3 estrategias que uso para mejorar mi foco y disminuir mi cansancio

Sol Aguirre
lunes, 20 octubre
Nadie me enseñó, ni en casa ni en el colegio, a encontrar la claridad, el foco. A hacerme las preguntas correctas para definir la meta y luego el mapa hasta ella. Nadie me contó que he de saber dónde estoy ahora y decidir a dónde quiero llegar si quiero que me pase lo que quiero que me pase. Si quiero ser la dueña y señora de mi existencia.
No tengo que saber qué quiero que me pase, tengo que decidirlo.
Y si no lo hago yo, lo decidirán otros. O nadie. No sé qué es peor.
Necesito orden. Mental, físico, emocional. Porque solo así alcanzaré mi objetivo supremo: la calma.
Lo necesito yo y lo necesitamos todas, solo que a veces no nos damos cuenta. Nos dejamos arrastrar por el día a día, por las urgencias, por los fuegos a apagar, por la incertidumbre.
Ay, si alguien nos hubiera contado que estrategias para convertir lo incierto en previsible. Que hay ámbitos de la vida sobre los que resbalamos y ante los que podríamos plantarnos y darles forma para, de nuevo, alcanzar la calma, la claridad y, por supuesto, EL PODER.
Hablo de esas cosas que parecen pequeñas pero que no lo son, porque nos construyen día a día:
– No sé qué ponerme porque no tengo claro qué quiero expresar con mi imagen, así que agarro lo primero que pillo, aunque no me mole nada.
– Como cualquier cosa, a cualquier hora, porque no he decidido cómo quiero alimentarme ni cómo quiero sentirme en mi cuerpo.
– Me rodeo de personas que me importan un huevo, porque no tengo el valor de definir qué tipo de vínculos quiero crear.
– Trabajo mucho, pero sin saber hacia a dónde voy, qué quiero sentir, cómo quiero vivir.
– No me detengo a pensar cómo quiero que sea mi casa, así que me pierdo el placer inmenso de contemplar lo creado y disfrutarlo.
Y podríamos seguir así durante tres mil minutos más.
En lo laboral puede pasar un poco lo mismo, o un mucho.
Cuando no tienes ese mapa, ese equilibrio, esa foto completa —ni en el trabajo, ni en tus finanzas—, no puedes resolver ni elegir. Caminas con una venda en los ojos. Solo reaccionas, una y otra vez. Parcheas, una y otra vez. Y te agotas, una y otra vez.
Quizás me estás dando la razón, asintiendo con la cabeza (me encanta imaginarte) y preguntándote, “Vale tía, toda la razón, ¿pero por dónde empiezo?”
La respuesta es siempre la misma: PARANDO. Y te lo dice una persona a la que parar le cuesta la vida misma, pero ese es el reto: desafiarte para ser más libre.
Parar para pensar es una práctica poco común, pero es justo lo que necesitamos para que el cerebro funcione bien, para que nosotras funcionemos bien: pasar del modo concentración al modo dispersión, y luego volver a enfocarnos. Ese vaivén, que parece improductivo, es una de las cosas más rentables que hay. Parar es lo que permite que el dron se eleve para mostrarnos el conjunto: dónde estamos, qué merece primero nuestra atención y qué puede esperar. Porque ya te digo que llegar a todo es imposible y, además, es una estupidez.
Cuando saltamos de un lado a otro no llegamos a ningún sitio. Y lo peor: confundimos el movimiento con el avance.
Pensamos que tener foco, claridad, planificación es vivir encorsetadas En realidad, pasa todo lo contrario: el foco nos aparta del ruido y del agotamiento que provoca la dispersión. El foco no es rigidez, es DIRECCIÓN y es la LIBERTAD más absoluta. Es decir “esto ahora sí” y “esto ahora no”. Es descanso, es control.
¿Qué es lo que me funciona a mí para encontrar esa claridad, para abrazar todo mi poder, aparte de parar y dispersarme un rato?
1. Elevar el dron cada semana.
Reservo en mi agenda una hora semanal (mínimo) para observarme desde arriba a todos los niveles y preguntarme:
- ¿En qué he puesto mi energía esta semana?
- ¿Ha estado alineada con lo que realmente quiero, con el lugar al que quiero llegar?
- ¿Qué me ha distraído y no me ha aportado ningún valor?
- ¿Qué necesito dejar ir para ver con claridad? Quizás un miedo, una creencia, una relación, un hábito…
- ¿Qué me está pidiendo mi cuerpo que no estoy escuchando?
- ¿Qué siento cuando pienso en bajar el ritmo y enfocarme en solo dos asuntos?
Y ahora voy a cómo me puedo permitir un parón imprevisto de varios días sin que mi negocio, mis números, mis planes se vayan a tomar por el Jander. Lo primero es decirte que mi mayor habilidad es mi mayor enemiga: tengo mil ideas al minuto. Eso es guay. Ordenarlas, para mí, ha sido una tortura agotadora toda la vida. Así que hice lo que siempre deberíamos hacer ante las dificultades: busqué ayuda. En 2023 descubrí a una chavala que se llama Nayla Norryh y de la que me has oído hablar porque he hecho varios directos y podcast con ella. Solo escuchando uno de sus episodios de podcast tomé varias decisiones importantes para mi negocio, así que decidí hacer uno de sus cursos, el Workshop de Planificación Estratégica. Me parecía una buena manera de testear si esa estructura mental ordenadísima que transmitía era verdad y me era útil. Hostias si lo fue, amiga. Ese Workshop cambió mi manera de organizarlo todo: mi trabajo, mis ideas y mi vida. Porque no somos compartimentos estancos. Porque todo lo que había escuchado hasta el momento eran teorías de señores cuya vida, inquietudes e inseguridades no tienen nada que ver conmigo. Esa planificación que me enseñó Nay —que no tiene nada que ver con rigidez, sino con consciencia, dirección y AUTOCUIDADO— me dio seguridad, porque POR FIN tenía claridad sobre mis números, mi tiempo y mis prioridades. Me dio poder, porque pude decidir con TODA la intención qué sí y qué no quería hacer en mi negocio. Lo que te voy a contar me da mucho pudor, pero me he prometido a mí misma atravesarlo y hablar mucho más de pasta, porque nos lo merecemos. Tanto me flipó el workshop de Nayla, que después seguí con otros cursos suyos. El resultado: dupliqué mi facturación de un año para otro. No currando más, sino currando mejor. Con la mejora de mi facturación, mejoraron mi tranquilidad, mi impacto en más mujeres, mi alegría. Mis ganas de crear. Nay acaba de abrir las inscripciones a su WORKSHOP DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA y las cierra el 5 de noviembre. Durante tres días te guiará paso a paso para ordenar tus números y decidir con la cabeza y el alma dónde vas a poner tu energía. Qué te voy a contar a estas alturas de lo que me fascina que lo que me sirve a mí te sirva a ti. Si tienes un proyecto propio, si necesitas esa estructura, claridad, seguridad, te invito a que bichees este Workshop AQUÍ. Una de las preguntas que más me habéis hecho sobre esta formación es si sirve cuando estás empezando a emprender. Mi respuesta: si yo lo hubiera hecho al inicio me habría ahorrado una de errores, tiempo, esfuerzo y pasta que no quiero ni cuantificar. Si decides apuntarte, nos veremos en esas sesiones, porque aunque lo tengo grabado y lo reviso cada año para analizar y planificar, tengo claro que algo aprenderé si asisto en directo una vez más. Feliz sábado, querida mía, cuídate un montón. Sol
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