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Reflexiones de una majara

Cosas que parecía que molaban, pero no (tanto).

Cosas que parecía que molaban, pero no (tanto).

Me estoy leyendo un libro superinteresante, habla sobre la felicidad, pero desde un punto de vista científico, nada esotérico. Y lo entiendo hasta yo que de ciencias ando fatal. El caso es que en un capítulo habla de cómo el cerebro se hace ilusiones con sucesos futuros y solo tiene en cuenta ciertos factores, ignorando otros que, básicamente, nos joderían el plan. Y, claro, lo que pasa es que llega el momento y “Ay, la hostia, que estoy no es lo que yo me imaginaba”. Al leerlo me han venido inmediatamente uno cuantos ejemplos a la mente:

Vivir en el campo.

Uno piensa en ese paisaje al amanecer, en el silencio, en el aire puro y en lo chulo que es hacer tarta de zanahoria.

Y te mudas.

Y al cabo de dos meses estás del paisaje hasta el chirri y te mueres por irte a un cine en V.O, irte de tiendas y bajar a la cafetería de al lado de tu casa y ver gente. Y lo que es mejor, gente DESCONOCIDA, porque en el pueblo cercano a tu casa hay gente, pero en dos meses los has conocido a todos y, lo que es peor: ellos te han conocido a ti. Saben qué coche llevas, dónde trabajas, quién es tu pareja y si repites vestido esta semana. No has hecho ni una puñetera tarta de zanahoria porque no te gusta cocinar, ni en el campo,  ni en la ciudad, ni en Marte. Para colmo, el súper más cercano está a tres kilómetros. Y aquí no hay Deliveroo, joder.

Hacer de madre.

Sí, sí, porque una cosa es SER madre y otra HACER de madre (ya entraremos más a fondo en otro post). Ay, qué bonitos los bebés. Y esa ropita tan mona y lo bien qué huelen. Ay, cuando empiezan a hablar o cuando te sueltan la primera sonrisa. Que dicen que es sacrificado, pero tampoco será para tanto cuando la gente repite.

Y tienes hijos.

No duermes durante meses o años, dependiendo del caso. La ropita hay que lavarla y no veas cómo caga tu vástago, que llena de mierda hasta el cuello de los bodies. Tienes los pezones que parecen hamburguesas de tanto amamantar. Y crecen. Y te pasas el día repitiendo LO MISMO diez mil veces al día: recoge tu habitación, cierra la boca al comer, haz los deberes, no te pelees con tu hermano, lávate los dientes, no te levantes de la mesa. Y así hasta el final de los días. De los tuyos, al menos.

Follar en el mar.

Jo, en las pelis queda tan bien. Uno es tan ligero en el agua. Los cuerpos húmedos…

Y sí, eres tan ligero que flotas, que la fuerza de la gravedad no actúa y encima no tienes punto de apoyo, con lo cual lo de la “inserción” se dificulta. Si hay un poco de oleaje, pa qué queremos más. Esto es más difícil que hacer un pleno al quince. Por no hablar de que la sal te deja aquello más seco que la mojama. Si decidís ir a la arena, dos temazos: el primero, casi mejor que no haya gente, por aquello de las denuncias por escándalo público. Si no hay, es probable que sea de noche o casi. Atención a los mosquitos, porque LO VAIS A FLIPAR.

Disneyland.

El parque de los parques. El sueño de todo niño y también de los mayores. Porque sí, habrá que hacer cola, pero es tan divertido, tan bonito, tan…

Y vas a París.

Alguien se me adelantó, pero yo quiero hacer especial mención a los cuatro días más horribles que recuerdo ahora mismo en toda mi vida. No eran solo las colas de hora y pico para atracciones de tres minutos. Era la mierda de comida, la gente maleducada, los niños dando por culo, el asco de clima que tienen en esa ciudad, lo carísimo que es todo, que del ascensor a la habitación del hotel había que caminar DIEZ MINUTOS, que no hay NADA alrededor. Para rematar:

-Hijos míos, ¿qué es lo que más os ha gustado de los parques?

-Los patos del lago y la piscina del hotel, mami.

Convertirte en adulto.

Qué bien poder tomar tus propias decisiones, emanciparte, trabajar y ser independiente económicamente. No tener que dar explicaciones. Ser una tía madura seguro que es LA HOSTIA.

No os voy a engañar. A mí, lo de hacerme mayor me pareció siempre una tremenda mierda, pero mis compis del cole estaban locas por cumplir los veinticinco.

Y cumples los veinticinco y no hace falta que os cuente mucho más. Lo de tomar decisiones es una putada supina, lo de la independencia económica es siempre relativo, por aquello de pasar de depender de tus padres a hacerlo del banco y lo de la emancipación, matas por un plato de lentejas de tu madre.

  Hasta aquí mis cinco cosas que parecía que molaban y luego no tanto. Por favor, no os cortéis, amiguis. Contadme las vuestras.    

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