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A la vida le pido vivirla

Sol Aguirre

lunes, 21 septiembre
Confieso. He vuelto a hacer trampa. Este texto que vas a leer lo escribí el 24 de diciembre del 2020. Dirás: coño, estábamos en plena pandemia. Afirmativo. Te preguntarás: pero tía, ¿por qué vuelves a publicar un texto que escribiste en unos momentos tan diferentes de nuestras vidas? ¿Para qué nos va a servir? Todo son preguntas razonables, y te voy a responder. Hoy he llegado de casualidad a este texto, revisando mi web. Es un texto, efectivamente, escrito en un momento en el que teníamos muy poquita libertad, con lo que yo amo la libertad. Ya sabemos que valoramos las cosas mucho más cuando no las tenemos. Y en esos momentos le pedí a la vida un montón de cosas a las que a lo mejor antes no les daba demasiada importancia, porque pensaba que iban a estar ahí para siempre. Y me prometí no volver a infravalorarlas, disfrutarlas como una loca en cuanto pudiera. Hoy, releyendo este texto, me he aplaudido, porque en los próximos meses voy a honrar todos esos deseos, esa libertad. Las inmensas posibilidades que la vida me ofrece. Qué privilegiada soy. Lo comparto contigo por si leyéndome decides aplaudirte. O por si leyéndome te das cuenta de que quizás estás dando mucho por sentado y que quizás ya es hora de empezar a moverse, a disfrutar de lo que nunca sabemos cuando va a desaparecer. Espero que te guste. Vamos allá: Son las siete de la mañana del veinticuatro de diciembre. Para cuando leáis estas líneas, la cena de esta noche ya habrá sido. De alguna manera, estoy viajando en el tiempo. Solo espero que la prudencia generalizada haya reinado por encima de la majaronería de algunos. Que unos pocos no nos hayan jodido lo que nos queda de año, y me refiero al 2021, porque el 2020 ya está listo. Que no nos hayan robado aún más libertad haciendo un uso indebido de la suya. Y es que en estos días en los que los deseos y los propósitos están de moda yo a la vida solo le pido disfrutarla como si no hubiera un mañana, porque no sé si lo habrá, aunque me gustaría. Le pido volar en un avión durante ocho horas seguidas, contemplar el océano inmenso que ahora se me antoja más inmenso todavía porque así es lo inalcanzable. Prometo aquí que el día en el que abran la veda, iré al aeropuerto más cercano y cumpliré mi sueño de irme con lo puesto al primer destino que se me antoje. Ahora sé que no debo dejar para mañana lo que pueda hacer en un hoy sin coronavirus. Le pido asistir a conciertos multitudinarios donde lo único que se perciba sea el amor por la música y la emoción, nada más. El tembleque previo a que el artista salga al escenario, la histeria cuando lo hace. La mezcla de alegría y tristeza inmensa cuando termina y te agarras a cada nota escuchada. A la vida le pido volver al pueblo de la Costa Brava en el que crecí para celebrar una cena multitudinaria con mis amigas del cole, tener doce años de nuevo, reír hasta el llanto recordando por enésima vez las mismas anécdotas, enumerar a todos los niños que nos gustaron, con los que algunas se casaron. A los que yo ya ni recuerdo porque yo a la vida le pedí muchas vueltas y de momento me las ha concedido. Abrazar a mis compis de pupitre hasta espachurrarlas, bailar toda la noche, ir a desayunar a la churrería que está al lado del colegio y luego dormir todas juntas, como en nuestros cumpleaños de los años ochenta. Le pido paseos por Central Park, por Bryant Park y por todos los Parks de Nueva York, y muchos brunch en el Meatpacking, y quedar, como siempre, con mis chicas neoyorquinas en el Barnes & Noble de Union Square para sentarnos en cualquier banco a divagar y a querernos mucho. Le pido desayunos en la Roma de mi adorada Ciudad de México, amaneceres con vistas al Popocatépetl, abrazada a mi amigo querido. Que la vida me devuelva a la locura de las trajineras de Xochimilco, esas barcazas habitadas por gente que canta rancheras, come tacos y bebe tequila. Que se chocan las unas con las otras en el caos mexicano de colorines que tanto me entusiasma. Le pido paz, que no aburrimiento. Paz de la que te inunda y te hace brillar, de la que te cuenta que todo está como tú quieres que esté, de la que te da seguridad, coherencia, armonía. De la que te llena de aire los pulmones y el alma. De la que construye una cortina de acero entre los que pretenden invadirte y lo que tú no estás dispuesto a entregar. Le pido tardes de lectura en algún sitio con mucha madera y chimenea, de té caliente y manta de pelo suave. De vela con olor a canela y lluvia por la ventana. Si es nieve para qué queremos más. Porque también le pido montaña, mucha montaña y también mucho mar de aguas cristalinas. Mucho de todo, no para compensar estos tiempos raros, sino porque me da la gana. Le pido risa, ilusión, sabiduría y honestidad con uno mismo, que es la única importante. Y salud a chorros, de mente y de cuerpo, la una sin la otra no existen. Sin ambas ninguno de los otros deseos es posible. Le pido a la vida que nos riegue de solidaridad y prudencia. Yo a la vida solo le pido vivirla.
  1. D. Hay algo que me ha emocionado especialmente al releer este texto casi seis años después.
Cuando lo escribí soñaba con conciertos multitudinarios. Cuando tú estés leyendo esto, yo ya habré visto a Bon Jovi en Londres. Hace dos meses bailaba en un estadio al ritmo de Bruno Mars. Soñaba con volver a Nueva York. Tengo un billete para pasar Acción de Gracias allí con mi amiga amada. Pedía montaña, chimenea, silencio, paz. Y resulta que esa montaña, ese silencio y esa chimenea forman parte ahora del lugar en el que vivo. Y no, no he conseguido todo lo que me he propuesto. Ni creo que podamos controlar la vida hasta ese punto. Pero sí creo profundamente que aumentamos muchísimo las posibilidades de que nos pase lo que queremos que nos pase cuando dejamos de arrastrarnos en la inercia y empezamos a preguntarnos cómo queremos vivir. Y después hacemos algo todavía más importante: organizamos nuestra vida alrededor de la respuesta. Precisamente de eso trata PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR, la formación cuyas inscripciones ya están abiertas y que cerraré el 22 de septiembre. Si compras antes de hoy, 19 de septiembre a medianoche, tienes un 30% de descuento. En lugar de pagar 129€, pagas 89€ Tendrás el contenido disponible de por vida. No voy a enseñarte a meter más cosas en tu agenda ni a exprimir mejor cada minuto. Voy a enseñarte todo lo que he aprendido durante estos últimos diez años para decidir qué quieres que ocupe tu vida y crear espacio para ello. A revisar qué es importante para ti. A elegir tus prioridades. A tomar decisiones. A dejar de regalar tiempo a cosas que no lo merecen. A anticiparte a lo que te roba energía. A organizarte teniendo en cuenta cómo eres, qué necesitas y, sobre todo, cómo quieres vivir. Porque podemos pedirle muchas cosas a la vida. Pero después tenemos que hacer nuestra parte. El 22 de septiembre cierro las inscripciones a PLANIFICA BIEN PARA VIVIR MEJOR. Esta noche sube el precio. Puedes inscribirte AQUÍ. Y quizá esta sea una buena pregunta para empezar: Si dentro de seis años releyeras lo que hoy quieres en tu vida, ¿cuántas de esas cosas te gustaría poder decir que ya forman parte de ella? Un abrazo, Sol Si has disfrutado estos Tres minutos, no te cortes, compártelo con alguien que también los vaya a disfrutar

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