Del estrés positivo y la importancia de un buen par de tetas

las claves de sol

Las necesidades y las tetas.

El otro día una amiga me contaba que no entendía por qué su madre, con 70 años y tras una mastectomía, se iba a reconstruir el pechamen. Qué necesidad, a esa edad, otra operación más. Y es que tendemos a pensar en la edad como algo independiente de nosotros, pero no de los demás. Yo quiero sentirme bien con cuarenta y seis, igual que con veinte, o quizás más. Y si continúa esta tendencia, a los setenta me ocuparé aún más de mi persona. Pero cuando hablamos del de enfrente no nos damos cuenta de que ahí dentro hay ilusión, ganas de renovarse. Porque el partido termina cuando suena el pitido final, nunca antes. Y así debe ser. Y esa madre de setenta está convencida de que será más feliz con su par de hermosas tetas, ni más, ni menos. Y si con treinta, con cuarenta o con ochenta decido tener las tetas más grandes, me someto a un aumento de senos. Si eso es algo superficial o no, a nadie le importa. Seamos libres para descubrir cuales son nuestras necesidades, qué es lo que es importante. Tener tetas, aprender a meditar, correr una maratón, vivir en el campo, vivir en Nueva York, hacer un safari, adelgazar diez kilos, engordarlos, un tatuaje, nadar desnuda en el mar, tomar una cerveza fría. Que eres tuya, solo tuya.

Vogue Business

Gloria al cielo, Aleluya, que al fin una revista femenina incluye una sección de negocios. Sí, amiguis, por fin se han dado cuenta de que, para comprarnos bien de potingues y bien de trapos, tenemos que trabajar y, de hecho, lo hacemos. Como las loquis, además.  Os animo a que le echéis un ojo a la web porque encontraréis artículos la mar de prácticos: información sobre becas, consejos para emprendedoras, o cuál es la importancia de poseer una marca personal son algunos de los temas que encontraréis. No, Vogue no me paga, más quisiera. De hecho, me cobra, pero es que me ha dado una alegría muy grande esto de que nos traten como a seres productivos y no meramente ornamentales y tenía que compartirlo.

El estrés positivo

Cada miércoles, a las 21.30, hago un directo de Instagram tratando temas que vosotras me habéis comentado en alguna ocasión. Esta semana tuve un invitado muy especial: Ángel López. Mi Tru, mi amigo del alma, que dejó su trabajo de ejecutivo agresivo para estudiar psicólogia positiva, educación socio-emocional y que, entre otras actividades, ahora se dedica a impartir talleres sobre estrés positivo. En el directo, aparte de descojonarnos vivos con mis anécdotas, hablamos de la importancia de estar presentes para diagnosticar inmediatamente cuando vamos a dejar que las emociones nos gestionen en lugar de gestionarlas nosotros. De lo importante que es entender cómo funciona nuestro cuerpo y nuestra mente para poder manejarnos y no dejarnos manejar. Porque nos pasamos la vida aprendiendo a conducir, a hacer funcionar la lavadora, a trabajar con programas informáticos, pero no tenemos ni puñetera idea de qué hacer con esto que somos. 

Hablamos de un libro llamado “Por qué las cebras no tienen úlceras”, que me pienso leer ya mismo. Y es que la cebra se estresa cuando ve al león, porque tiene que salir por patas y necesita ese caudal de sangre asalvajao que provocarán la adrenalina y el cortisol. La cebra corre como las locas para salvar su vida y, cuando el león atrapa a una de sus compis, ella y el resto del rebaño se relajan inmediatamente. Pasean y pastan. La cebra al hoyo y el resto al pasto. No se calientan el tarro pensando lo que podría haber pasado, si mañana volverá el león. Y es que quizás el león mañana tenga ganas de ciervo o de jirafa, para qué martirizarse. Yo, desde que escuché todo eso, solo quiero ser cebra.

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