La importancia de saber qué es lo importante

La semana pasada fui al estreno de “El crack cero”, la última peli de Garci. Id a verla y disfrutad de esos actores. En serio.

El caso es que allí coincidí con un amigo, director de cine, que desde hace años vive fuera de España. Como nos vemos poquísimo, siempre hay mucho que contar. Y, mientras empezaba lo de Garci, me comentó que su última peli ha tenido mucho éxito, que está feliz como una perdiz, que los canales privados estaban interesados en ella, que le ofrecían bastante pasta, pero claro, si se zampaba sus condiciones.

“Y para mí, Sol, lo importante es otra cosa”.

Donde otros se bajan los pantalones, él se los dejó puestos y con el cinturón bien apretado. Mi peli, mis normas, mis valores, mis principios, mis condiciones. Y si te gusta, bien. Y sí no, pues caminen.

No revelaré cómo acabaron las negociaciones, porque ese no es el asunto. El asunto es que todos deberíamos tener claro de qué está hecho el engranaje que nos mueve, qué es lo que realmente nos importa si dejamos de lado los adornos, las luces de colores y las opiniones ajenas. Hay gente que nace con la cualidad de discernir lo que sí de lo que no, cuyo eje se fraguó a base de una educación razonable y respetuosa con lo que uno es y no con lo que uno hace. Esos seres afortunados tienen el norte claro y la brújula afinada. Lamentablemente son los menos. Por suerte, todo se puede aprender, también lo importante.

Yo creo que la única manera de lograrlo es el silencio mental y no hablo de la meditación, que también, hablo de esos espacios en los que uno está solo y en paz, en los que no escucha ni ve a nadie más para así escucharse y verse a sí mismo. Fuera los juicios, las creencias heredadas. Lo importante nace de la acción, no de la reacción y para hacerlo bien hay que encontrar el interruptor correcto. Nada de lo que hagamos por rencor, venganza o envidia nos va a llevar a otro lado que no sea la frustración. No nos dejemos arrastrar por impulsos propios consecuencia de impulsos ajenos que encima son feos.

Dice más de nosotros lo que dejamos ir que lo que conservamos. La valentía de abandonar tesoros por los que otros babean, pero que para nosotros suponen un lastre, ya sea un sueldazo, el reconocimiento o una pareja. La capacidad de confiar en el propio criterio y, sobre todo, en la intuición, tan infravalorada y tan imprescindible. Ese cerebro de gato que tenemos en las tripas sabe más de nuestra vida que los que cuchichean ante nuestras decisiones. Démosle un altavoz a uno y cerrémosles el pico a los otros.

La inseguridad nos hace dudar: a mí me pirra la ciudad, pero el resto defiende que el campo es lo mejor del mundo; se van de vacaciones a la hamaca, pero a mí la playa me agobia; la maternidad es el cúlmen de la dicha y yo no quiero tener hijos.

Estoy loca, soy rara, me estoy equivocando, soy la oveja negra. Pero si analizas al rebaño, a cada uno de sus miembros, verás que muchos no decidieron estar ahí, simplemente decidieron no decidir. Las dudas, en un momento dado, les hicieron transitar por un camino marcado de antemano. Olvidaron abrocharse fuerte los pantalones, apretar el cinturón, ponerse tirantes de ser necesario. La marea les ganó la partida y eso es una mierda enorme, básicamente porque la vida no es un ensayo. Olvidaron la importancia de lo importante, que no nos pase lo mismo.

 

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Reinvéntate, chavala.

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Consejos, los justos.

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Hay 6 comentarios

  1. Paola

    Reuniendo el valor necesario para dar carpetazo. Gracias por poner palabras a situaciones propias y ajenas. Tus palabras llegan como agua de mayo.

  2. Laura

    A mí lo que me pasa a veces es que no sé diferenciar mi intuición de mi “basura mental” fruto de inseguridades, miedos… Ojalá existiera una brújula o algo así que te dijera “esto es intuición, síguela” o “esto es tu mente boicoteando, ni caso”.

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