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6 cosas que he aprendido en el 2025

Sol Aguirre

sábado, 27 diciembre
Fíjate, querida mía, que lo primero que voy a mencionar es la razón por la que escribo este artículo: he aprendido la importancia de recordar, de grabarme en el alma y en algún lugar escrito, todo lo que he aprendido, porque se nos olvida, y olvidar es tropezar doscientas veces con la misma piedra. Eso agota, frustra y arruga. Y yo no estoy dispuesta, no sé tú. Lo segundo es que prefiero tener paz que tener razón. Durante los últimos años he ido perfeccionando el arte de no arrearme cabezazos contra muros ajenos, pero este año lo he acabado de rematar. ¿Cómo lo he hecho? Probablemente, el hecho de tener hijos adolescentes sea una parte importante de este aprendizaje. Dejar que se arreen sus propios guantazos es ahorrarme yo otros tantos. No es fácil, pero sí es necesario. Lo tercero es que el cuerpo te habla, y si no le escuchas, te grita. Y si sigues sorda, te para. Vale, esto lo sabía ya, pero no lo he interiorizado hasta que una lumbalgia me dejó inmóvil del todo por culpa de una tormenta perfecta que no va a volver a repetirse. Bien de yoga, de pilates, de ejercicio de fuerza. Nada de coger peso que no sean las mancuernas. El ordenador: fuera del bolso y dentro de la mochila. Fisio periódicamente, aunque aún no duela nada. Desquicies, los justos. Enfrentarte a la dependencia es un hostión de lo más revelador. Lo cuarto es que está muy bien que te dejen de gustar cosas que te flipaban, siempre que te empiecen a flipar otras. Cambiar, madurar, crecer le llaman a esto. Yo, que amaba las multitudes, las ciudades, el sarao, ahora amo el campo, el silencio y la soledad más que nunca. Me molestan enormemente el ruido, la suciedad, el caos. Me apasiona buscar la belleza en cada detalle, crearla. Encuentro la felicidad escuchando un río, a los pajaritos, las tormentas al otro lado de mi ventana. He aprendido que el problema llega cuando ya no te gusta lo de antes y no te fascina nada nuevo. Ahí te diluyes. Inventemos ilusiones, porque no caen del cielo. Consecuencia del cuarto aprendizaje es este otro: no me gusta estar fuera de mi casa más de una semana. Amo mi casa, mi paz, mis vistas, mi chimenea, mis rutinas, mis libros, mis Diosayunos, mi cama. La enorme comodidad, plenitud y calma que habito en mi normalidad. Ya era hora. Quinto: el dolor de las ausencias se atenúa, pero sus enseñanzas no. Él se fue hace ya tres años y escribirlo ahora es soportable, incluso bonito. Lo que nos ha dejado es cada vez más visible, más intenso, porque sé que el privilegio de seguir aquí es enorme, porque siento la (maravillosa) obligación de vivir todo lo que él no podrá vivir. De disfrutar sin ninguna culpa, con toda la intención. De relativizar hasta límites insospechados. Él hablaba de que la vida seguiría y él no estaría aquí. Rebozarme en todo lo que me enciende es llevarle la contraria. La sexta cosa que he aprendido es que la vida se inventa tormentas y te pasa por encima. Tú habías planeado equis y resulta que lo que pasa es zeta. ¿Quiere decir eso que no he de planear? No, por Dios, fijemos objetivos y tracemos planes de acción. Y sepamos que, si llega la marejada, lo de resistirse no tiene mucho sentido. Es tan agotador como inútil. Mejor parar, ajustar las velas y poner rumbo hacia lo más parecido a la meta inicial. Y confiar, amiga, en que de esta saldrás más sabia, más fuerte e, incluso, más guapa. Te animo, querida, a que hagas tu propio listado, porque tendemos a volver a antiguos patrones, a ignorar lo que ya sabemos, a autosabotearnos. Encontrar la manera de que lo aprendido se integre en nuestra vida es la mejor manera de avanzar, de que nos pase lo que queremos que nos pase. P.D.: Hace ya años aprendí lo importante que es generar nuestra visión de vida, crear sistemas que sostengan todos nuestros hábitos. Apartar la culpa, porque no sirve para nada. Gestionar la procrastinación. Hacerme dueña de mis emociones, para que no sean ellas las que me arrastran a mí. Entender al humano en general y a mí en particular. De todo esto te hablo en PERTENÉCETE, mi programa estrella, que estará disponible solo del 1 al 11 de enero y que es para ti si quieres:
· Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida · Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma · Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción · Definir tus objetivos en todos los ámbitos · Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú. · Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad
Esto es lo que opinan de PERTENÉCETE las alumnas de la primera edición: “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún “pero” a Pertenécete.” “Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete”. “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto”. “Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver”.