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Reflexiones de una majara

Ay, el miedo a vivir…

Ay, el miedo a vivir…

las claves de sol

“Cada uno que haga de su capa un sayo” es una frase que pienso tatuarme mañana mismo. Para que no haya dudas, Google me comenta que eso significa  “obrar alguien según su propio albedrío y con libertad en cosas o asuntos que a él sólo pertenecen o atañen”. O sea, que cada uno haga lo que le dé la real gana.

La voy a grabar en mi pellejo porque yo, que voy de transigente y de moderna por la vida, a veces soy MUY GILIPOLLAS. Me explico: soy tolerante con aquellas ideas que comulgan con las mías y con otras que, aunque no lo hagan, no choquen de frente con mis valores más profundos. Y eso, señores, según Wordreference.com, es ser intransigente, fanática, terca, obcecada, obstinada y tozuda. MAL, MAL, MAL.

Todo esto viene a que, hace unos días, celebramos una cena con amigos de toda la vida, de esos que ves una o dos veces al año porque vivimos lejos, uno de esos encuentros que acaban en descojono generalizado y con ese chorrito de pis que pedí a los Reyes Magos. Lagrimones de la risa. Conversaciones cochinas. Complicidad. Cariño inmenso. Felicidad enorme. En el fragor de la batalla, en plena exaltación de la amistad, se planteó la posibilidad de pasar un fin de semana juntos. Sin parejas, solo nosotros. Somos unos diez, más chicas que chicos. Joder, qué bien nos lo vamos a pasar. Si en cuatro horas andamos con el rímel por la barbilla, la que podemos liar en cuarenta y ocho…

Yo, que me falta tiempo para liarla parda allá donde voy, espeté “De aquí no se levanta nadie hasta que tengamos fecha”. Y dicho y hecho: tal finde de febrero. TODOS. ¿Conformes?. Un sí general.

Oeoeoeoeoeoeoeoeeeeeeeee.

VAMOS, QUE NOS VAMOS.

Hubo quien asomó el morro con alguna duda: ¿pero no es un poco pronto? Solo queda un mes. Gritos. Amenazas. PERO QUÉ COÑO DICES, ANIMAL. Nos queremos. Nos queremos mucho. Veámonos hoy, y en un mes, y luego más. Anda, calla. Anda, calla…

Otro, en un minimomento de intimidad, me confesó que “ya verás, tendré pollo en casa”. Y, claro, como la intransigente gilipollas que soy, me lancé a su cuello: pero por qué.

Te vas con tus compis de toda la vida.

Tu libertad es tuya.

No entiendo nada.

No hacemos nada malo.

Vaya tela.

Solo vas a pasártelo bien.

La despedida fue menos dolorosa porque sabíamos que, en poco tiempo, íbamos a pasar el mejor finde de la historia de la humanidad.

Vamos a organizar el tema billetes de tren. AY, AY, AY, QUÉ EMOCIÓN.

En un día, las chicas lo teníamos todo listo y preparado, los chicos ni mú. ¿Chicos? ¿Hola? ¿Chicos? HOLAAAAAAAAAAAAAA.

La respuesta no se hizo esperar. Bueno, un poco sí.

No sé yo si ese finde me va bien.

Id vosotros ya si eso.

Es que tengo un cumpleaños.

Es que los horarios no me van bien.

ES QUE MI ABUELA FUMA Y NO SABES DE QUÉ MANERA.

Otra vez yo, la intransigente gilipollas llama uno por uno a los integrantes masculinos de la banda. ¿Esta desbandada no será porque hay varias personas de la pandi que tienen un coño entre las patas, VERDAAAAAAAAAAD? Porque me parecería muy fuerte. Te vas con tus compis de toda la vida. Tu libertad es tuya. No entiendo nada. No hacemos nada malo. Vaya tela. Solo vas a pasártelo bien.

Resumiendo, os cuento que, en efecto, el finde de amigos se ha transformado en el finde de AMIGAS.

Yo entré en una pequeña cólera interna. Con las ganas que yo tengo. No les hace ilusión. Cómo son capaces de perderse esta puta maravilla. Cómo pueden someterse de esta manera. Joder, qué rabia.

Y le he dado muchas vueltas, muchas más de las que debería, COMO SIEMPRE. Y pienso que le tienen miedo a la libertad, a pasárselo que te mueres un finde por si el resto de la vida luego no es igual de maravillosa. Porque uno de Ellos me comentó que no se acordaba de que uno se podía reír tantísimo después de los cuarenta, y a mí entonces me dieron muchas ganas de abrazarle y sentí un espasmo el estómago. Porque yo en la vida solo quiero comer, dormir, ducharme, escribir y mearme de la risa, si es cada día, pues mejor. Como puede ser que no les pase a TODOS lo mismo.

Llegados a ese pensamiento absolutamente talibán, decido que soy, aparte de talibana, GILIPOLLAS por varias razones:

¿Quién dice que ese miedo a la libertad sea menos dañino que mi terror a perderla?

¿Por qué sus ansias de estabilidad, de tranquilidad, de falta de conflicto son peores que mis ansias de disfrute salvaje, que mi terror al aburrimiento, a morirme sin haber hecho todas esas cosas que me entusiasman?

¿Qué me hace pensar que esta lucha continua mía por SIEMPRE MÁS ARRIBA, por SIEMPRE MEJOR es más válida que el “esto es lo que hay, para qué complicarse”?

¿Desde cuándo pelearse con la vida, con el tiempo, con el cansancio es la única opción que existe?

Porque la libertad no sirve solo para tomar decisiones, también para no tomarlas. Para no hacer, en lugar de hacer. Para querer menos, en lugar de vivir constantemente en el “QUIERO MÁS”. Y más. Y luego más. Para dejar que otros decidan, para conformarse con aquello que los demás esperan de ti.

Y mientras decido cómo me curo de esta intransigencia mía, de este pánico a no aprovechar cada minuto de mi existencia, sigo rezando a todos los dioses para que cambiéis de opinión y vengáis a pasar lo que va a ser, SIN DUDA,  el mejor fin de semana del planeta, de la historia, de nuestra vida.

La única que tenemos.

 

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