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¿CANSADA DE TOMAR DECISIONES? Estos son mis 3 trucos para solucionarlo

Sol Aguirre

lunes, 01 diciembre
Estoy harta de decidir. Tengo el cerebro cansado. A veces me gustaría que otros decidieran por mí: en el trabajo, en casa, con mis hijos. Luego se me pasa, porque sé que la libertad está hecha de todas esas decisiones pero, joder, necesito un respiro. Este pensamiento lo tengo, recurrentemente, cada mes. A veces, cada menos. Según cómo se ponga de intensita la vida. No nos damos cuenta, pero tomamos TANTAS decisiones al cabo del día: ¿qué desayuno? ¿llevo paraguas? ¿qué ropa me pongo? ¿qué hago de comer? ¿Cuándo hago esto y lo otro? ¿Cuál es la mejor manera de hacer esto y lo otro? Y eso antes de empezar la jornada laboral. Luego llegan las decisiones del trabajo, que son infinitas siempre, no te cuento si eres tu propia jefa: contestar o no ese mail, priorizar una tarea u otra, aceptar o no una reunión, delegar, revisar, volver a decidir, arriesgarme o quedarme como estoy. Cuando acaba el día, pongo directamente, “Downton Abbey”, sin plantearme otra cosa. Es bonito, con eso me basta, no quiero pensar más. A esto que me pasa a mí y que te pasa a ti (espero que poco) se le llama carga mental, y no tiene tanto que ver con hacer muchas cosas como con pensarlas todas. Es el peso invisible de planificar, anticipar, recordar, decidir y coordinar. Aunque en casa repartas las tareas (espero que mucho), seguimos siendo quienes pensamos qué falta en la nevera, cuándo hay que pedir cita en el dentista o qué regalo comprarle a la suegra. No es solo hacer: es tener la cabeza llena de recordatorios que nadie más parece tener en cuenta. Los síntomas de la carga mental son estos, que a mí me suenan mogollón: agotamiento aunque no hayas hecho nada físico, problemas para concentrarte, irritabilidad, sensación de que no llegas a todo, e incluso insomnio (no es mi caso, la verdad, soy marmota perdida). Esos síntomas no nos gustan NADA. Vale, pero la vida es como es, tenemos que comer, vestirnos, trabajar, así que, ¿qué narices hacemos? Yo es que me niego a vivir así. Por eso estoy generando estrategias para eliminar las mancuernas de 20 kilos que parecen vivir en mi cerebro. No se trata de huir de las decisiones (a estas alturas, ya me conoces, salir por patas no es lo mío), sino de simplificarlas. De decidir menos veces, básicamente. Aquí te dejo tres estrategias para reducir la carga mental y disfrutar más de la vida, amiga: 1. Agrupa decisiones. Tomar decisiones gasta energía, así que cuanto más puedas agruparlas, mejor. El batch cooking es el ejemplo clásico: dedicas dos o tres horas el domingo a cocinar lo de toda la semana y te olvidas de pensar “¿qué hago de comer hoy?”. Y de limpiar, que es algo que me mosquea muchísimo. Lo mismo con la ropa: el domingo preparo cinco conjuntos completos y los dejo en perchas separadas. Me encantaría tener un burro, pero no me cabe. Cada mañana es coger y listo. Puedes aplicar esto a otras áreas: planificar de golpe las citas médicas o los viajes o los gustazos o los planes de ocio o reuniones del mes. Lo que te ahorras con esto es brutal: menos decisiones diarias, menos estrés, más tiempo mental libre para lo que te dé la gana. 2. Crea rutinas fijas para lo que se repite. Hay decisiones que tomamos todo el rato: cuándo entrenar, cuándo limpiar, cuándo revisar las cuentas del banco. Si las conviertes en rutinas evitas tener que pensarlas. Por ejemplo, decides que el martes y jueves entrenas a tal hora, o que los viernes por la tarde revisas las cuentas. Cuanto más automatices, más descanso mental. Las rutinas no quitan libertad, te la dan. 3. Crea “decisiones predefinidas”. O sea: decidir una vez para muchas situaciones que sabes que se van a dar. Por ejemplo: “No acepto reuniones sin orden del día clara” o “No miro el móvil a partir de las nueve de la noche” o “No me subo a un avión o a un tren antes de tal hora o después de esta otra”. Son como normas personales que me evitan microdecisiones constantes. No estamos aquí para decidir mil cosas al día, sino para vivir bien con las que elegimos. Simplificar es autocuidarse. Es dejar espacio para ti, para lo que te alimenta, no para lo que te drena. Si tienes algún truqui más, comparte en comentarios, porfa.   P.D.: amiga, que me han vuelto a nominar, por tercer año consecutivo para ser una de las Top100 Mujeres Líderes de España. Flipo en colores. Un honor, un placer y una maravilla. Si te parece que algo lidero, que algo te cuento para que vivamos todas un poquito mejor, puedes votarme AQUÍ (a veces en el móvil da problemas, en el ordenador no). Mil gracias de antemano, querida. P.D2.: muchas veces, no necesitamos más motivación, sino más claridad. Es decir, si yo sé que voy a hacer esta tabla exacta, durante 25 minutos, los lunes, miércoles y viernes a las 8 de la mañana, es mucho más fácil que lo cumpla. Otras, no necesitamos más tiempo, sino más claridad sobre eso a lo que le dedicamos nuestra energía y eso a lo que no. Por ejemplo, si decides que en 2026 no vas a responder mensajes fuera de tu horario o que no vas a asumir proyectos que no estén alineados con tus valores, de repente no “aparecen” más horas, pero sí aparece más foco, más satisfacción, más sensación de que consigues más. En el último episodio de mi podcast te hablo de tres preguntas que para mí son indispensables a la hora de conseguir más claridad en el 2026 y en cualquier momento. Puedes escucharlo AQUÍ. Espero que te sirva. P.D3.: cuántas veces me pedís que os recomiende libros, pues hoy tengo uno clarísimo, “Las ventanas sin rejas”, la recién estrenada novela de mi querido Paulo G. Conde. Me consta que muchas estáis suscritas a su gloriosa Newsletter. Pues qué os voy a contar de su novela. He tenido el honor de leerla antes que nadie, me la merendé en dos mañanas. Qué capacidad la de Paulo para ver tres capas por debajo de la superficie, para dejarnos pensando horas después de acabar de leerle. ATENCIÓN PORQUE AHORA TIENE UNA OFERTA DE LANZAMIENTO QUE TERMINA MAÑANA, 30 DE NOVIEMBRE, Y OS RECUERDO QUE LLEGAN LOS REGALOS NAVIDEÑOS. ¿En qué consiste esta oferta?
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