Hay gente que opina porque tiene boca

Sol Aguirre
lunes, 11 mayo
Vivimos en una época en la que todo el mundo opina sobre todo. Sobre política, sobre relaciones, sobre moda, sobre cómo debes trabajar, criar, vivir. Lo que nos faltaba eran las redes sociales.
Opiniones categóricas, muchas veces lanzadas con una seguridad que lo flipas y que, si rascas un poco, no siempre tienen sentido,
Y entonces aparece la gran pregunta, el debate: ¿todas las opiniones son igual de válidas? ¿Son todas respetables?
Hemos aprendido que opinar es un derecho. Y lo es. Pero a lo mejor nos hemos pasado de rosca y hemos confundido tener voz con tener criterio. Poder opinar con deber opinar. Y no es lo mismo. En absoluto.
El criterio no es tener opinión sobre todo. Es saber sobre qué sí puedes opinar y sobre qué no. El criterio no es hablar más alto que el de enfrente, ser más categórico, emplear palabras más técticas.
El criterio es pensar bien. Es tener capacidad para filtrar: lo que escuchas, lo que piensas, lo que dices y lo que decides.
Hay opiniones que nacen de la experiencia, de la reflexión, de haber dudado antes de afirmar, de obtener mucha información muy diversa, de contrastar.
Y hay otras que nacen de la prisa, del impulso, del copiar y pegar lo que hemos leído o escuchado sin cuestionarlo demasiado. De demostrar. Hay opiniones que buscan aportar y otras que solo buscan evitar el silencio, con lo necesario que es.
Antes de soltar cualquier asunto por nuestra boca, estaría bien que nos hiciéramos algunas preguntas:
Esta opinión mía…
¿Está hecha desde el conocimiento o desde la ignorancia?
¿Desde la curiosidad o desde la necesidad de tener razón?
¿Desde la calma o desde la emoción asalvajada?
¿Desde la intención de construir o desde la de atropellar?
Y ahora vamos al lado opuesto, no al que la emite, sino al que la escucha: no basta con escuchar una opinión, hay que preguntarse también, qué le pasa al que la emite.
Porque cuando no hay criterio, opinamos desde cualquier sitio: desde el enfado, desde el miedo, desde el ego, desde la necesidad de que me acepten, de que me aplaudan. Y entonces todo vale. Todo suena igual. Todo parece válido. Y, en mi opinión, no lo es.
Tengamos criterio al emitir y criterio al recibir.
Porque, si no has desarrollado un criterio propio, cualquier opinión te tambalea. O te hunde.
Sin criterio, te afecta lo que dice esa persona que no está viviendo tu vida, que no tiene tu contexto, que no se está jugando lo que tú te estás jugando. Que proyecta sobre ti sus miedos, sus frustraciones, su odio, sus mierdas.
Hay otro filtro que deberíamos aplicar, directamente relacionado con el lugar desde donde está emitida la opinión: la intención.
¿Para qué está hecha esa opinión?
No es lo mismo opinar para ayudar que opinar para impresionar. No es lo mismo compartir que imponer. No es lo mismo construir que destruir. Y muchas veces escuchamos cualquier cosa, dejamos que se nos cuele dentro sin habernos preguntado en ningún momento para qué me están diciendo lo que me están diciendo.
Y tendremos que preguntarnos, también (y aquí llega la incomodidad) si caemos en el vicio de opinar de todo también nosotras.
¿Opinamos de cosas sobre las que no sabemos demasiado?
¿Repetimos discursos sin haberlos pasado por el propio filtro?
¿Nos cuesta decir “no tengo ninguna opinión sobre esto”?
Yo creo que decir y decirnos “No sé” varias veces al día es una muestra de inteligencia, de humildad, de criterio, de respeto por una misma y por los demás.
No se trata de callarnos siempre, evidentemente, sino de afinar mucho lo que soltamos por nuestra boca y de elegir bien a quién escuchas. De construir el criterio suficiente para que solo se te cuele dentro lo que está dicho desde el lugar adecuado y con la intención correcta.
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P.D2.: si cuando ha aparecido la palabra “criterio” has sentido un pellizquito de incomodidad, porque quizás piensas que no tienes las cosas claras, porque a lo mejor hace tiempo que la inercia te atropella y andas un poco perdida, porque sientes que te has centrado tanto en el “tengo qué” que se te ha olvidado el “quiero”, tengo algo para ti: 5 ejercicios sumamente prácticos para reconectar con tu voluntad, para dejar de centrarte solo en las obligaciones y empezar a vivir desde la libertad de lo que SÍ QUIERES. Los tienes aquí, espero que te sirvan: quiero mis 5 ejercicios.
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