Mi hábito más importante

Sol Aguirre
sábado, 21 diciembre
Cuánto se habla de los hábitos: de los relacionados con el deporte, con la alimentación, con la meditación, etc.
Pero si tuviera que elegir un solo hábito que considero básico en mi vida, porque ha sido el más transformador, sería estar presente. Sí, lo considero un hábito porque es una práctica consciente que requiere repetición y esfuerzo, como cualquier otro hábito.
No aparece de manera automática, ojalá. Mucho menos con la cantidad de distracciones en el que vivimos. Estar presente precisa de recordatorios internos, y a veces externos. De muchas preguntas, de ejercicios prácticos. Estar presente se entrena, como casi todo.
Para alguien como yo, que tiene mil ideas cada minuto, estar presente es un reto de narices, pero también un compromiso innegociable (y ya te decía en mi último texto que el compromiso es la clave de mi adorada disciplina).
Esa presencia, para mí, tiene mucho que ver con una pregunta muy simple y muy útil: ¿Cómo estoy y qué necesito ahora mismo?
Con ella me recuerdo que no necesito resolverlo todo de golpe, que sí necesito encontrar la manera de ordenar este coco, que más que coco es un carnaval. Que necesito estrategias para que la creatividad sea una herramienta de creación, no un arma de destrucción contra mí misma.
Preguntarme eso varias veces al día, desde que me levanto hasta que me acuesto me revela si estoy cansada, nerviosa, ausente, bloqueada o nada de eso. La respuesta puede llevarme a darme una caminata para despejarme, a hacer tres respiraciones profundas, a tomarme un té mirando a la nada, a priorizar lo realmente urgente o a bailarme algo de Teddy Swims, porque ya sabemos que cuando la mente se nubla, hay que mover el cuerpo.
Otro factor clave que me ayuda a estar presente es relativizar. Porque ya sabemos de qué va esto, nuestro cerebro miedoso nos lleva a imaginar un futuro catastrófico. Y esa catástrofe es que me hijo suspenda o que alguien me critique o que no me dé tiempo a terminar un informe.
Relativizar no es ignorar los problemas, sino tomar la distancia necesaria para poder ver su extensión real y también para salir de mi burbuja vital y compararlos con lo que realmente son desastres. Otras preguntas que me ayudan a conseguirlo:
- ¿Esto será algo realmente fatal para mi vida en un mes, en un año?
- ¿Si comparo esto con los dramas que vemos cada día sigo tomándomelo tan mal?
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