3 errores que cometes cuando intentas ordenar tu vida

Sol Aguirre
lunes, 01 junio
Te conté en un artículo, hace tiempo, que yo hago una visualización cada mañana en la que visito a mi Yo del futuro (que es divina, calmada, poderosa) y le pregunto qué tengo que hacer para acortar la distancia entre ella y yo (puedes leer aquí el texto).
Mi Yo gloriosa me responde cosas de lo más variadas, pero lo que más se repite es: necesitas orden.
Tiene toda la razón, porque mi cabeza tiende al caos, a las mil ideas y, claro, eso influye en mi vida entera. Quizás estás pensando, si me sigues en redes, que ese desorden no se refleja en lo que muestro. No es que mienta, es que hago un esfuerzo tremendo por mantener mi coco y mi vida en calma, organizada.
Por eso precisamente escribo este texto, porque yo estoy aquí para compartir lo que me sirve, y en estos años he aprendido mucho sobre las trampas en las que caemos cuando decimos que queremos ordenar nuestra vida en el sentido más amplio posible.
Queremos sentir control y acabamos más desquiciadas todavía.
Queremos ligereza y seguimos derrapando por nuestros días.
Intentamos organizarnos y parece que nuestra agenda se llena todavía más.
Nadie nos ha enseñado a ordenarnos. Es más, lo que muchas veces hemos aprendido es a mirar fuera todo el rato, a producir sin preguntarnos el para qué, a no hacernos las preguntas correctas. Y claro, así no hay quien avance.
Ordenar tu vida, ya lo adelanto, no es tener la agenda más bonita ni el sistema más sofisticado. Ordenar tu vida es hacer las cosas correctas desde el lugar correcto. Y aquí es donde muchas veces nos liamos.
El primer error es querer ordenar sin saber qué quieres realmente. No hay cimientos y, claro, el edificio se nos cae a la primera de cambio.
Haces listas, planificas la semana, organizas tus días al milímetro, pero no tienes claro hacia dónde estás yendo. No has definido qué tipo de vida quieres, qué es importante para ti ahora, qué estás buscando de verdad.
Ya te he dicho que yo estoy aquí para compartir lo que me sirve. Y el ejercicio que para mí ha sido definitivo a la hora de tener claridad y foco sobre lo que quiero de verdad es este que te dejo aquí. He sistematizado para ti todas las preguntas, el paso a paso, para que dibujes tu Día Ideal. No hay semana en la que yo no lo haga. Porque es facilísimo despistarnos.
Entonces, ¿qué pasa cuando intentas ordenar sin tener la meta clara? Haces mucho, pero no avanzas hacia nada que te llene. Te esfuerzas, pero hay algo que no encaja. Eres como el ratoncillo en su rueda, con las patas reventadas sin llegar a ningún sitio.
Sin dirección, el orden no sirve de nada. Es como tener una brújula que funciona maravillosamente, pero no saber a qué ciudad quieres llegar.
Te apuntas a una formación, pero no porque te vaya a proporcionar la información que necesitas para cumplir un objetivo, sino por inseguridad. Te inscribes en un curso de inglés en grupo sin plantearte si es lo más eficiente, porque tú tienes facilidad para los idiomas y un profe particular te haría avanzar más rápido.
El segundo error es llenarte de herramientas en lugar de tomar decisiones. Este es más sutil, pero igual de jodido. Cambias de agenda (diaria, semanal, mensual, de papel, digital…), pruebas métodos nuevos (Google Calendar, Trello, Canva…), descargas apps, te apuntas a cursos de productividad, y durante unos días sientes que ahora sí, que esta vez sí.
Pero no.
Porque el problema no es la herramienta. El problema es que no tomas decisiones
Nos cuesta muchísimo decidir, porque decidir es asumir la responsabilidad. Y el poder, claro.
Decidir qué entra y qué no entra en tu vida. Decidir qué es prioritario y qué no lo es. Decidir qué estás dispuesta a sostener y qué es lo que vas a eliminar.
Decidir es ser adulta, y eso nos da miedo.
Las herramientas son cómodas porque te dan la sensación de que estás haciendo algo. Pero sin decisiones detrás, no cambian nada. Puedes tener el sistema más bonito del mundo, un Trello glorioso, una agenda de Charuca llena de pegatinas preciosas y colorinchis, y seguir exactamente en el mismo punto.
El orden no viene de las herramientas. Viene de decidir.
Quizás bloqueas en tu calendario “tiempo para ti”, pero cuando llega ese momento lo ocupas con trabajo, recados o favores a otros. Porque no has decidido qué es EXACTAMENTE tiempo para ti: leer, mirar al techo, hacer ganchillo. Cuando no hay decisión, no hay claridad.
Y el tercer error es intentar encajar más en lugar de quitar lo que sobra. Intentas organizarlo todo sin quitar nada. Volviendo al punto anterior: decidir implica, siempre, renunciar.
Quieres que todo quepa: el trabajo, la vida social, el autocuidado, los planes, las obligaciones, los imprevistos.
Y claro, no te da. Todas tenemos veinticuatro horas en el día.
Ordenar nuestra vida es como ordenar los armarios, lo primero que tenemos que hacer es eliminar lo que no me pongo, es decir, todo eso que no me acerca a los múltiples objetivos, a la vida que quiero (date cuenta de cómo todos los puntos se relacionan entre sí).
A lo mejor estás llevando a tus hijos a mil extraescolares, en lugar de llevarles a las del cole, con la de tiempo que eso te ahorraría. O podrías delegar la limpieza de tu casa, pero piensas que nadie lo va a hacer tan bien como tú. La culpa y las ansias de control llenan nuestra agenda de tareas que podríamos quitarnos de encima.
A mí me ha servido muchísimo sustituir la idea de organización por la de alineación, pensar en mi agenda como un reflejo de la persona que quiero ser, en lugar de usarla como un listado de todo lo que tengo que hacer.
Espero que te sirva.
P.D.: si decides compartir este artículo en redes, porfa, pon el enlace, nos facilitas mucho la vida a las que quieran leerlo y a mí. Gracias por adelantado.
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