Etiqueta: feminismo

Que te den, Blue Monday.

Tómate un buen desayuno, en esa cafetería tan ideal y tan cara. Guarda el teléfono y estrena la libreta mágica en la que vas escribir cada día. Porque todos deberíamos auto contarnos la vida, para relamerla con gusto, una y otra vez.

Píntate los morros de rojo (sí, hoy también).

Recuerda que siempre estás a tiempo de retomar los propósitos, los sueños, LA VIDA. Que hoy eres un poco más vieja que ayer, pero mucho más joven que mañana.

Te quedan un montón de ciudades nuevas por descubrir y otras tantas a las que volver.

Siempre habrá un concierto en el que aplaudir, una canción de los 80 que bailar, une peli que te haga berrear de la felicidad. Una banda sonora que te recordará que la chispa de la vida está ahí, esperando a que despiertes. Un libro que te revolverá los entresijos. Un amigo que te dirá las verdades. Y te abrazará para que duelan menos.

No te engañes, nadie muere de amor, pero sí de aburrimiento. No le temas al portazo, al puñetazo sobre la mesa, al “Te puedes ir a la mierda” o al “Me largo, que te vaya bonito”.

Ten claro que la palabra “Fracaso” se la inventó alguien con pocos cojones y muchas excusas.

Come, reza, ama. O no, si no te da la gana.

Dale la espalda al miedo, al “Qué dirán”, a los cotillas, a los retrógrados, a los machistas y a su puñetera madre.

Lánzate en los brazos de los que te hacen reír, de los que te descubren lugares maravillosos que, a veces están fuera y, a veces, muy dentro.

Viaja al lugar donde tú eres Tú. Sin adornos. Sin edulcorantes. Sin corazas.

Llora, toca fondo y vuelve a tocarlo. Húndete en el abismo si te apetece.

Respira. Respira otra vez. Y otra.

Nada es tan grave. Tú, tampoco.

Carta al tío de los gestos obscenos.

El sábado pasado me fui a navegar con mis amigas. Que si una ensaladita, que si un poco de música, unos baños, un broncearnos, unas botellitas de cava y unas buenas charlas a cascoporro. Vamos, un gustazo absoluto.

Tras ver la maravillosa puesta de sol de mi isla, iniciamos el retorno a puerto. Nosotras más felices que perdices, con los chakras en orden total, queriéndonos mucho. Más a gusto no se podía estar.

Y en estas que pasa una lancha a toda castaña y el tío que la conduce hace como que se folla al timón mientras nos mira y nos grita. El amiguete de al lado, descojonado perdido.

Yo, que de primeras no reacciono PORQUE NO ME LO PUEDO CREER. De segundas, quiero perseguirlo por los mares, explicarle un par de conceptos y, para qué mentir, arrearle dos hostias con la mano abierta. Me has dejado los chakras hechos un asco, so desgraciado ¿QUIÉN COÑO TE HAS PENSADO QUE ERES?

Desgraciadamente, no encontré al Ecce Homo de las narices, pero confío en que el Universo o lo que sea le hagan llegar estas palabras que le dedico.

Oye, tú, el del bañador negro que el sábado pasado andaba como los locos haciendo gestos obscenos a lo largo y ancho de la Bahía de Sant Antoni de Portmany:

Soy una de las tantas tías a las que mirarías con cara de baboso ese día (y todos los días, supongo), mientras meneabas el culo como un pequinés.

Lo primero que me gustaría contarte es LO QUE ERES:

Eres un machista, un inculto (que no son sinónimos, pero casi), un maleducado, un guarro. Eres TAN primitivo que no sabes que uno debe reprimir sus impulsos si ellos insultan al de enfrente. Eres una persona que hace sentir mal a los que tiene alrededor, y no hablo solo de mujeres, sino de cualquier persona medianamente normal que sabe lo repulsiva que es tu conducta. Formas parte de ese grupo de individuos que, lejos de hacer de este planeta un mundo mejor, lo ensucian y lo mancillan.

Resumiendo: DAS ASCO.

Ahora vamos a LO QUE SOMOS NOSOTRAS las mujeres y los seres humanos en general.

Somos personas libres de andar en bikini, o en pelotas, o como nos salga del mismísimo, sin tener que aguantar a desgraciados como tú que nos gritan barbaridades por la calle, por los mares o en un ascensor. Nosotras somos estos cuerpos sobre los que ni tú ni nadie tiene ningún derecho, mucho menos el de faltarle el respeto, ya sea de palabra o de acción.  Si te gusta lo que ves tienes tres opciones: 1) Cerrar el pico y dejar tus caderas inmóviles, 2) Esperar a que atraquemos y, con suma dulzura, decirnos lo guapas que somos (Aunque juraría que ni reparaste en nuestra tremenda belleza, solo viste unos coños rodeados de carne), o 3) Crear un blog para hablar de nuestras curvas todo lo que te dé la gana, SIN OFENDERNOS, por favor.

Te voy a contar, a continuación, LO QUE NO SE DEBE HACER cuando te cruzas con alguien, sea hombre, mujer o rinoceronte:

No hagas gestos que puedan ofender. Espera, que no creo que conozcas la acepción (o significado) de este término (o palabra).

Según la RAE (que es la Real Academia de la Lengua, por si no lo pillas):
OFENDER
Del lat. offendĕre.

1. tr. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos.

2. tr. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. Ofender el olfato, el buen gusto, el sentido común.

3. tr. desus. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.

4. prnl. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

No me grites. JAMÁS.

No creas, ni por un segundo, que puedes expresar tus deseos sexuales (o tus ganas de follar, tus impulsos de chimpancé, tu involución) ante nadie que no haya mostrado interés por ellos. Tu libertad de Neandertal acaba donde empieza la mía.

Básicamente, querido Eslabón Perdido, lo que deberías hacer es: NADA.

Termino esta misiva deseando de todo corazón que te quedes en tu cueva hasta que aprendas a comportarte en sociedad y no volver a encontrarme jamás con uno de tu especie. La cosa está difícil, pero por soñar que no quede.

   

100 gilipolleces que me hacen INMENSAMENTE FELIZ.

No teníamos bastante con esta lista, ni con esta, ni con esta otra.

76. Escuchar aquella canción, que me recuerda al viaje a Londres con mi amiga, antes de que se fuera a vivir a Nueva York, antes de los hijos, de las responsabilidades, de que la vida fuera una cosa seria.

77. Que en este verano tan asquerosamente caluroso, caiga una tormenta brutal y estemos, de repente, a veinte grados. Ponerme manga larga para desayunar en la terraza, disfrutar del simple hecho de no sudar cual cerda todo el día.

78. Ver la puesta de sol en mi isla mientras escucho la banda sonora de “La La Land”. Escucharla en contadas ocasiones, porque es como esas joyas que no puedes ponerte cada día. Brilla demasiado.

79. “La La Land”: porque me lleva a un sitio que debería visitar más a menudo, porque me da de hostias y me recuerda que aquí hemos venido para soñar. Porque, como los buenos amores, me hipnotiza por algo que soy incapaz de explicar.

80. El cuarto capítulo de la séptima temporada de “Juego de Tronos”. No quiero hacer spoiler, pero…

81. Esta foto:

82. Rafaella Carrá: su pelo, sus bailes, sus canciones, su lycra.

83. Las manipedis de “The Red Door”, dos horas y media de placer sublime.

84. Directamente relacionado con el anterior, el tono “Laquered up” de Essie. Es el rojo PERFECTO.

85. El cine al aire libre, mejor si es una peli antigua. Especial mención a esas maravillas que vi en Nueva York: “La Historia Interminable” y “Cocktail”. Enamorarme, otra vez, de Tom. Querer ser esa rubia bajo la cascada mientras la empotra viva.

86. Morrearte, tras mucho tiempo, con un antiguo amante que besaba que te mueres.

87. Las complicidad con los amiguis de siempre. Volver a mi colegio, tirarme de culo por las escaleras del gimnasio como cuando tenía ocho años. Que la monja me grite “¡Aguirre, por las escaleras no!” y luego se descojone.

88. Llevar aún a mi Nueva York pegadita a la piel. Las risas con mis Golondrinas, los cafés en pijama por las calles de Manhattan.

89. El exfoliante de Rituals con olor a Hammam. Frotármelo como una loca antes de ir a dormir.

90. Hacerme un tatuaje nuevo (que está al caer).

91. La voz de John Legend. Esa caja de resonancia que tiene entre pecho y espalda. QUÉ BESTIA.

92. Notar que un artículo se me sale por la garganta, vomitarlo frente a la pantalla. Escribir sin prisa.

93. Volver a Barcelona, la ciudad donde nací, para firmar libros en Sant Jordi. Llorar y reír al mismo tiempo. Besuquear a conocidos y desconocidos. Reencontrarme, encontrarme. Que me digáis, en directo, que os alegro el día. Es IMPOSIBLE ser más feliz. GRACIAS.

94. Leer la leyenda del hilo rojo y saber que es verdad de la buena. Sentir, como si estuvieran a mi lado, a los que están al otro extremo.

95. La ilusión. En general. Por lo más nimio.

96. Las crepes con Nocilla. Y con plátano. Y con leche condensada.

97. El sonido de una trompeta.

98. El Superman de Christopher Reeve.

99. Comprar un pijama nuevo, de algodón, cómodo a más no poder. Mono, monísimo.

100. Saber que esta lista cada vez es más larga, que me quedan muchas cosas que hacer por primera vez. Que nunca es tarde y que la dicha siempre es buena.

 

Carta a mi yo del futuro.

Acabo de leer que un hombre enterró en Sidney una especie de cápsula del tiempo hace veinte años y la han encontrado hace nada. En ella, jugaba a las predicciones y el tío no se ha equivocado demasiado. Si es que a veces no es tan difícil adivinar lo que va a pasar sabiendo lo que ya ha pasado.

Y se me ha ocurrido escribirle una cartita a mi yo del 2037 y entonces volver a leerla a ver si soy tan lista como el australiano. En lugar de enterrarla, la dejaré aquí y así la comparto con vosotros, que me parece mucho más divertido. Vamos allá:

Querida Yo del futuro:

Ahora eres Fabulosa, pero cuando abras esta carta, NI TE CUENTO. 

Me apuesto lo que quieras a que ya sabes identificar tu estado de ánimo a la perfección. Has sustituido el “Estoy hasta las pelotas de todo y de todos” por un sosegado “Me siento frustrada” o “Me has decepcionado”. Ni que decir tiene que es imposible que sueltes esas lindezas sin ir perfectamente peinada y con la manipedi impoluta. Sí, es difícil de imaginar ahora, pero sé que lo vas a conseguir.

Has aprendido a adaptarte, ya no te das cabezazos contra la pared a todas horas. Eres una balsa de aceite, el junco del “Dúo Dinámico”, el agua de Bruce Lee.

Al cumplir los cuarenta y cinco te sentiste demasiado mayor, el óvalo facial se te iba a tomar por el jander, las canas se te multiplicaron por diez, te entraron las prisas por vivir, llegabas tarde a tantos sitios que no sabías ni cuales eran… Ahora has cumplido sesenta y cinco, te quedan tres pelos castaños, no tienes prisa alguna porque las metas son cosa de tu imaginación. Ah, y te ves GUAPÉRRIMA.

Sabes, desde hace ya un tiempo, cuales son tus puntos fuertes y débiles, TIENES CLARO QUIÉN ERES, así que no te metes en camisa de once varas. Lo mismo te pasa con las personas y las situaciones: no te acercas a las que te sacan de quicio. Porque no hay sensación más asquerosa que la de “Pero sí lo sabía, qué coño hago AQUÍ y con ESTE”. Los tóxicos ya NI SE TE ACERCAN y dejan mogollón de tiempo para todos los maravillosos que te rodean, que son MUCHOS.

Eres empática, lo cual no quiere decir que tengas que aguantar mochilas ajenas. Comprender no es cargar.

Dices que NO en plan salvaje a todo lo que te aparta de tu camino. Gritas SÍ a eso que te sitúa en tu frecuencia y te hace feliz. Das GRACIAS porque eres una tía muy afortunada: estás sana, tus hijos son lo más, tienes unos amigos cojonudos, te dedicas a lo que te gusta. Estás en forma porque haces deporte y, aleluya, comes como Dios manda. Has escrito varias novelas de éxito y tus lectoras siguen descojonadas con tus artículos. Te quieres, te cuidas. No se puede pedir más.

Has desterrado de tu vocabulario y de tu sesera la palabra Rencor. Porque te has dado cuenta de que de nada sirve tener a nadie entre ceja y ceja. No les jodes a ellos, sino a ti. Y de qué manera.

También te has perdonado a ti misma por lo pasado y por lo futuro, porque si no dejas que nadie te juzgue, qué coño hacías juzgándote tú. Ya no pierdes el tiempo con esas conversaciones mentales ridículas sobre lo que te amarga la vida. Las sustituyes por ideas que te ilusionan, porque la ilusión es lo que diferencia a los vivos de los supervivientes.

Llevas muchas cagadas a tus espaldas y has aprendido de ellas. Que no te afecten no quiere decir que las olvides, porque las hostias contra la misma piedra una vez, y otra y OTRA, son la mierda. Con una nos basta.

Desconectas el teléfono, apagas el ordenador, miras al techo durante horas sin sentirte mal. He comido demasiado. Tengo la casa desordenada. He gastado demasiado. A la mierda. Ni te acuerdas de lo que significa esa palabra: la maldita CULPA.

La de energía que ahorras y todo lo que haces con ella, madredelamorhermoso

Que seas Fabulosa no quiere decir, ni mucho menos, que seas perfecta, ni falta que hace. Por fin te has dado cuenta. Ya no te comparas con NADIE, ni te sientes fracasada. Ya no te rindes, ya no te arrastras, solo fluyes a tutiplén. Y, ojo, que es que fluyes en TODO. Aquellas sequías sexuales de la cuarentena han quedado en el pasado: te ponen fina, FILIPINA. Ah, por supuesto no te marean desde hace décadas. Ay, si lo hubieras sabido antes…

Tus hijos son personas cabales y, sobre todo, FELICES. Tanto esfuerzo valió la pena. Quizás hubo mucha bronca innecesaria. O no, quién sabe. Lo hecho, hecho está. Lo más importante que les has enseñado es que nadie vivirá su vida por ellos, que su libertad es suya y de nadie más, que el respeto a los demás y a uno mismo está por encima de todo. Lo mejor no está siempre más arriba, ni pesa más, ni es más rápido, pero sí está siempre por llegar. Y ahora sin más, querida Yo del futuro, me despido de ti deseándote una (incluso más) feliz existencia.  Nos vemos muy pronto. Firmado: Tu Yo del 2017.  
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.”
Eleanor Roosevelt
                               

Juego de Tronos nos tiene loquis (y con razón)

Que se pare el mundo, que mañana se estrena la séptima temporada de “Juego de Tronos”. Me río yo de la ansiedad con la que esperaba a los Reyes Magos. Esto son ganas, PERO DE LAS DE VERDAD.

Y que conste que yo me resistía al enganche.

  • Primer capítulo: pfffff, ¿y este rollo guerra y que todo el mundo la palma? No entiendo yo el entusiasmo.
  • Segundo capítulo: a ver, que no está mal, pero tampoco es pa tanto.
  • Tercer capítulo: oye, que tiene su qué…

Cuarto capítulo: por Dios que me esguincen los dos tobillos y el pescuezo si es necesario para quedarme en el sofá las noventa y ocho horas que dura una temporada.

Porque “Juego de Tronos” es como las patatas fritas de bolsa, que algo de droga llevarán cuando no puedes parar de zampártelas.

Cómo a mí no me gusta depender de nada sin tener claro por qué me pasa, he diseccionado las razones de esta locurita que nos ha entrado por la serie:

1.Es más que evidente: LOS BUENORROS. No son tontos, no, los de casting. He escrito largo y tendido sobre los guapos, los empotradores, los tíos buenos y la necesidad imperiosa de que los machotes de “Juego de Tronos” se despeloten MUCHO MÁS. Además, los hay para todos los gustos: Jon Snow, el sensible; Jaime Lanister, el malo; Daario Naharis, el leal; Khal Drogo, el salvaje y así hasta el infinito y más allá. Seamos sinceras: sin tanto tío hermoso, pasaríamos de los de Invernalia, y a lo loco, además.

2. Lo inesperado: y venga giros y más giros que te dejan con la boca abierta. Que no seré yo la que se ponga a hacer spoiler, pero que no siempre ganen los buenos y que la palme tó quisqui tiene su qué. Nada nos mola más que ese susto, esa incredulidad cuando matan al que era el prota hasta ahora. También nos jode cuando el muerto era el más Empotrador de los Empotradores, he de decir. Yo sigo esperando la resurrección milagrosa de Drogo. Ahí lo dejo.

3. Se hartan a fornicar: y como somos unas cochinonas, pues nos mola. No os riáis, no, que es verdad de la buena. Solo hay que observar el éxito de “Outlander”, “Vikings” y tantas otras que presentan la misma fórmula: buenorro + fornicatio masiva.

4. Los personajes son la bomba: o sea, el guión es la bomba. Son complicados, creíbles y sorprendentes. Y lo mejor, hay mujeres poderosas, que no dependen de los protas masculinos, como Cersei, la super-vengativa Sansa o mi favorita: la Madre de Dragones. Tan chiquitina, con esa cara de buena y la que lía.

Y creo que estas razones son más que suficientes para justificar la Tronomanía. Yo, por mi parte, voy a aprovechar que me hallo en la Gran Manzana y por aquí la lían parda para este tipo de acontecimientos. Me voy a buscar un bar bien grande para compartir mi adicción con muchos majaras neoyorquinos y a ver si, con suerte, me encuentro con algún Stark.

Por desear que no quede.

La Fabulosa, ¿nace o se hace?

Ya tenemos claro lo que es ser Fabulosa y, si no es así, aquí la definición completa.

Ser Fabulosa es sacudirse la culpa, deshacerse de los estereotipos, saberse imperfecta y llevarlo maravillosamente, desmelenarse, buscar la felicidad, satisfacer tus necesidades y no siempre las de los demás, pegar un hostión en la mesa de vez en cuando, no dar explicaciones a quien no procede, y así podría seguir hasta la eternidad. Porque las cualidades de las Fabulosas son infinitas, gigantescas, demoledoras.

La Fabulosa, resumiendo, se quiere. MOGOLLÓN.

Ahora que tenemos el concepto claro, vayamos al siguiente punto: las Fabulosas, ¿nacemos o nos hacemos?

La duda surgió el sábado, en una reunión piscinera entre amigas recientes:

-Oye, que he cotilleado tu Facebook y tus coleguis son MUY Fabulosas.

-Sí, y no lo eran tanto, pero la vida las ha pegado un buen meneíto y ahí están, Fabulosas perdidas.

Me quedé yo meditabunda tras esa afirmación. Pensé en la que me lo contaba (que si es más divina, la palma), en mis amigas, en mí misma, en tantas mujeres que, ante la disyuntiva de dejarse llevar o tomar las riendas de su vida, eligieron lo segundo. Se tiraron de cabeza sobre las complicaciones, la opción menos cómoda, la lucha. Tras algún tiempo sumidas en una vorágine que no habían elegido, ahora son “Fabulosas perdidas”.

Formulé la pregunta en Instagram, a ver qué opinabais,  y la respuesta fue unánime: las hay que nacen Fabulosas y lo saben desde siempre, las hay que se enteran tarde. A otras hay que agarrarlas de la solapa y zarandearlas de lo lindo, a ver si espabilan. Pero siempre puedes hacerte Fabulosa. NUNCA ES TARDE. Es más, cuanto mayor eres, más Fabulosa te sientes, O DEBERÍAS.

Quizás estás leyendo esto y pienses “Yo, de Fabulosa, NADA”. Pues para ti este artículo, querida, porque las otras ya están en ello. Tenlo claro, hay que esforzarse: el Fabulosismo no cae del cielo. Es necesario buscarlo y, a veces, te lo pone difícil, el muy cabrón. Se esconde tras toneladas de trabajo, de preocupaciones, de decepciones, de hostias a tu autoestima, de un agotamiento tan grande que no te deja espacio mental para mirarte y, sobre todo, PARA VERTE. ¿Cuántas veces has pensado “Mira que esta tía es Fabulosa, tan lista, tan mona, tan capaz”? Y ¿cuándo fue la última vez que pensaste lo mismo de la que ves en el espejo?

PUES ESO. Al tajo, bonita.

Porque la edad conlleva putadas tales como la flaccidez, pero debería aportarte una dosis de pasotismo maravilloso. La experiencia, los tropezones con las mismas piedras, una, dos, y quinientas diez veces acaban enseñándote que, como no te cuides tú, lo llevas clarinete, chata. Que nada es TAN grave. Esto va, no de aptitud, sino de ACTITUD. Va de recordar que EXISTES, QUE ERES IMPORTANTE, que hay que currarse la chispa de la vida porque la que venía de serie se acabó hace tiempo. Que tienes que hacer cosas por primera vez y que cada día te espera la ilusión por algo que solo tú puedes imaginar. Algunas ideas (por si andas escasa):

  • Píntate los morros de rojo, disimulan las ojeras (te lo digo yo).
  • Cómprate ese perfume que te encanta, que te da ganas de comerte a ti misma.
  • Escucha aquella canción de tus dieciocho, que te recuerda que volverás a bailar como las locas, cuando tú así lo decidas.
  • Baila como las locas.
  • Vete al cine, sola o acompañada, qué más da.
  • Cómete ese helado que te gusta.
  • Date una ducha larga, con ese jabón que huele a gloria.
  • Cómprate unas bragas preciosas, tu toto bien lo vale.
  • Camina mucho, piensa en ti mientras lo haces. En nadie más. EN. NADIE. MÁS.

Para bien o para mal, el sentirte ser Fabulosa depende de ti, querida mía. Así que empieza ya. HOY.

Recuerda que “Algún día” no es un día de la semana, que la vida es de los valientes y que más vale arrepentirse de lo hecho.

Ya me cuentas.

Queridos Macron: cómo moláis.

Emmanuel y Brigitte molan. Molan MUCHO.

Eso es lo que pensé en cuanto supe de esta pareja. Pero, por raro que pueda parecer, algunos les han puesto a caer de un burro. Repasemos:

  • Emmanuel es gay y su matrimonio es un montaje: Hombre, pues claro. Y, además, lo tenía planeado a los quince añitos y optó por lo más sencillito: hacer cómplice a su profe de teatro, casada y con tres criaturas. Seño, seño, cásese conmigo que en unos años seré Le Presidén y no quiero que me llamen bujarraPa qué buscarse una chati florero que no tuviera nada mejor que hacer. Si es que, aparte de marica, Emmanuel es de lo menos pragmático.

  • Son una pareja EXTRAÑA: no hay más que verlos.

  • Vaya cabrona que dejó al marido por uno más joven: hay que ver, que hijaputa. Esta no sabía que hay una ley no escrita según la cual tienes que pasar la vida al ladito de tu marido por más infeliz que seas. Por supuesto, el hecho de que su nueva pareja fuera un tío guapo y de carnes prietas es una agravante. Pecadora, guarra, depravada.

  • Brigitte es una asaltacunas: O sea, según Google, es una “persona que entabla una relación amorosa con alguien mucho más joven”. Ah, pues entonces sí, igualita que Johnny Depp, Michael Douglas, Richard Gere, Julio Iglesias, Jason Satham, Alec Baldwin, Sean Penn, Tom Cruise… Y podría seguir nombrado machotes hasta terminar este post y el siguiente. Y el siguiente también. Lo que pasa, QUE NO OS ENTERÁIS, es que, cuando el mayor es el tío, el tiempo se encoge. No me preguntéis cómo, que soy de letras. 

  • Emmanuel no está bien de la cabeza: hombre, por Dios, ¿quién se va a enamorar de alguien TAN mayor? Eso de quedarse prendado de la inteligencia y la personalidad solo le pasa a las tías. Y, si no, que se lo pregunten a Melania Trump.

Afortunadamente, también se ha dicho mucho alabándolos. Yo me sumo por varias razones:

Tienen química, pero a lo loco.

Chorrean complicidad.

Por separado son Fabulosos, pero juntos NI TE CUENTO. Qué clase, qué elegancia, QUÉ TODO.

Porque, problablemente sin pretenderlo, nos dan unas cuantas lecciones: el amor no tiene edad, hay vida más allá de los cuarenta,  si vives pensando en el “Qué dirán” no serás feliz JAMÁS.

Y, finalmente, porque se pasan los estereotipos por salva sea la parte y, solo por eso, merecen toda mi admiración. Si alguien conoce al que se inventó esos patrones que nos esclavizan, nos machacan y nos joden la vida a tantos, mandadle recuerdos de parte de Emmanuel y Brigitte.

Y de la mía, ya de paso.

 

10 razones para ser soltera (si es que tiene que haber alguna).

Que conste, la única razón válida e indispensable para ser soltera y para cualquier cosa de la vida que solamente te afecte a ti, es que te salga de las narices. Pero, a pesar de que yo no soy de dar muchas explicaciones, hoy estoy de buenas y voy a satisfacer la curiosidad de esos seres para los que mi condición de soltera es algo que precisa justificaciones varias.

  1. Me gusta dormir (y despertarme) sola.
  2. Me gusta viajar sola.
  3. Me gusta ir al cine sola.

(Vale, algunas diréis que se puede tener pareja y cumplir los tres primeros puntos. YA, YA…)

4. No me gusta dar explicaciones sobre lo que hago o dejo de hacer. Sobre nada. Nunca.

(Por si lo estáis pensando: ser una desconsiderada, en mi opinión, consistiría en comprometerme y luego ir a mi bola. Lo que yo hago es ir a mi bola. Sin más.)

5. Me siento una naranja entera. A veces hasta dos naranjas. O tres.

6. No creo que le falte nada a  mi vida. Quizás, si acaso, le sobra. Tengo una existencia rebosante.

7. Si mi maternidad me lo permite, hago lo que me sale del toto a tiempo real. Me voy al cine AHORA. Me voy a dormir AHORA. Me voy a Barcelona AHORA. RIGHT NOW. Sin pedir permiso, sin anunciarlo, sin tan siquiera pensarlo dos veces. Directamente relacionada con el número 4.

8. Mi necesidad de afecto está más que cubierta. Me siento muy, muy, MUY querida por mi familia y mis amigos. (Y apreciada por mis lectoras Fabulosas).

9. No es que no le tenga miedo a la soledad, es que la adoro. A LO BESTIA. (Por si no quedaba claro con el 1, el 2 y el 3).

10. No soy alérgica al compromiso. No es que no sepa. No es que no pueda. Es que no QUIERO comprometerme. 

Y habrá quien me diga que no hable mucho, que cualquier día me echo novio, que eso no lo elige una (Ay, que me da, QUE ME DA), o qué voy a hacer “de mayor”, yo SOLA.

Y contesto (mentalmente porque de palabra ni se me ocurre) que me dicen lo mismo desde hace treinta años, que si no lo elijo yo quién cojones lo va a hacer, y que hace tiempo que soy adulta pero nunca seré lo suficientemente mayor como para decidir cómo vivo empujada por lo que temo, en lugar de hacerlo por lo que deseo.

Ah, y que tú haz lo que quieras con tu vida, que de la mía ya me encargo yo. Estupendamente, además.

   

Queridos Reyes Majos del 2017…

Queridos Reyes Majos, antes meterme en faena quiero comentaros lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando os escribí mi carta del 2016 y ha pasado ya un año. MUY FUERTE.

Lo primero, hablemos un poco sobre mis regalos del año pasado, que eran básicamente:

TENER SEXO DEL BUENO.

Pues hijos míos, no me habéis traído ni del bueno, ni del malo. Ni tíos guarros guarrísimos, ni limpios limpísimos. Vuestras razones tendréis.

PERDER TRES KILOS.

Ahí siguen y juraría que les acompañan un par más. Es verdad que no me he portado bien en lo que se refiere al zampar y que tampoco le he dado mucho al deporte, pero la intención era que lo consiguierais a base de VUESTRA magia, no de MI sacrificio.

Lo más importate: os pedí que mi amiga se divorciara del del hijo de la gr******** p***, pedazo de c****.

Y LO HA HECHO. ALELUYA. GRACIAS. GLORIA AL CIELO.

Por lo demás, mis hijos siguen con sus notas de mierda y mi mejor amigo aún vive en Pernambuco. Repito peticiones, a ver si este año caen.

Os pedí inspiración y talento para escribir, y ovarios para seguir yendo contra corriente.

Lo del talento es MUY discutible, pero oye que entre mis amiguis y lo raro que está el mundo, tengo inspiración para dar y regalar.  Y nado contra la corriente, contra el viento, contra la marea y contra lo que haga falta. GRACIAS.

Reyes Majos de mis amores, ni siguiera me atreví a pedíroslo, pero os cuento que he escrito un libro, que se llama “ALGÚN DÍA no es un día de la semana”, que a mí me gusta mucho y que el 14 de febrero estará en las estanterías de los apellidos que empiezan por “A”. Sí, en San Valentín, porque es un libro para los enamorados, PERO DE SÍ MISMOS, que deberíamos ser todos.

Por favor, haced que les guste a los lectores, que firme en muchos sitios. Quiero ver las caras de estos seres tan majos que me saludan a través de la pantalla.

Para ahorrar tiempo y tinta podéis apuntar para todos los años venideros lo de escribir un libro, y una obra de teatro, y una serie, y una peli. Y varias canciones. Ah, también quiero ser columnista en alguna revista, o en un diario. O en una revista y un diario. Sois magos, sacad tiempo de donde no lo hay.

Sigo queriendo perder los kilos sobrantes y os cambio lo del sexo por unos buenos morreos, de esos que marean, que tienen el ritmo adecuado, que te dejan la barbilla desollada. 

Os comento que me haría MUCHÍSIMA ilusión conocer a Milena Busquets, soy MUY fans. Y a Elvira Lindo. Y a Benedict Cumberbatch, para ver esas manos de cerca y escuchar esa voz en directo.

Mandadme de viaje a Londres, a Nueva York POR SUPUESTO, a Escocia, a París y a Méjico.

Compradme entradas para los conciertos de Vanesa Martín,  Emelí Sandé,  Ana Carolina,  Mi Amiga y  Mi Cantante.

Organizadme, por favor os lo pido, más cenas con los compis del cole.

He llegado a una edad en la que me gusta que mi pasado forme parte de mi presente. Quiero recordar quién fui para entender lo que soy. ME ENCANTA estar con esos que me conocen de verdad, porque entonces no había filtros. Porque nunca pasaré con nadie tanto tiempo como pasé con ellos. Porque, con mis amiguis de las monjas, vuelvo a tener catorce años. O diez. O cinco.

Dadme risas de las de no poder parar, de las de dolor de barriga y chorrito de pis. 

Llevadme al karaoke y, por favor, nunca me devolváis la vergüenza que perdí allá por el 92.

Voy acabando, queridos Majos, que yo lo de los límites nunca lo tuve muy claro. Solo una última cosa: proveedme de primeras veces, de ilusión, de ganas.

Y de salud.

Y de muchos cosméticos.

Y de calma, sosiego, momentos zen.

Y de bailes con música de los 80.

Y de…

Vale, ya paro.

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Sol Aguirre · 43679559Y · Fernando VI, 11, 2ºC Madrid 28004 · 911 83 63 03 · Diseño tactic [studio]

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