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1000 cosas (más) que me gustan

Sol Aguirre

lunes, 13 julio
Extrañamente, escribo este texto dos días antes de que lo leas, querida suscriptora. No suelo dejar tan poco margen, soy una obsesa de la antelación. Hoy me alegro de que así sea, porque tengo la sensación de estar hablando contigo a tiempo real, contándote mis cositas en el momento en el que me están pasando. Por si te sirven, claro. Por si llegan a algún lugar de tus entresijos y te ayudan a vivir mejor, a reconectar contigo, a sentir calma. No voy a darte más la vara con las semanas apáticas que he pasado y con cómo he remontado, lo tienes todito en los artículos anteriores a este. Lo que sí quiero traer hoy aquí es que ese proceso me ha arrastrado a reconectar con partes de mí que hacía tiempo que no visitaba. Además, cierra la librería “Amapolas en octubre” y eso me ha llevado a un maremagnum de emociones y de reflexiones sobre las que te voy a escribir muchísimo cuando repose esta tristeza, esta orfandad. Y este orgullo. Porque yo estoy tristísima, pero eso no quita que Laura haya demostrado un criterio glorioso a la hora de decidir lo que quiere hacer con su vida. Ese acierto suyo y aquel agrisamiento mío han despertado en mí unas ganas muy grandes de disfrutar mucho, de ser mucho más sabia, más ligera. De celebrar cada segundo de cada día. Por eso he retomado la lista de las mil cosas que me gustan, ese reto que comenzó por casualidad en Instagram y que nos ayuda a centrarnos en lo positivo y llevarle la contraria a este cerebro nuestro tan cenizo. A conocernos mejor. A lanzarnos sobre todo eso que, ahora sí, sabemos que nos enciende por dentro. Me gusta despertarme temprano y que la luna llena me mire desde mi ventana. Que en estas montañas mías, el fresquete del amanecer me deje ponerme una rebequita en plena ola de calor. Qué gusto, madredelamorhermoso. La vela de Mandarina de Zara Home. Escuchar a Bruno Mars. Ir al cine sola y comerme un Crunch. O DOS. Esta canción, que huele a verano, a amigas, a alegría. El poema 20 de Neruda. Leerlo una y otra vez. “(…) Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y estos sean los últimos versos que yo le escribo”. El vídeo de “Living on a prayer” de Bon Jovi. Qué guapo Jon, con esos pelos, con otros pelos, sin pelos. Voy a verles en septiembre y no quiero ni pensarlo, porque me pongo muy nerviosa. Esta foto:
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Mi estantería-librería, porque me he vuelto loca, inspirada por mi Amapola y he dicho “Si ella es capaz de cerrar esa librería que no es una librería que es un templo, yo voy a donar o tirar todo lo que tengo ahí que no tiene que ver ni con mi presente ni con mi futuro”. Y ya están metidos en cajas los cien DVD´s, los doscientos CD´s, tres bolsas de basura llenas de papeles. Cosas que no he mirado en AÑOS. Dejar espacio a todo lo nuevo que está por venir. En la estantería y en mi vida. Darle las gracias a lo pasado y dejarlo ir. No puedo convertirme en la persona que quiero ser si todo lo que veo me recuerda a la que fui. Bye bye. El orden: en los muebles, en mi cabeza. Volver, por fin a inventar ilusiones: que me voy con mis amigas a los Cotswolds después de mirar esas casitas ideales durante años en Instagram. Vaya septiembre me espera. OLE CON OLE. El prota de “Off Campus”, que sí, que podría ser mi hijo, pero que no lo es. No se puede estar más buenorro. No he acabado la temporada, porque necesito concentrarme en cosas de curro y os juro que me quedo atontada dos horas después de cada episodio. Ya, igual estás pensando en desuscribirte de esta Newsletter. Me parecería muy razonable, la verdad. El momento de “El jardinero fiel” en el que Rachel Weisz le dice a Ralph Fiennes “You can learn me” (pienso tatuarme esa frase). Caminar descalza. Con mi pedicura roja impoluta. La nostalgia en su punto justo que, para mí, es esa que provoca una sonrisa. Las películas en las que sale Nueva York en todo su esplendor. El primer episodio de la primera temporada de “The Morning Show”, quizás lo he visto treinta veces. El resto de la serie es brutalmente buena, pero ese episodio es cósmico. Convertir un sitio en MI sitio. Un bar, una librería, un banco frente a un puente en Central Park. Un valle entre montañas. Los spas. Meterme en un jacuzzi a 84 grados durante horas. No me verás en la piscina fría, NI DE COÑA. Contrastes, los justos. Los canelones con MUCHÍSIMA bechamel. La sobrasada (ahora que lo pienso, llevo meses sin comer, lo soluciono en 3, 2,…) Menos mal que también me flipan el brócoli y las acelgas hervidas. Que mi planta viejísima me haya regalado dos hojitas nuevas después de años sin decir ni mú. Qué bonica. Ella también ha retomado las ganas, parece. Compartir con Paulo publicaciones de Instagram en las que sale gente que canta increíblemente bien. Compartir con Mabel escenas de telenovelas de los 90 con personajes que tienen nombres larguísimos y que están totalmente desquiciados. Compartir con Estel fotos de hoteles preciosísimos a los que iremos algún día, PALABRITA. Ver a mis hijos la mar de contentos, cada uno con lo suyo, que es que no pueden ser más diferentes, los tíos. Que me cuenten sus historias (claro, que me encantaría saber cuáles son las que no me cuentan). Vancouver, estuve dos días el año pasado y tengo unas ganas muy locas de volver. Está lejos de cojones, así que estoy pensando pirarme todo el verano próximo para amortizar las horas de vuelo y de jetlag. ¿Alguna de por aquí que viva por allí? Para que me cuente cosas. Somos una comunidad de lo más internacional. Bailar como una enajenada. Y llevo tiempo sin hacerlo, pero lo soluciono ya mismo, gracias al cumple de una amiga. Puede que el 25 de julio me tengan que escayolar los pieses por destrozo masivo, pero no me importa. Y me gusta leer esto que escribo, confirmar que la chispa ha vuelto, que me den ganas de aplaudir ante cada párrafo. Inventemos ilusiones, amigas, porque es lo que diferencia a las vivas de las supervivientes. Este texto no termina aquí, porque me fascinará que escribas en comentarios las cosas que te gustan. Así nos inspiramos las unas a las otras, así ayudamos a quiénes quizás, ahora mismo, no sean capaces de crear purpurina y lentejuela. Si esa eres tú, respira. También esto pasará. Feliz sábado, Sol