Esta es mi clave para ser disciplinada

Sol Aguirre
lunes, 16 diciembre
¿Cómo estás, querida suscriptora? Espero que el final del año te esté tratando como te mereces.
Yo quiero terminar el 2024 hablando del motor de todo lo que conseguimos o dejamos de conseguir, porque, para el 2025 nos quiero satisfechas y empoderadas perdidas.
El motor somos nosotras, claro.
Concretamente, el motor es el COMPROMISO con una misma.
Empecemos por el principio, que es definir el centro de mi diana, mi objetivo supremo. El mío es simple y potente: sentirme bien.
No solo hoy, sino también dentro de una semana, un mes, un año y el resto de mi vida (Ya, no todo depende de mí, pero soy muy fan de la estadística, es decir, de incrementar las probabilidades en la medida que pueda, que es mucha)
No dejo mi bienestar al azar o al capricho de lo de fuera, de otros, de la suerte; mi bienestar es cosa mía y nace de un compromiso férreo con esto que soy, con mis decisiones y con lo que quiero construir.
Ese compromiso es que el me regala el poder de decidir: lo que quiero, lo que no, cómo reacciono, cómo siento, cómo pienso, cómo actúo, cómo me relaciono.
La consecuencia inmediata del compromiso es el AUTOCONTROL, o sea, posponer el gustazo inmediato y breve a favor del gustazo posterior y duradero.
Es liberarme del impulso para abrazar mi voluntad.
El autocontrol hace que tenga muy claro a qué le digo que sí; sentarme a estudiar para aprobar ese examen que mejorará algún aspecto de mi vida, ponerme a currar para crear una formación que impacte en positivo y me regale plenitud y liberad económica, hacer deporte para tener un cuerpo sanote ahora y dentro de muchos años.
Y también el autocontrol me impulsa a decir que no a todo lo que me resta bienestar: a relaciones que me vacían en lugar de llenarme, a lugares en los que no estoy a gusto, a la queja, al conformismo, a la procrastinación.
Ese autocontrol es una práctica diaria, una disciplina que, lejos de oprimirme, me da libertad, porque me proporciona todo lo que quiero. Qué regalazo.
Quizás me estás leyendo y pensando, pero es que no sé por dónde empezar, porque no tengo ni idea de por dónde anda mi autocontrol, o mi compromiso, o mi poder, o la madre que lo parió.
Empieza por lo pequeño, porque nadie levanta cien kilos el primer día de gimnasio, le das a la mancuerna de cinco, con suerte.
Y luego la de seis. Y cada logro, por pequeño que parezca, refuerza la idea de que puedes confiar en ti, de que eres capaz de avanzar. De comprometerte. De autocontrolarte. De ser poderosa y libre.
De ahí, al efecto dominó: cuántos más compromisos cumplo conmigo misma, menos resistencias tengo que superar. La acción genera confianza, y esa confianza genera más acción. Del ciclo vicioso al círculo virtuoso que me mantiene en movimiento, hasta en días en los que no tengo ganas de nada. Porque la clave no está en esperar a tener ganas; la clave está en actuar desde el compromiso con tu divina persona.
Una de las prácticas que más me ha ayudado a mantener esta disciplina mía es hacerme preguntas tocanarices antes de tomar decisiones. Sí, ya sabes que soy fan majara de las preguntas. Por ejemplo, si estoy a punto de decidir si seguir adelante con una tarea importante o posponerla, me pregunto:
- Si hago esto, ¿qué me sentiré en la próxima hora, la próxima semana, el próximo mes?
- ¿Y si no lo hago, qué impacto tendrá en mí a corto, medio y largo plazo?
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