«Yo soy así» y otras frases que nos joden la vida

Sol Aguirre
lunes, 02 noviembre
Hay una frase que me pone de los nervios. Bueno, varias, pero todas vienen a decir lo mismo: «Yo soy así».
Una persona muy cercana a mí me la repite constantemente. «Ya sabes cómo soy, que me da miedo todo», «yo es que sufro por cualquier cosa», «no puedo controlar mis pensamientos», «soy fatal para esto», «se me da mal lo otro», «yo nunca he sabido hacer esas cosas».
Y así, una detrás de otra, va enumerando sus limitaciones como si estuviera leyendo un contrato que firmó al nacer y del que no puede escapar.
Como si todas esas afirmaciones fueran sentencias perpetuas.
La Tierra es redonda, hoy se pondrá el Sol y YO SOY ASÍ.
Como si no pudiera aprender, mejorar, avanzar. Como si existiera un ente indeterminado que tuviera el poder sobre su vida, su mente, sus emociones y sus capacidades, y ella no tuviera absolutamente nada que decir al respecto.
No soporto esa idea. Me rebelo contra ella. Me enfado muchísimo.
Porque una cosa es reconocer cómo somos hoy, qué nos cuesta, qué nos da miedo, qué no sabemos hacer, y otra MUY diferente es decidir que vamos a seguir siendo así el resto de nuestra vida.
Te cuento una intimidad: a mis veinte empecé a tener unos ataques de ansiedad que no me dejaban ni salir de casa. Mi madre me llevó al psiquiatra, me recetó unos ansiolíticos que me ayudaban a medio funcionar (no he conocido nunca a nadie que tomara una dosis tan alta, heavy la cosa) y, en una de las revisiones le dije que yo quería saber qué me pasaba, por qué me pasaba y, sobre todo, qué podía hacer para dejar de sufrir de aquella manera. Ya por aquel entonces tenía esta obsesión por encontrar las causas de las cosas, por ir al fondo.
El señoro me escuchó y me dijo algo parecido a: «Nada, estás enferma de los nervios. Estas son las pastillas».
O sea, algo así como ERES ASÍ.
Ah no, amigo. AH, NO.
Me di media vuelta, miré a mi madre y le dije: «Vámonos de aquí».
No estaba dispuesta, NI DE LEJOS, a aceptar esa explicación.
Me había tocado ser una persona que sufría ataques de ansiedad enormes como pianos y mi única posibilidad fuera resignarme a vivir con ellos, sobreviviendo a base de pastillas (que están muy bien cuando tienen que ser, pero eso aligera el síntoma, no trabaja la causa).
Busqué un psicoterapeuta que me ayudara a entenderme, a bucear en lo que me estaba jodiendo la vida, a encontrar herramientas para recuperar el poder sobre todo lo que soy.
Tardé años. Me costó muchísimo. Pero lo conseguí.
Hoy me siento sólida, que no es lo mismo que invulnerable. Tengo miedos, preocupaciones, marrones que resolver, momentos profundamente dolorosos. Soy un ser humano. La diferencia entre mi Yo de veinte y mi Yo de ciencuentra y tres, entre otras muchas cosas, es que he aprendido a relacionarme con lo que pienso y siento a mi favor, no en mi contra. Para que me construya en lugar de destruirme.
A lo largo de mi vida he aprendido cosas de las que no sabía absolutamente nada. He adquirido capacidades que no tenía. He diseñado una vida que me parecía imposible no hace tantos años. He cambiado de opinión, de prioridades, de hábitos, de maneras de relacionarme conmigo misma y con el mundo.
Y menos mal.
Porque la vida es cambiar. Es aprender. Es descubrir de qué somos capaces. Es conquistar la vida que queremos y convertirnos en la persona que puede hacerla posible.
Es pagar el precio necesario por encontrar la calma.
A veces pronunciamos el «yo soy así» como una explicación, cuando la verdad es que se ha convertido en una excusa para no hacer nada.
«Es que yo soy muy insegura». Vale. ¿Y qué vas a hacer con esa inseguridad?
«Es que siempre pienso lo peor». De acuerdo. ¿Y si aprendieras a cuestionar esos pensamientos?
«Es que yo no sé poner límites». Estupendo, ya sabes algo que necesitas aprender.
«Es que yo no tengo fuerza de voluntad». ¿Y si dejaras de repetírtelo y empezaras a entrenarla?
Esto no va de negar nuestras dificultades ni de pensar que todo depende de nosotras. No es un “Si quieres, puedes”, ni de lejos.
Hay circunstancias que no elegimos, problemas que no podemos solucionar solas y limitaciones que tenemos que aceptar.
Y cambiar, mejorar, avanzar requiere de mucho tiempo, esfuerzo y a veces de ayuda.
Pero entre tener el poder sobre absolutamente todo y no tener poder sobre nada hay un territorio inmenso en el que podemos actuar
Y es ahí donde quiero vivir.
Porque hay una diferencia gigantesca entre decir «soy una persona miedosa» y decir «ahora mismo hay muchas cosas que me dan miedo, pero quiero aprender a gestionarlo».
La primera frase cierra una puerta. La segunda abre un camino.
No es lo mismo describir cómo eres hoy que decidir quién vas a ser mañana. Por mucho que te cueste. Porque sabes que el precio a quedarte donde estás es mucho mayor que el que conlleva cambiar.
A veces ni nos preguntamos si queremos seguir siendo como somos. Defendemos nuestra manera de comportarnos, nuestros hábitos y nuestros pensamientos como si fueran algo que hemos de proteger, aunque nos estén jodiendo la vida entera.
Confundimos la fidelidad a nosotras mismas con la fidelidad a nuestros patrones.
Ser coherente contigo misma, no significa no cambiar. Significa poder elegir, una y otra vez, cómo quieres vivir y qué necesitas aprender para conseguirlo.
Te propongo un ejercicio ( ya sabes de mi obsesión por darte algo útil):
Piensa en esas frases que usas para definirte y que, de alguna manera, te limitan. Esas que empiezan por «yo soy», «yo siempre», «yo nunca», «a mí se me da fatal», «yo no puedo».
Escríbelas.
Y ahora pregúntate: ¿Esto es realmente algo que no puedo cambiar o es algo que todavía no he aprendido a hacer de otra manera?
¿Qué tendría que aprender? ¿Qué ayuda podría buscar? ¿Qué pequeño paso podría dar para empezar a cambiarlo?
No tenemos por qué saber hacerlo todo, ni conseguirlo todo, ni convertirnos en personas perfectas. Pero sí podemos dejar de tratarnos como si fuéramos edificios terminados en los que no podemos hacer reformas.
No sé cómo seré dentro de veinte años. Ni dentro de cinco. Lo que sí sé es que no quiero ser exactamente la misma persona que soy hoy. Quiero haber cambiado de opinión tantas veces como haya sido necesario. Quiero ser muchísimo más libre.
No he venido a este mundo a pasarme la vida defendiendo mis limitaciones.
He venido a descubrir hasta dónde puedo llegar.
P.D.: el poder sobre nuestra vida no aparece por arte de magia. Se construye. Aprendiendo a pensar de otra manera, a tomar decisiones, a gestionar nuestros miedos, a cuestionar lo que nos limita.
Y eso es lo que comparto contigo en las cinco masterclasses que he preparado para este Black Friday.
Cinco aprendizajes que me han cambiado la vida. Que me han ayudado a dejar de ser esclava de mis pensamientos, mis miedos y mis creencias. Que me han dado herramientas para agarrar fuerte las riendas y conseguir que mi vida se parezca cada vez más a la vida que quiero.
El 11 de noviembre abriré las inscripciones, estas masterclasses no volverán a estar a la venta durante 2027, y si las compras ahora, podrás seguir accediendo a ellas DE POR VIDA.
Si quieres que te avise cuando se abran las puertas y conocer todos los detalles, puedes apuntarte aquí:
No podemos elegir todo lo que nos pasa, ojalá, pero sí podemos aprender a tener mucho más poder sobre lo que hacemos con ello.
Espero que te sirva,
Sol
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