Decir(me) que no

Sol Aguirre
lunes, 08 junio
Decir que no a lo que me disgusta, a lo que me drena, a lo que me agrisa. A lo que me aleja del lugar que quiero ocupar en el mundo y de la persona en la que me quiero convertir. No a quien me empuja y no a lo que me aprieta, a lo que me frena, a lo que me aplasta y a lo que me pesa . A quien me grita, a quien pretende abusar.
Aquí no, conmigo no.
No a quien, en lugar de intercambiar, usa. A quien no me escucha, a quien no me ve.
No a lo feo, a lo mediocre, a lo ruidoso, a lo caótico y a lo desequilibrado. A la incoherencia, a la cobardía, al engaño. No a quien crea un trecho enorme entre lo dicho y lo hecho.
No a soñar pequeño.
Decir que no a la postergación, al estancamiento, al victimismo, al pesimismo, a la pesadez, al conformismo y a la resignación. Al pez que se muerde la cola por los siglos de los siglos. No a la queja continua sin voluntad de solución.
No al sufrimiento. No al interés ese de Andrés, a lo hueco, a lo falso. No a los clavos ardiendo, a las soluciones rápidas que ni son solución ni son nada. No a la guarnición que oculta lo realmente importante. No a los vendehumos que se aprovechan de la vulnerabilidad ajena.
No a los trucos, sí a la magia, claro.
Decir que no a la envidia y al miedo a la envidia, a la crítica destructiva, a la excusa, a la paja en el ojo ajeno. Al qué dirán. No a la pereza, a la rendición, a la dejadez, a la inercia, a la sumisión, al agotamiento, a la culpa. No a saltarme la disciplina que me hace libre. Al egoísmo y al egocentrismo, a la prepotencia. Al desorden, el de fuera y el de dentro. A la suciedad, la de fuera y la de dentro.
Decir que no a aguantar, al “me compensa”, a la deriva consecuencia de no agarrar el toro por los cuernos. Decir que no a lo que me apetece ahora mismo para que mi Yo del futuro me dé las gracias por lo que he hecho con su tiempo, con sus ilusiones y con sus talentos. No a la tozudez, al orgullo malentendido.
No a la evasión que acompaña a la inconsciencia, a la irresponsabilidad para con una misma.
Decir que no a meternos en cajas que son ásperas y nos encogen, no a esa zona de confort que no es cómoda sino asquerosa. No a lo que toca ahora, a lo que todos hacen, a lo normal (que no es normal, sino común). No a las comparaciones odiosas, sí a las que inspiran y expanden.
No a entregar nuestro poder para que otros decidan cómo vivimos. No a la seguridad y la estabilidad que vienen de fuera, porque son mentira y nos cuestan nuestra libertad. Y libres es todo lo que queremos ser. No a lo malo conocido, qué barbaridad, con todo lo bueno que hay por conocer. No a la tacañería, mucho menos con una misma. Qué ordinariez.
Decir que no a quien se cree más que tú, a quien pretende lucrarse de tu trabajo, de tu esfuerzo. Pero de qué vas.
No a desaprovechar el privilegio que es estar viva. No a dejar que los días pasen sin ponerles intención, con lo escaso que es el tiempo.
Decir que sí a todo lo que hace que la vida valga la pena.
P.D.: si quieres compartir este artículo (gracias de antemano), por favor, incluye el enlace. Le haces un favor a quien quiera leerlo y a mí.
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- Justificas ante los demás tus decisiones constantemente
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- Te cuesta diferenciar entre lo que quieres y lo que se espera de ti.
- El no estar a gusto en una situación no te parece razón suficiente para salir de ella
- Sientes culpa cuando te priorizas
- Te adaptas a los demás constantemente y acabas agotada o resentida
Y lo que quieres es…
- Despertarte cada mañana con claridad sobre lo que quieres, sin el peso de la confusión constante
- Tomar decisiones con seguridad, desde la conexión contigo misma, no desde la aprobación ajena
- Darle la suficiente importancia a tu voluntad como para trabajar por lo que TÚ quieres y abandonar lo que ya no quieres
- Sentirte libre y disfrutar del tiempo que te dediques
- Defender lo que quieres ante ti misma y ante los demás, sin necesidad de justificarte constantemente
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