primera que la necesita soy yo. Pero sí quería rendir homenaje a mis 40, y a los tuyos. Y a los de todos los que abandonan su zona de confort para plantearse que quizás hay otra forma de vivir.