Ay, la envidia…

Sol Aguirre
lunes, 30 septiembre
No recuerdo en qué artículo, pero seguro que he escrito antes sobre la envidia, porque es algo que me causa cierta curiosidad, creo. Soy consciente del daño que causa a las personas que la sufren y también a aquellas que temen la envidia de los demás. No acabo de entender ni lo uno ni lo otro, porque no envidio a nadie y porque, la verdad, las envidias ajenas solo me sirven como bandera roja. Por ahí no, amiga, por ahí no.
Pero yo no estoy aquí para entender, sino para compartir cosas que a mí me sirven con tal de anclarme a mi bienestar el máximo de tiempo posible, por si a otra la ayudan. Así que vamos allá.
Lo primero será saber qué narices es la envidia y aquí he decir que usamos un poco mal la palabra, porque muchas veces decimos AY, QUÉ ENVIDIA, cuando lo que estamos pensando es que nos encantaría estar ahí, sentirnos así, tener eso, pero sin querer que el que lo está disfrutando deje de hacerlo. No nos jode que el otro se lo esté gozando, sino el no estar nosotras ahí. Eso no es envidia, es ser una humana normal, siempre que no pretendas estar en todas partes, sentirte de todas las maneras, tenerlo todo.
La envidia es sentirte mal porque otro tenga éxito, porque otro tenga tal o cual cualidad o talento, tanto dinero, una casa así o asá. Lo que sea. El envidioso envidia hasta lo que no conoce. Un desastre, la verdad.
¿Cómo podemos detectar al envidioso? Hace comentarios despectivos, críticas, minimiza lo que otros consiguen diciendo que es por suerte… ¿Te suena? A mí sí, tengo unas cuantas cuentas bloqueadas en Instagram por rollos de estos. Y unas cuantas personas bloqueadas en la vida por rollos de estos. Con la de personas que se alegran de lo bueno que te pasa más que tú… Para qué juntarte con los del lado contrario.
Ahora que tenemos al envidioso retratado, vamos a por ese miedo irracional (como casi todos) a que nos tengan envidia. Ese miedo puede limitar nuestra vida sin que nos demos cuenta: minimizamos nuestros éxitos, nos autoboicoteamos para no lograr lo que deseamos, no compartimos nuestras alegrías. A ver si así los envidiosos no nos ven. Nos sentimos culpables por brillar, como si tuviéramos que escondernos, como si tuvieran la capacidad de hacernos algún daño.
Recuerda que no te joroba el que quiere, sino el que puede.
Y apagándote la única que te está haciendo daño eres tú.
El miedo a la envidia ajena, en realidad, conecta con nuestra necesidad de pertenencia y aceptación. Si creemos que nuestro brillo genera envidia, resentimiento, críticas, preferimos andar de puntillas, nos negamos a sobresalir, y eso no puede ser.
El primer paso para liberarnos de este miedo (vamos al turrón) es reconocer que la envidia de otros no tiene NADA que ver con nosotras. El envidioso envidia a todo el mundo, todas las cosas, en cualquier circunstancia.
Es un insatisfecho crónico. Un coñazo de persona.
Lo de siempre: no podemos controlar lo que los demás sienten, pero sí podemos decidir cómo reaccionamos nosotras.
Y nosotras hemos venido al mundo a triunfar, a deslumbrar, a comportarnos como las Diosas del Olimpo Vikingo que somos.
Si conseguimos ver la envidia como un síntoma de la carencia interna del otro, dejaremos de tomarla como algo personal. La clave está en entender que no somos responsables de los sentimientos ajenos, y que nuestro deber es mantener el compromiso con nuestra divina persona y no encogernos, sino expandirnos. Si a alguien le incomoda tu grandeza, el problema es suyo.
Celebrar nuestros logros con humildad, y también con orgullo, es ser libres. Y libres es todo lo que queremos ser. No estamos aquí para que el de enfrente nos escupa sus frustraciones, sino para aplaudirnos a cada paso.
Feliz sábado.
P.D.: si te apetece compartir este texto, yo te lo agradezco a granel. Si añades el enlace del artículo le haces un favor a la persona que lo quiere leer y a mí también.
P.D.2: pasado mañana y solo hasta el 6 de octubre se abren las inscripciones para mi nuevo programa REINVÉNTATE y estoy tan nerviosa como ilusionada. La siguiente edición será, como pronto, a finales de 2025.
He decidido que, cuando termine REINVÉNTATE, el 29 de enero, me voy a tomar una pausa larga para afilar el hacha, para nutrirme, para aprender sobre asuntos que luego compartiré contigo. Para ir al fondo de esto que soy, porque es la única manera de luego hacer el mejor trabajo posible.
Te dejo aquí toda la información sobre REINVÉNTATE 2024. Ya tengo todos los módulos listos, han quedado redondos, la verdad:
En el 1º hablaremos de 3 claves que para mí han sido imprescindibles a la hora de transformar mi vida a todos los niveles
En el 2º veremos cuáles son los factores que hemos de tener en cuenta a la hora de crear una mentalidad que nos impulse en lugar de frenarnos
En el 3º vamos a hablar en profundidad de talentos. Qué son, dónde los podemos encontrar, para qué es TAN importante saber cuáles son. Elevaremos el dron y bucearemos en nuestro eje a base de bien.
En el 4º definiremos lo que es realmente la marca personal, cómo descubrir la nuestra (porque todas la tenemos) y cómo gestionarla a nuestro favor en todos los ámbitos de la vida, no solo en el laboral.
En el 5º os contaré cuáles son las bases de mi tranquilidad financiera.
En el 6º conoceremos esquemas y patrones útiles para diseñar una vida en la que nos queremos quedar
En el 7º vamos a por el plan de acción, porque por mucho que pensemos y que diseñemos, si no hacemos, no hay cambio ni reinvención.
En el 8º vamos a dedicarnos a profundizar sobre eso que más os interese. Me apetece que esta formación sea algo vivo, que se adapte a vuestras necesidades lo máximo posible.
- Tras las sesiones teóricas, que serán cada sábado, empezando el 12 de octubre, habrá una sesión en directo (quedará siempre grabada) para solventar dudas e inquietudes
- La última sesión está programada para el 29 de enero. Tendremos dos sesiones de revisión al cabo de 3 meses y al cabo de 6.
- Estarás en contacto (si te apetece, mediante Telegram) con otras mujeres que tienen tus mismas dudas e inquietudes, que están en el mismo momento vital que tú. No hay nada más poderoso para impulsarnos que el entorno trampolín
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