Reflexiones de una majara

Descansar: imprescindible, queridas.

Descansar: imprescindible, queridas.

Le echaba yo la culpa a la cuarentena de mis nuevas lacras: he perdido la forma física a pesar de haber sido bastante constante en lo que al deporte se refiere, las canas se han multiplicado y he perdido dioptrías a más no poder. El confinamiento, el estrés, la falta de aire puro me han envejecido, pero ya verás ahora que estamos volviendo a la normalidad, todo se va a poner en su sitio: mi trasero, mi pelo y mi vista. Feliz y esperanzada estaba hasta que ayer, hablando con una amiga, la realidad me arreó en los morros. “Sí, querida, esto es producto de la cuarentena, pero no de la pandémica, sino de la tuya”. ZASCA.

Con lo bien que estaba yo siendo una ignorante feliz. Y podríamos pensar que mi amiga no tiene razón alguna, pero es que es médico y sabe de los cuerpos y de su declive. Tras el guantazo inicial, y supongo que al ver mi cara, añadió “Tranquila, chata, que todo tiene arreglo, de momento: más sentadillas, tinte a tutiplén y en www.visiondirect.es, que es una marca de lentillas baratas que conozco, te solucionan el tema”. Porque esa es otra, a mí me gusta dármelas de joven, dejo las gafas en casa y no hay manera de leer la carta del restaurante o los WhatsApps, con lo sencillito que sería ponerme las lentillas, que encima no dan calor y te combinan con lo que te pongas. Queda muy juvenil fruncir el ceño y alejar el móvil hasta el más allá para ver los mensajes de mis hijos.

No le quito razón a mi amiga la doctora, ni en lo de los años ni en lo de las soluciones, aunque es verdad que el encierro, la enfermedad y el catastrófico cierre de los colegios han ayudado en lo del agotamiento y, ah, se me olvidaba, en la pérdida masiva de pelo. Pero qué desastre: estoy cegata y alopécica. A esto último ya le estoy poniendo solución, bien de vitaminas y bien de algo que acaba en “idil” que me deja el pelo hecho un estropajo, todo sea por la frondosidad pelística.

He escrito sobre esto antes: no llevo bien lo de hacerme mayor, aunque cumplir años me parezca mucho mejor que la alternativa. A veces, entro en razón, soy capaz de tomar perspectiva, sobre todo cuando mis amigas me iluminan, y agradezco estar sana sanísima, dato que corroboran las analíticas que he recibido hoy y ante las que, la misma amiga que me abofeteó con la verdad sobre mis años, ha declarado “Estás como una rosa, tía. Descansa un poco y se te pasan esas tonterías que tienes”.

Verdad de la buena, como siempre. Porque por un lado tenemos este cuerpo que lleva años rodando por el mundo y de qué manera, y por otro la tendencia majara a la actividad, porque la misma disciplina que unos tienen que aplicar para ponerse en marcha, algunas la tenemos que usar para relajarnos. Deshacer la madeja para volver a hacerla, reposar para luego hacer, afilar el hacha y poner el coco entre almohadas para después crear más y mejor. Mirarnos y preguntarnos qué necesitamos. Dárnoslo, ya sean lentillas, crecepelos o una cerveza en el sofá.

 

Comment

  • PATRICIA RODRIGUEZ GUERRERO

    Te recomiendo “Las diosas nunca envejecen” de Christiane Northrup.
    Un auténtico regalo. Aunque contiene verdades que ya conocemos, no está de más recordarlas de vez en cuando. Es una oda a la mujer, al poder de lo femenino, a nuestra libertad y al autoamor. Pero coincido contigo en que es necesario descansar, sin complejos y sin culpas para volver a cargar las pilas.

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