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Reflexiones de una majara

Enrollarse con un tío casado (y otras muertes lentas)

Enrollarse con un tío casado (y otras muertes lentas)
Hoy me ha llamado mi amiga Cristina emocionada perdida. Se ha morreado con el tío que le gusta.

-Tía, tía, tía, tíaaaaaaaaaaaa cómo mola morrearse con uno que te gusta de verdad. 

-¿A que sí? Mucho más que con uno que encuentras por las calles.

-Que es lo que hago normalmente.

-Exacto.

Hasta aquí todo muy bucólico, amiguis, pero es que ese que le gusta a rabiar, que te mueres, que lo flipas, que es ideal, AYAYAYAYAYAYYYYY tiene un par de pegas:

  1. Está casado.
  2. Trabaja con ella (con mi amiga, no con la mujer).

Yo lo veía venir, porque Cristina me había hablado de este mozo y yo conozco a mis amiguis que son muy tremendas y muy incontrolables. También porque estas historias tienen SIEMPRE el mismo hilo conductor: empiezan con un tonteo inocente, un JIJIJUJUJAJA que pasa a no ser tan inocente, seguimos con unos comentarios picantes, luego vienen los besitos que son una tontería insignificante y ridícula y que han pasado solo porque era la fiesta de Navidad de la empresa e íbamos pedo, lo siguiente es una metida de mano furtiva, y la cosa siempre termina con un polvo descomunal.

Y otro.

Y otro.

Y otro.

Y ROMANCE AL CANTO.

Una vez metidos en harina nos encontramos SIEMPRE con la misma cantinela: que si va a dejar a la mujer, o que parece que no la deja porque ahora mismo no es buen momento (o porque él es así de buena persona, que es una excusa que a mí me alucina especialmente), o que no me importa porque él me quiere, que es que con la otra no fornica desde hace años, lo suyo es costumbre y lo nuestro amor del bueno y BLABLABLABLABLA.

Cristina ha hecho lo que tantas otras: meterse en la boca del lobo. Sin paracaídas, sin red y sin casco.

Nada es casualidad y hay MILLONES de tíos en el planeta que no están casados. Habría que preguntarse por qué a Cristina le gusta el Hombre Casado y no otro. No, no me vale que es el más encantador del mundo, que no hay otro como él. Nadie es único, aunque muchos se lo crean. Tampoco me trago ese clásico “Tranquila, que no no me cuelgo, no soy tonta”.

Ya, amigui, YA.

Le he dicho a Cristina lo que ella ya sabe porque es muy lista y porque la cosa tampoco es demasiado difícil.

Sal de ahí. Corre. Te hará sufrir. Te arrepentirás. A todas les pasa lo mismo. No te metas en ese sarao. Pues anda que no hay maromos. Contrólalo ahora que puedes. Es un tío infiel y lo sabes de antemano. No vale la pena.

Y luego otra vez. En bucle. A ver si así conseguía grabárselo en el cerebelo o en la materia gris o donde coño se guarden las cosas del querer.

Me he quedado yo pensativa al colgar con Cristinita. Masco la tragedia, Y DE QUÉ MANERA. El Hombre Casado se lanzó a morrearla sin cortarse un pelo y lo volverá a hacer y, ay madre mía, lo que tiran unos buenos lengüetazos. Y de la lengua a chirri hay tres palmos escasos.

Poco más puedo hacer para evitar la hecatombe, pero por si acaso, desde aquí hago un llamamiento a Cristina y a las que andáis como ella: pensad en el después, en todas las que ya han pasado por algo así, en la de lagrimones que se desperdician por no parar a tiempo. Con lo que mola la vida, pa qué autojodérnosla voluntariamente.

Ahí lo dejo.      

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