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La importancia de no tener las respuestas

Sol Aguirre

lunes, 21 octubre
Ayer tuve una conversación sumamente interesante con una chica que había viajado a Bután, el país con la gente más feliz del mundo según varios estudios. Me contó sobre lo diferente y peculiar que era todo en ese país donde la televisión no llegó hasta 1999, donde pagas 150 dólares al día para compensar la contaminación que provocas. Un país lleno de gente amable, agradecida, calmada. Cada mañana pasean por el bosque en una especie de meditación, sin prisas. El sentimiento de comunidad es enorme, hay vínculos sumamente profundos. Su rey es una persona cercana y sencilla a la que adoran. A priori, estas personas cumplen con todos los requisitos para ser felices a más no poder: relaciones de calidad, cero estrés, trascendencia… La chica me contaba, entre sorprendida y curiosa, que cuando le preguntaban si en Bután eran pobres no sabía qué responder. Obviamente, no disfrutan de muchas de las cosas que para nosotros son necesarias (o eso creemos). Pero tienen comida, un techo, personas que se cuidan las unas a las otras. Pero muchos de esos habitantes no tienen dientes porque la higiene bucal se conoce desde hace poco. Y los jóvenes se van a estudiar fuera y la mayoría no quieren volver. Curioso que no quieras quedarte en el país más feliz del planeta. Cuántas preguntas sin respuesta. Qué maravilla, porque eso nos regala un espacio enorme para reflexionar, para apartarnos del reduccionismo. Y reflexionar sobre la felicidad del otro es, inevitablemente, hacerlo sobre la propia y sobre lo que realmente es la felicidad. Si existe un concepto que abarque todas las felicidades del planeta. Esa respuesta la tengo clara: no. Y también tengo una opinión clara sobre algo. Repito, es opinión. La felicidad no lo es tanto cuando no conoces todas tus opciones, cuando no has visto bastante y te has quedado con lo que más te encaja. No conocer y escoger entre esto y esto mismo, para mí, no es felicidad. Volvamos a Bután por un momento: la felicidad en este pequeño reino se mide oficialmente por el “Felicidad Interna Bruta”, un índice que prioriza el bienestar espiritual y emocional sobre los logros económicos o materiales. Hasta ahí vamos bien. Cuántas veces habré escrito que la pregunta correcta no es ¿Qué quiero tener?, sino “¿Qué quiero sentir?”. Y ojo, que lo material nos puede hacer sentir cosas chulas, como libertad, diversión, tranquilidad. Unos dineritos en el banco nos hacen caminar con cierta calma por la vida, emprender proyectos, conciliar el sueño, sentirnos orgullosas por lo conseguido. Lo fascinante de este dilema sobre la felicidad es que nos enfrenta a nuestra propia incertidumbre. Cuántas veces buscamos respuestas para sentir que tenemos control y seguridad, pero la vida no siempre nos ofrece esa claridad. Y lo que es más importante, a veces, vivir en la incertidumbre nos permite reconocer que no existen respuestas absolutas, porque son subjetivas. Lo importante es tener TU PROPIA RESPUESTA ante preguntas como: ¿Qué es el éxito? ¿Cómo se alcanza la felicidad? ¿Qué significa vivir bien? Qué liberador es saber que no hay una sola respuesta. Cómo nos fastidia y nos cuesta tener que fabricar la nuestra, pero es que es la única manera de agarrar las riendas de nuestra existencia. Qué importante es observar para tener información y luego pasarla por nuestro filtro. La felicidad para algunos puede no significar tener bienes materiales, sino tener tiempo para meditar o disfrutar de la naturaleza. Y el hecho de que no entendamos completamente su visión del mundo no le resta valor a su realidad. Otra cosa es que pretendamos meternos en ese patrón cuando no es el que nos hace felices a nosotros. Al final, lo que importa no es tanto si las personas de Bután son felices o pobres según nuestras nociones preconcebidas, sino todo lo que podemos aprender de su manera de vida para cuestionarnos nuestras propias ideas. No tener todas las respuestas es un recordatorio de que el mundo es enorme, complejo y lleno de matices. Y quizás, en esa incertidumbre, en esa falta de respuestas definitivas, podemos encontrar una forma más auténtica de estar presentes, de ser honestas cono nosotras mismas y de entender tanto nuestra vida como la de los demás. Feliz sábado P.D.: hablando de felicidad, si sientes que necesitas retomar las riendas de tu vida, te dejo aquí el enlace a un audio de 30 minutos donde comparto contigo dos ejercicios sumamente prácticos para que agarres el poder sobre lo que te pasa.