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De tabús, de maternidad, de Samanta Villar y de hay que joderse.

En esta burbuja en la que vivo, las noticias llegan con retraso, la verdad. La cosa es que me he enterado hace nada de que Samanta Villar había escrito un libro y leí que había concedido una entrevista en la que afirmaba que “Tener hijos es perder calidad de vida, que no era más feliz ahora que antes, que hay un relato único de la maternidad como un estado idílico, que no coincide con la realidad y estigmatiza a las mujeres y que hay que abandonar ya esa idea de que la maternidad es el último escalón en la pirámide de la felicidad de una mujer”. Más o menos.

“Ah, mira, una chica sincera”, pensé yo.

Me alegré de que alguien hablara sin tapujos de este tema. Después de leerme el libro de Orna Donath, tuve claro que aparecerían más voces contando lo que hasta ahora solo se decía en petit comité, ante otras que están en tu misma situación.

Pero, hostias, que de repente leo unos titulares tipo  “Una madre le pega un zasca a Samanta”, “Una madre pone a Samanta Villar en su lugar”. ¿Qué zasca y qué lugar corresponden a alguien que habla de su experiencia? Lo de “UNA MADRE” tampoco tenía desperdicio. Podían haber escrito “Una mujer” o el nombre de la señora en cuestión, pero no, ella era “UNA MADRE”, lo cual le da (supongo) más empaque, o más sabiduría, o la dota de algún superpoder que yo no alcanzo a entender.

Y me pongo a leer.

Ay.

Ay.

Ay.

No quiero entrar mucho en el contenido de los dimes y diretes, pero así de entrada, eso que parece tan ofensivo para algunos 0, perdón, para algunas MADRES, esa frase terrorífica en la que la periodista afirma que ha perdido calidad de vida, me parece, cuanto menos, lógica, a no ser, SEÑORA MADRE SUPREMA que para usted la calidad de vida la proporcionen las noches sin dormir, los llantos a cascoporro, el no poder ducharte tranquila, ni tan siquiera cagar cuando te de la gana. Me vais a perdonar pero yo me siento mucho mejor cuando duermo, como, me ducho y cago tranquilamente. LLAMADME RARA. LLAMADME MALA MADRE.

El caso es que eso es lo de menos. Lo de más es que Samanta (que para que conste a mí es una señora que ni me va ni me viene porque no la conozco, ni la veo en la tele) ha contado lo que es para ella la maternidad. No insulta a nadie, no afirma que la maternidad es la puta mierda más grande de la vida, tampoco podemos extraer de su testimonio que trate mal a sus hijos. Vamos, que ella cuenta lo suyo. Y allá que va una MADRE y, por cometer ese pecado, le suelta una sarta de burradas que MADREDELAMORHERMOSO.

La cartita de la MADRE empieza diciendo que “No puede estar menos de acuerdo con lo que dice Samanta”. O sea, querida MADRE, lo que supongo que quieres decir, hablemos con propiedad, es que tu experiencia no es esa. Porque te aclaro que no puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que una persona siente. Son sus sentimientos, su vida, su coco. Es lo que hay. PUNTO. Es subjetivo, NO OPINABLE.

Luego la MADRE dice que lo que cuenta Villar es “Preocupante”.

Querida MADRE SUPREMA, lo preocupante (me parece a mí)  es que alguien juzgue a otra persona por contar sus vivencias que, para colmo, te aseguro que son MUY parecidas a la de otras mujeres que no tienen las narices de contarlo, en gran parte porque les da miedo ser dilapidadas por MADRES como tú. 

Dices que “No entiendes su escala de valores/prioridades”. NI FALTA QUE TE HACE, que para eso son suyas. Probablemente no entenderías las mías, ni las de una monja de clausura, ni las de mi vecina, ni las de Pablo Motos… Con que entiendas las tuyas, date por satisfecha.

Luego entras en una enumeración sobre lo que Samanta y cualquier MADRE del planeta dejan de hacer: dormir, peluquería, blabla y le dices que TAMPOCO PASA NADA. Pues no te pasará nada a ti, igual a ella sí, o no, o qué más da. El caso es que no es asunto tuyo, NI DE NADIE.

Y luego, tú, LA MADRE SUPREMA, cuentas que lo que más feliz te hace en el mundo es que tu hijo aprenda a guiñar un ojo. FABULOSO, FANTÁSTICO, MARAVILLOSO. Bien por ti. De verdad. Pero que presupongas que ese Nirvana que tu alcanzas ante el logro de tu hijo debería ser universal, es MUY FUERTE. Ole tú, Madre Perfecta.

Para que me entiendas, esto sería algo parecido a que yo cuestionara a todas aquellas personas que no se levantan cada día pensando en el Cola Cao que van a engullir, que es lo que me pasa a mí. O juzgara a alguien porque “La La Land” no le hizo levitar en el asiento. Básicamente, lo que intento decir es que a cada uno le hacen feliz unas cosas que quizás al de al lado se la sudan. Y no por ello es mejor o peor persona.

Sigo leyendo y, para mí, el punto álgido es cuando dices que “Puesto que es famosa, tiene la oportunidad de volcar su frustración en un libro y dejar perlas para desahogarse y creerse que ha descubierto la piedra filosofal de la maternidad”. Pero si al principio decías que no te habías leído el libro, de qué narices de piedra hablas. Y si ha volcado su frustración, JODER QUÉ BIEN, quizás si lo ha hecho (que no lo sé, porque solo he leído la entrevista, como tú) les servirá a muchas para ver que no están solas, que no son raras, que el encontrarse con que la maternidad NO es ese cuento de hadas que les habían relatado no es solo cosa suya. Qué alivio.

Finalizas criticando a Samanta como madre y contando lo que es tu hijo para ti.

Llegados a este punto, te voy a contar que Samanta no ha insultado ni criticado a nadie, TÚ SÍ. Samanta ha hablado de su maternidad sin miedo a lo que pudieran pensar de ella LAS PERSONAS COMO TÚ. Samanta ha tendido (quizás inconscientemente) la mano a quién se pueda sentir como ella, mientras tú las has puesto a caer de un burro. Sí, A TODAS ELLAS.

A mí su honestidad me parece bastante más inspiradora que tu juicio devastador, querida MADRE. Así de entrada se me ocurre que la Villar les podrá hablar a sus hijos de tolerancia; de que la vida no es siempre perfecta, pero que hay que apechugar y vivir lo más felices posible; de que hay que ser valientes aunque eso suponga ir contra corriente; de que no hay que dejarse amedrentar por los que te atacan; de que las críticas, si no son constructivas, hay que pasárselas por salva sea la parte.

No sé qué le puedes enseñar tú al tuyo aparte de ese guiño de ojo que te tiene completamente ojiplática, ni quiero pensar que le pasará a tu ADORADÍSIMO hijo el día que se le ocurra opinar algo con lo que no estés de acuerdo.

Dios lo pille confesado.

 

 

 

 

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Sol Aguirre · 43679559Y · Fernando VI, 11, 2ºC Madrid 28004 · 911 83 63 03 · Diseño tactic [studio]

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