5 cosas que me ha enseñado julio

Sol Aguirre
lunes, 10 agosto
Cuanto mayor me hago, querida mía, más consciente soy de lo importantes que son los inventarios vitales. Y no solo a final de año, sino cada día. Ser conscientes de cómo vivimos cada hora, de las mil decisiones que tomamos, de cómo nos relacionamos con el mundo y con nosotras mismas es algo imprescindible para estar bien.
Lo opuesto es la rueda de hámster, resbalar por la vida como si fuera un tobogán lleno de aceite para llegar al final sin haber elegido, sin enterarte de nada.
No sé tú, pero yo me niego a desperdiciar el privilegio que es estar viva.
Por eso me obligo a parar a menudo, a anclarme a este minuto que no va a volver y recordar todo lo que he aprendido. Porque el humano es un bicho muy raro al que se le olvida lo que le hizo mucho bien y también lo que le hizo mucho mal. Un bicho que insiste en darse cabezazos contra muros ajenos, en tropezar tres mil quinientas veces con la misma piedra.
Como somos bastante sota, caballo y rey, aunque no nos lo parezca, me apetece compartir contigo lo que he aprendido en este julio peculiar. Por si te sirve, porque creo que los tropezones ajenos en piedras ajenas, si los observamos con atención, nos pueden ahorrar mucho tiempo y mucho sufrimiento.
Y lo mismo pasa con lo que nos hace avanzar, con lo que nos alegra: aunque nos creamos muy especiales, la felicidad se basa en cuatro cosas muy sencillitas a las que no solemos hacer ni puñetero caso.
En este julio tan caluroso he asumido que hay gente que no te ve, que no te escucha. Hay gente a quien no le importas, y mentirte a ti misma contándote que esa es su forma de querer solo lleva al sufrimiento y a la frustración. Las relaciones de cualquier tipo son como una estufa: tú metes leña y, a cambio, recibes calor. Si por más combustible que metas, aquello no calienta, Ciao bacalao. (Quizás, al leerme, te preguntes qué hacer si es una relación familiar. PUES LO MISMO. Separarse es difícil, pero más doloroso es quedarse y mendigar).
Me he dado cuenta de que quizás quién debería serlo no es tu hogar, pero que, gracias al cielo, hay quienes crean hogares allá donde estén. Por eso el cierre de Amapolas nos ha dolido tanto a tantos (si no sabes de qué te hablo, aquí te lo cuento).
He reafirmado que toda la energía que pongo en esperar cariño de quien no sabe lo que es, me aleja de todos los que están dispuestos a abrazarme, que son muchos.
Así, que FIN, adiosito. Se acabó.
Este julio he descubierto que, si escucho a mi cuerpo, me da una cantidad de información que lo flipo. Vale, esto ya lo sabía, pero es que ahora estoy conectadísima con esto que soy. Sintonizada perdida. Y me encanta.
Mi cuerpo me ha dicho, en el transcurso de una semana, con una claridad cristalina, VETE DE AQUÍ, PERO YA y con la misma claridad: BIENVENIDA, AQUÍ QUÉDATE PORQUE MIRA LO BIEN QUE TE SIENTES.
He aprendido a hacerle caso y estoy feliz como una perdiz.
Este cuerpecito mío no solo me ha dicho VETE y QUÉDATE. También me ha gritado ¡ESCRIBE!, me ha llenado la cabeza de ideas y las tripas de ganas, así que en unos meses otro libro verá la luz. El sexto. Qué fuerte. Qué ilusión. Tengo ganas de aplaudir por algo que hace dos meses no era ni siquiera una idea. Así es la vida de sorprendente y extraordinaria si la escuchamos un poco.
He entendido que, a veces, lo único que necesitamos es RESPETARNOS, pero como no creemos merecerlo, le buscamos los tres pies al gato.
No necesito justificaciones ni excusas para decidir que ahí no voy, que yo no ceno, que de aquí me largo, que no voy a aguantar el ruido, la fealdad, el desorden, la suciedad. Ni las aglomeraciones, las impertinencias, el calorazo.
No es que sea altamente sensible, o que tenga TDA. O sí, qué más da la causa, si la consecuencia está clarísima y no me gusta un pelo.
Voy a evitar a toda costa lo que me hace sentir mal y voy a perseguir sin mesura lo que me hace sentir bien.
Me importa un huevo si otros no lo entienden, con que lo entienda yo…
Me ha quedado claro que soy muy feliz en mi casa, tan bonita, tan yo. Contemplando ese cuadro y esa chimenea que eran un sueño y ahora son realidad.
Escuchando una tormenta (que es lo que hago mientras escribo esto), sintiendo frío al amanecer.
Contemplando mis montañas.
Viendo películas de Marvel.
Leyendo los tantísimos libros que me llevé de Amapolas y que me recuerdan lo feliz que he sido allí.
Escuchando canciones como esta. Necesito la música como el aire que respiro (eso lo sé desde que tengo uso de razón, no ha venido julio a enseñármelo).
Siempre he tenido claro que los objetivos son necesarios porque te indican la dirección en la que avanzar, te ayudan a tomar decisiones. En este julio me he dado cuenta de que he cumplido muchos objetivos últimamente y ahora me toca inventar otros nortes, afinar la brújula. Con tal de hacerlo, he de eliminar lo que me distrae. Cuidarme mucho, porque soy el motor de lo que me pasa. Si yo me bloqueo, se bloquea todo.
Julio, en el fondo, me ha enseñado que una buena vida no es la que tiene más cosas, sino la que tiene las correctas.
Las personas correctas. Los lugares correctos. Los pensamientos correctos.
Y el suficiente valor para elegirlos una y otra vez.
P.D.: si te apetece compartir este texto en tus redes, por favor, incluye el enlace. Ayudas a quien quiera leerlo y, de paso, a mí (gracias)
P.D2.: esto no me lo ha enseñado julio, pero la vida no hace más que reconfirmármelo. Una correcta planificación te da libertad, alegría y calma.
Te devuelve la gestión sobre tu vida.
Por eso he creado para ti un cuaderno con un ejercicio diario para cinco días:
DÍA 1
Descubre por dónde se está escapando realmente tu tiempo.
Muchas veces pensamos que el problema son las grandes obligaciones.
Pero descubrirás que el verdadero desgaste suele esconderse en decenas de pequeñas decisiones que repites automáticamente cada día.
Al terminar este ejercicio entenderás por qué acabas agotada incluso los días en los que sientes que “no has hecho nada importante”.
DÍA 2
Descubre qué parte de tu vida estás viviendo por obligación.
Aprenderás a diferenciar las cosas que haces porque realmente quieres de las que haces por culpa, miedo a decepcionar o simplemente porque llevas tantos años haciéndolas que nunca te has planteado si siguen teniendo sentido.
Descubrirás que muchas de tus decisiones no nacen de tus prioridades, sino de reglas que aprendiste hace mucho tiempo.
DÍA 3
Cuestiona las historias que llevan años robándote tiempo.
¿De verdad pasaría algo terrible si dejaras de hacer algunas cosas?
¿O llevas demasiado tiempo actuando para evitar consecuencias que ni siquiera sabes si ocurrirían?
Este ejercicio te ayudará a distinguir entre los hechos y las historias que tu mente lleva años contándote.
Y ahí recuperarás muchísimo más margen del que imaginas.
DÍA 4
Descubre el lugar que ocupas en tu propia vida.
Harás un ejercicio muy visual que te permitirá comprobar cuánto espacio ocupan el trabajo, la casa, los hijos, las obligaciones y cuánto espacio ocupas tú.
Probablemente entenderás por qué hace tanto tiempo que sientes que tu vida siempre empieza cuando terminas de encargarte de la de los demás.
Y descubrirás por qué cuidarte no es egoísmo. Es responsabilidad.
DÍA 5
Decide cómo quieres vivir.
No terminarás este cuaderno con una lista de tareas.
Terminarás tomando una decisión.
Una sola.
La que puede empezar a cambiar la forma en la que usas tu tiempo y, sobre todo, la forma en la que te relacionas contigo misma.
Espero que te sirva,
Sol
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