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Reflexiones de una majara

La perspectiva, imprescindible.

La perspectiva, imprescindible.

Escuchaba hace un par de días a dos amigos hablar sobre la historia de un científico, un señor listísimo, muy reconocido, una eminencia. Al parecer, alguien se inventó que los datos en una de sus publicaciones eran inciertos, o copiados, o algo así. Vamos, aseguraban que la eminencia mentía. Al cabo de unos años se demostró que no estaban en lo cierto, pero para entonces, según mis amigos “ya le habían destrozado la vida”. La eminencia perdió su trabajo, cayó en depresión, fue abandonado por su mujer y no sé cuántas cosas más. Por fortuna, la eminencia ahora se encuentra bien. Me alegro mucho por la eminencia.

Me quedé con ese “ya le habían destrozado la vida”. Me resonaba como una campana entre oreja y oreja, Mientras intentaba entender el hecho de que cualquier persona tenga el poder de lograr algo tan enorme, tan salvaje, tan definitivo.

Recordé todas las veces en las que he escuchado la misma frase en boca de alguien, refiriéndose a su ex, a su jefe, a su madre.

Resolví que lo que tienen en común todas esas personas es la enorme importancia que le dan a la validación externa, al reconocimiento, al peso de los otros sobre lo que sienten, piensan o hacen. Cuando, encima, su tiempo y su atención se concentran en un solo ámbito, el resultado puede ser catastrófico. Y es que solo puede destrozarte aquel al que le has entregado algo indispensable para ti, cuando tu felicidad, tu dignidad y tu vida se basan en lo que otros dicen o piensan sobre lo que eres o haces.

Ojo, las mentiras, los abusos, las decepciones son una putada y son indeseables y duelen y te revuelven, pero nunca deberían destrozarte. La RAE nos cuenta que destrozar es despedazar, destruir, hacer trozos. Estropear, maltratar, deteriorar. Aniquilar, causar gran quebranto moral. Fatigar o producir gran malestar físico. Derrotar o aplastar al enemigo o contrincante.

El destrozo no nos gusta, el destrozo es una mierda. Evitemos el destrozo.

Y no digo evitemos a los que destrozan, porque, de hecho, no lo hacen. Otra cosa es que hayamos de alejarnos de la mala gente a la máxima velocidad posible.

Vade retro, Satanás. Que te aguante tu tía Rita.

Lo que te destroza es la ausencia de compartimentación en cuanto a las bases de tu vida. Has puesto todos los huevos en la misma cesta, has apostado tus ahorros a un solo número. La cesta se ha caído, han cantado otro número, te han destrozado la vida. O eso dices. O eso sientes.

Si describes cuáles son las áreas de tu vida, tendríamos los amigos, el trabajo, la familia, la pareja, tus aficiones, el estudio, el desarrollo de tu vertiente espiritual y seguro que alguna más. Tu energía se reparte entre todas ellas, al igual que tus ilusiones, tus deseos, tu tiempo (el mental y el físico). Te dedicas a ellas usando la motivación intrínseca, esa que viene provocada por el disfrute y la pasión. Las llevas a cabo aunque nadie te viera, aunque nadie te aplaudiera, aunque nadie te pagara. Las eliges porque potencian lo que eres, porque te acercan a ser la persona que quieres ser (independientemente de que te vean, te aplaudan, te paguen). En algún momento, alguna fallará: lo dejarás con tu pareja, un amigo te fallará, tendrás un problema en el trabajo. Un problemón quizás. En todos esos casos sentirás tristeza, o enfado, o dolor. O todo al mismo tiempo. Pero no te destrozarán la vida, básicamente porque no pueden, porque no les has dado ese poder. Porque el poder es tuyo y está repartido en muchas cestas, has apostado a muchos números. Has decidido no arriesgar nada de lo que es importante para ti: tu esencia, tu dignidad, tu persona en toda su extensión.

Pongamos nuestra atención en lo que es realmente importante para nosotras, tomemos la perspectiva necesaria para vernos a nosotras, a los que nos rodean, al mundo entero. Observemos el diálogo interno y convirtámoslo en uno que nos impulse en lugar de hundirnos y asegurémonos de que nadie nos puede destrozar, porque hemos construido un eje invencible.

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