Por amor al arte.
Este no va a ser un artículo hilarante, ni ácido, ni reivindicativo. Hoy no analizaré esas conductas masculinas que no nos hacen tanta gracia, no caricaturizaré la maternidad.
Hoy cambio de tercio, amichis. Hoy escribo para dar LAS GRACIAS.
Le doy gracias a la vida, que me ha dado tanto. Me ha dado amigos que confían en mí (incomprensiblemente).
Hoy, 1 de abril, se representan los últimos pases de “Yo Tinder, tú Tinder, él Tinder”, esa obra de microteatro que escribí hace unos meses, muerta de la risa por lo que me contaban mis coleguis sobre la App. Ese texto se podía haber quedado en un cajón, pero no fue así.
Le envié el micro-guión sin previo aviso a mi adorado Manuel M. Velasco, con el que coescribí otra micro-obra el año pasado. Le pedí que lo dirigiera y ÉL DIJO SÍ inmediatamente, a pesar de que va liadísimo, de que con esto millonarios no nos hacemos, de que es amor al arte PERO DE VERDAD.
Lo mismo pasó con (mi) Lidia San José, solo que ella aceptó sin tan siquiera leer el texto.
Ole su toto.
Y ole también el toto de Eva Ugarte, nuestra otra actriz, que hizo exactamente lo mismo con la agravante de que no me conocía DE NADA, solo había leído un post en estas Claves: “Ni puta, ni monja”. Parece que le gustó. MENOS MAL.
Los tres confiaron en mí y se lo agradezco desde el fondo de mis entresijos.
Ellos, pedazo de profesionales que chorrean experiencia, van y se suben conmigo (que hace tres días que escribo) a ese vagón en el que dos desquiciadas graciosísimas elucubran sobre las bondades de Tinder.
Y lo que nos hemos reído…
Gracias, Mis Amores, por tomároslo tan en serio, por ser tan cómplices, por hacer que el público se descojone en cada pase.
Hoy termina esta micro-aventura y voy a echar mucho de menos a Lucía y Ana, esas pasajeras que yo imaginé y que Lidia, Eva y Manu, han mejorado hasta el infinito Y MÁS ALLÁ.
En un mes os estoy enviando otra micro – majaronería. Estáis avisados.
