Mi Yo del Futuro me ha dicho que necesito estas 3 cosas

Sol Aguirre
lunes, 27 abril
Hace unas semanas te contaba que cada mañana, nada más despertar, hago una visualización: bajo una escalera de caracol vestida con una alfombra blanca de lo más divina, abro una puerta y me encuentro con mi Yo del futuro en una casa preciosa. Esa Yo de edad indeterminada es una tía sabia y segura de sí misma a más no poder. Chorrea calma por sus cuatro costados.
Cada mañana, le pregunto a esa Yo futura qué he de hacerme para disminuir la distancia que existe entre nosotras. A veces me suelta reflexiones profundas, otras me regala una piedra feísima sospechosamente parecida a las que venden en Tiger, pero hace unos días, en lugar de ponerse mística, fue de lo más directa.
Me miró y me dijo: necesitas tres cosas.
Orden. Merecimiento. Rituales.
Nada más. Y nada menos.
La verdad es que me encantó lo que me dijo, porque me gusta lo concreto. Claro, que luego yo tuve que interpretar esas tres palabras. Profundizar. Entender por qué y para qué había elegido esas y no otras.
Las Yoes del futuro te dan pistas, pero no te solucionan la vida, eso lo tiene que hacer una. Asi que me puse manos a la obra y lo que entendí fue esto:
Lo primero que necesito es orden. La verdad es que esto es algo que se repite mucho en mis páginas matutinas. Y no es que sea desordenada, pero siempre podemos mejorar, enfocarnos en algo en concreto.
Yo quiero orden en casa, en la cabeza, en la vida. Pero no como herramienta de encorsetamiento y rigidez, sino todo lo contrario, como manera de encontrar la calma y el descanso.
Porque el desorden no es solo estético, es mental, es emocional. Es ese cajón que no abres porque sabes que dentro hay caos. Es esa lista interminable de cosas empezadas y no terminadas. Es tener tantas ideas que te hierve la cabeza. El desorden ocupa espacio, pero sobre todo ocupa energía. Y lo que me decía mi Yo del futuro, con esa calma suya tan gloriosa, es que no necesito hacer más, sino menos. Soltar, ordenar, decidir. El orden no te quita libertad, te la devuelve.
Lo segundo: merecimiento. ZASCA. Porque mira que yo os hablo de merecimiento y mira que he avanzado en este aspecto, pero es que siempre hay camino que recorrer. Y la verdad es que, si me observo, hay veces en las que claramente siento que no merezco: descansar, liberarme de responsabilidades que son de otros, cambiar rutinas que ya no me favorecen. Pasar de todo un poco más.
El merecimiento no es el premio por hacer las cosas bien. Es el punto de partida. Es lo que te permite empezar a hacerlas. A vivir como quieres vivir.
Y lo tercero: rituales. No hábitos productivos, no rutinas perfectas de esas que salen en Instagram de gente que se levanta a las tres de la mañana. Rituales. Esas pequeñas cosas que se repiten y que te ordenan por dentro. Mis páginas matutinas, mis paseos, mis estiramientos, mi té mirando por la ventana. Cosas que no parecen importantes, pero que lo son, y mucho, porque son una parte enorme de la persona en la que me quiero convertir.
Porque los rituales apagan el ruido, crean estructura, le dicen a tu cerebro que estás a salvo.
Esas tres cosas no son objetivos, sino condiciones.
Sin orden en el sentido más amplio de la palabra, no hay espacio para poder crear (proyectos, ilusiones, la vida que quiero).
Sin merecimiento, no me voy a dar permiso para todo lo anterior.
Sin rituales, no voy a tener la solidez y la calma para sostener todo eso.
Con el tiempo, y gracias a mi Yo futura, voy entendiendo que ser quien quieres ser no tiene que ver con revolucionar la vida a lo loco, sino con crear los contextos para ir inventándote poco a poco.
Cuántas veces nos enroscamos en lo grande, en lo inalcanzable. Hoy, de parte de tu Yo futura, te invito a que, en lugar de preguntarte qué tienes que hacer con tu vida, te preguntes esto: ¿qué necesita la mujer en la que te quieres convertir?
Y hazle caso, aunque te pida algo tan poco espectacular como ordenar un cajón, descansar sin culpa o tomarte un té mirando por la ventana.
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Un abrazo,
Sol
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