Etiqueta: Merlí:Sapere Aude

Pol Rubio, te queremos.

Quien a estas alturas no hay visto “Merlí” no sé qué está haciendo, de verdad. Esta serie catalana, en la que un profe de filosofía alecciona a sus alumnos sobre la realidad de la vida y la necesidad de permanecer fiel a uno mismo por encima de todas las cosas, fue un gran éxito el año pasado. Tanto que Netflix decidió que fuera suya.

Qué morriña más grande me entró cuando empecé a verla. Mi Barcelona, mis años de juventud, lo bonito que era que te gustara un chaval un día y otro a la mañana siguiente, que toda tu preocupación vital fuera aprobar y salir. Salir y aprobar, mejor dicho. No me cuesta nada trasladarme a mi casa del Eixample, viajar en el espacio y el tiempo. Allí estaba yo, en mi cole de la Bonanova, con esos compis con los que ahora me junto una vez al año para rememorar aquellos pasillos ruidosos, los profes que poco tenían que ver con ese Merlí revolucionario. Me creí todo lo que cuenta la serie, entre otras cosas porque el guion es una maravilla, los personajes coherentes, el mensaje claro e inspirador.

Otra ventaja de lo de trasladarme con facilidad a mis años mozos es que, como vuelvo a mis diecisiete, me encantan los protagonistas: tan guapos, tan libres, con esa frescura que desaparece pasados los veinticinco. De entrada me deslumbró Bruno, el hijo de Merlí. Qué bellezón, amiguis. A su lado, el amigo Pol Rubio, gamberrete a tope, me parecía gracioso y poco más. Hasta que va avanzando la trama, la serie, el instituto, los exámenes y me encontré babeando por el rubio golfo que tiene, en realidad, la mitad de mis años, o sea, veintitrés. Soy una pecadora, una gorrina, lo admito. #ViejaVerdeDignidad

 

No seré la única a la que se le afilaron los colmillos con Pol cuando los productores decidieron crear un spin-off en el que el chaval es el prota absoluto. “Merlí: Sapere aude” se llama la cosa. Esta vez la podemos ver en Movistar Plus. Aquí narran la entrada en la universidad de este ser de mirada felina. El primer plano del primer capítulo es el culamen glorioso del púber. Así no hay quien apague la tele, claro. Qué listos son.

Según lo que he leído, se supone que, en este nuevo proyecto, Pol y sus congéneres están explorando su sexualidad porque no tienen nada claro. Yo, que me zampé el spin-off en dos tardes, diría que lo tienen clarísimo: yo me cepillo todo lo que se mueva y ancha es Castilla. No veo duda por ningún lado y, si no, que se lo pregunten a un subrayador fosforito que Pol encuentra tirado por ahí.

También le podemos preguntar a mi amiga Marina Campos, que no tenía ni idea de quien era Carlos Cuevas (Pol en la ficción) hasta que yo le comenté sobre el joven bigardo. Dos semanas después era escogida para participar en una preciosa escena de garage y empotramiento masivo contra alicatado. Marina es, desde ya, mi objeto de culto, mi ídola, mi modelo de vida.

Sinceramente, me gustó más la primera parte. Echo de menos al profe sabio y pasota, el sabor a melancolía que me dejaba cada capítulo, sentirme como los alumnos cuando en realidad tengo la edad de los profes. Me daban muchas ganas de que mis hijos tuvieran más años para que la vieran y entendieran de qué iban esas lecciones que no son lecciones, sino amor a la libertad. Merlí nos contaba que muchas veces somos esclavos de nosotros mismos, aunque culpemos a los demás de nuestros yugos. Para bien y para mal la vida solo va hacia adelante, por mucho que nos joda a veces. Decidir nuestro destino casi nunca tiene que ver con el azar y casi siempre con echarle ovarios.

Me gustó más la primera parte, pero os diría que veáis también la segunda si no lo habéis hecho. No siempre hemos de ser profundos  y trascendentaes. Pol Rubio bien vale dos tardes de sofá.

   

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Sol Aguirre · 43679559Y · Fernando VI, 11, 2ºC Madrid 28004 · 911 83 63 03 · Diseño tactic [studio]

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