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El miedo al que sí deberíamos hacerle caso

Sol Aguirre

lunes, 16 marzo
Desde chiquitina tengo clarísimo cuál es mi mayor miedo. No es fracasar, ni equivocarme, ni a la muerte, ni al dolor. Mi mayor miedo es llegar al final de mi vida y darme cuenta de que no hice todo lo que quise y pude hacer. Imaginar ese momento en el que una ya no puede hacer más y pensar: “Podía haberlo intentado. Podía haber disfrutado más. Podía haber caminado hacia aquel sueño”. Esa idea me da sudores fríos, tembleque máximo. De hecho, muchas de las decisiones importantes que he tomado en mi vida han tenido al miedo como protagonista. Estarás flipando, porque siempre digo que el miedo no debería decidir por nosotras. Me explico. No hablo del miedo paralizante, sino del que impulsa. Me reinventé profesionalmente, por ejemplo, en gran parte porque me daba pánico imaginarme dentro de veinte años en aquel trabajo que me estaba carcomiendo por dentro y por fuera (qué de herpes, gastritis, vértigos, eczemas…) Desde fuera, lo sensato parecía quedarse allí. Empresa familiar. Hija única. Había invertido años, esfuerzo, estudios. Todas las esperanzas puestas en mí (ojito con la presión). Pero pensar en quedarme allí cinco, diez, veinte, treinta años se me antojaba como algo inasumible, doloroso. Como una pesadilla. Terrorífico. Cuando nos planteamos cambiar cosas importantes en nuestra vida aparecen siempre las mismas frases en nuestro coco saboteador y miedoso: “Ya es tarde para cambiar.” (dy detrás ponemos nuestra edad, da igual si el número es un 25 o un 64), “Con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí…” “¿Cómo voy a tirarlo todo por la borda ahora?”. Se nos olvida que 1) No somos eternas 2) La vida solamente va en una dirección: hacia adelante y 3) No estamos obligadas a seguir siendo siempre la misma versión de nosotras mismas solo porque un día tomamos una decisión. A todo este pastel se le suma el miedo al qué dirán, que es un miedo bastante absurdo, la verdad, y también muy eficaz para mantenernos quietas, estancadas, clavadas. Y, por supuesto, está el miedo a la inestabilidad, especialmente la económica. Y la duda, ese pensamiento de “¿y si me equivoco?, ¿y si lo que tengo ahora es lo más seguro que consiga después?” En toda esta diatriba se nos olvida el factor más importante: el objetivo es estar más a gusto que la hostia en nuestra propia vida. Honrar el privilegio de estar vivas que, por cierto, no sabemos cuánto va a durar. Curiosamente, casi siempre creemos que el gran peligro es cambiar. Que lo arriesgado, lo loco, lo insensato es intentar algo nuevo. Que lo que puede llevarnos al arrepentimiento es movernos. Pero, amiga, existe otro arrepentimiento mucho más frecuente y mucho más cabrón: el de no haberlo intentado. El de haberte quedado demasiado tiempo en un lugar que ya no era para ti. De hecho, lo realmente majara sería no cambiar. Lo inaudito sería atravesar décadas de vida, experiencias, pérdidas, aprendizajes, descubrimientos, y seguir queriendo exactamente lo mismo que queríamos hace veinte años. Lo aterrador es que pasen los años y descubrir que te quedaste más tiempo del necesario en lugares que te encogían, que no probaste aquello que te hacía cosquillitas en los entresijos, que decidiste desde la supuesta prudencia, que en realidad solo era miedo. No tenías que haber sido sensata, sino VALIENTE. No podemos no tener miedo, menos mal, por otra parte. Lo que queremos es elegir qué miedo tenemos en cuenta a la hora de decidir: El miedo a cambiar o el miedo a no hacerlo nunca. Porque intentar algo y que no salga como querías puede fastidiarte, claro. Pero descubrir demasiado tarde que ni siquiera lo intentaste suele doler bastante más. P.D1.: en el último episodio de mi podcast, comparto contigo 4 claves para reinventarte después de los 40 (o los 50, o los 74). Puedes escucharlo aquí. P.D2.: Quizás te estés preguntando cómo lo hice para deshacerme de los miedos que he mencionado y atreverme a hacer todos esos cambios radicales en mi vida. A mí me costó mucho. No tenía referentes, no sabía qué preguntas hacerme ni por dónde empezar. Fui probando, equivocándome, aprendiendo sobre la marcha hasta entender algo importante: reinventarse no tiene tanto que ver con dar saltos al vacío, sino con entender bien qué quieres ahora, qué te está frenando y cómo empezar a moverte con criterio. Con los años he ido ordenando todo lo que aprendí en mis propios procesos de cambio:
  • Cómo detectar qué parte de tu vida ya no encaja
  • Cómo identificar talentos y posibilidades que quizás nunca te habías planteado
  • Cómo tomar decisiones sin que el miedo o el qué dirán lo decidan todo por ti
  • Cómo construir una vida que tenga más sentido para ti ahora, también en lo profesional.
Todo eso es lo que he sistematizado en REINVÉNTATE. Si este texto te ha removido y llevas un tiempo sintiendo que quizá ha llegado el momento de replantearte algunas cosas en tu vida, de hacer cambios importantes en cualquier ámbito, REINVÉNTATE es para ti. Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición de REINVÉNTATE: “Di muchas vueltas antes de comprar el curso y me alegro infinito de haberlo hecho. El contenido está super bien estructurado, está lleno de herramientas y ejercicios que van directos al meollo. Merece muchísimo la pena el dinero y el esfuerzo invertidos.” “Me ha merecido la pena 100%. Creo que me ha aportado herramientas fundamentales para crecer. Es un dinero y un tiempo muy bien invertido en mí misma. Me ha aportado màs de lo que me ha costado.” “Es la mejor inversión que he hecho en formación pues me ha aportado lo que necesitaba, las preguntas que Sol hace son clave para indagar en una misma, con una estructura y foco, además la forma en la que está estructurado ha facilitado economizar tiempos.” Abriré las puertas del 2 al 13 de abril. Tendrás el contenido disponible de por vida. Puedes hacerlo a tu ritmo.

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