Ir al contenido principal

La trampa de conformarse con lo mínimo: ¿Por qué no elegimos lo mejor que podemos permitirnos?

“Esto ya me sirve”, “No necesito más”, “Con esto ya estoy bien”. Frases que pronunciamos sin pensar, automáticamente, cuando hablamos de dinero, de tiempo, de lo que sea. A primera vista, podrían ser señal de pragmatismo, de plenitud. Pero no. La mayoría de las veces: NO. La mayoría de las veces, estas afirmaciones no reflejan una vida llena, sino una vida limitada. Las mujeres sufrimos una tendencia tremenda a conformarnos con lo mínimo. Normal, es lo que llevamos haciendo por los siglos de los siglos. Ese conformismo tiene raíces profundas a más no poder, llevamos obedeciendo a esas raíces durante cientos de generaciones Durante siglos, la “buena mujer” ha sido la que sacrifica sus necesidades, la que no pide demasiado, la que se contenta con poco. La abnegación como virtud. Un asco. Piénsalo: ¿cuántas veces has visto a tu madre, abuela o a otras mujeres con las que te has criado renunciar a lo que quieren? Estarás pensando que nunca dijeron lo que querían, que parecían no querer nada más de lo que tenían. Y eso precisamente es lo más peligroso: lo que no se pronuncia, lo que no sacamos a la superficie. A esta herencia le sumamos una cultura en la que un tío que da su opinión, que gana pasta, que es líder, que persigue sus objetivos es algo a admirar. Pero si a una mujer se le ocurre querer todo eso, probablemente el miedo a brillar, a la crítica acabe frenándola, convirtiéndola en la mitad de lo que realmente es y negándonos al resto de la humanidad el impacto que podría generar en nosotros. Buscar lo mínimo se convierte en un acto natural, nos encogemos para encajar en las expectativas sociales. Otro asco. Las consecuencias de este patrón son devastadoras cuando sistemáticamente elegimos lo mínimo que hay en lugar de lo mejor que podríamos permitirnos. Cada vez que hacemos eso, le estamos enviando un mensaje a nuestro inconsciente: “No merezco más”. Y ese no merecimiento se manifiesta en todos los ámbitos: en nuestras relaciones, en nuestros trabajos, en nuestra situación económica, en nuestro autocuidado. La autolimitación se convierte en una profecía autocumplida. No nos permitimos lo mejor dentro de nuestras posibilidades y perdemos la capacidad de imaginar y aspirar a algo mejor, a una vida grande y brillante. A una Yo grande y brillante. Nuestros horizontes se estrechan y la mal llamada zona de confort se convierte en una prisión de la que no sabemos que podemos escapar. Cuando creemos que no merecemos más, difícilmente vamos a crear las condiciones para crear abundancia y gustazo y nos volvemos unas expertas en racionalizar por qué no necesitamos o no merecemos más. Somos muy listas y lo demostramos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Detrás de este patrón se esconde otra creencia perniciosa: la postergación indefinida. “Ya habrá tiempo para disfrutar”, “Cuando termine esto, me daré ese gusto”, “Más adelante podré…”. Como si fuéramos eternas, como si nos pudiéramos permitir el lujo de posponer la vida. ¿Por qué no disfrutar de ese viaje ahora? ¿Por qué no invertir en esa formación que te mola en lugar de gastar en lo que no te hace crecer? ? ¿Por qué no sentarte ahora mismo a tomarte un té mientras escuchas tu canción favorita? ¿Por qué no decirle a tu pareja que ya no eres feliz, que quieres virar de rumbo? ¿Por qué no elegir esa chaqueta que te flipa, aunque cueste un poco más No estoy hablando de consumismo desenfrenado (la mayoría de los placeres reales son gratis) ni de irresponsabilidad financiera. Ni de ser unas egoístas de narices. Se trata de cuestionar el automatismo con el que nos conformamos, de preguntarnos, por fin: “¿Qué es lo mejor que puedo permitirme en este momento?” Esta pregunta cambia completamente la perspectiva y nos invita a contemplar no solo lo económico, sino también el valor del tiempo, la calidad de la experiencia, y el mensaje que nos enviamos a nosotras mismas. Puede que lo mejor que me puedo permitir ahora mismo es hacerme una taza de té y sentarme en mi sillón a leer en lugar de ponerme a planchar ropa de otros que viven conmigo y tienen una manita para coger la plancha. Puede que lo mejor que me puedo permitir ahora mismo sea irme a echar unas risas con mis amigas. Puede que lo mejor que me puedo permitir ahora sea apuntarme a clases de baile porque bailar me fascina y sé que útil es todo aquello que me da felicidad. Romper este patrón de conformismo heredado requiere que nos demos cuenta y que nos hagamos cargo. Empieza por observar cuándo aparece ese impulso automático de elegir lo mínimo. El mínimo tiempo de descanso, la chaqueta más barata, lo primero que pillo para comer. Cuestiónalo, no desde la culpa, sino desde la curiosidad y las ganas de convertir tu vida en la obra de arte que mereces. Pregúntate: “Si realmente me valorara, si me supiera merecedora de lo mejor de la galaxia ¿qué elegiría?” ¿Elegiría esta pareja, esta manera de pasar mis ratos libres, estos hábitos? ¿Qué sería de nuestras vidas si, en lugar de limitarnos, empezáramos a expandirnos? ¿Si nos preguntáramos constantemente “¿qué es lo mejor que puedo permitirme?” y tuviéramos los ovarios de actuar en consecuencia? A lo mejor descubriríamos que merecemos mucho más de lo que hemos estado dispuestas a reclamar. Si me respondes estas preguntas en los comentarios, inspiras a otras, gracias. P.D.: en el último episodio de mi podcast te hablo de cómo las mujeres le damos poca importancia a eso que queremos (o ya no queremos): → Buscamos justificaciones ENORMES para dejar cosas que ya no nos molan:
  • “Si no hay cuernos o peleas tremendas, no puedo dejar la relación”
  • “Si no me he peleado con alguien, tengo que seguir quedando aunque me drene”
  • “Si no me enfermo, no puedo dejar un trabajo que odio”
→ Posponemos infinitamente lo que deseamos porque “no es necesario o es un lujo”:
  • “Quiero apuntarme a baile, pero tengo mucho lío”
  • “Quiero viajar a Japón, pero hay gastos más importantes”
  • “Quiero quedar más con mis amigas, ya lo haré cuando tenga menos curro”
Lo que vas a descubrir en el episodio:
  • Por qué nuestra voluntad debería ser razón suficiente (sin más explicaciones)
  • Cómo reconocer lo que realmente queremos vs. lo que creemos que deberíamos querer
  • Herramientas prácticas para empezar a honrar tus deseos de Diosa del Olimpo Vikingo
REGALO: Con este episodio viene un PDF descargable con 5 ejercicios potentes para reconectar con tu voluntad. Mira, te lo dejo aquí, por si quieres ir echándole un ojo. QUIERO ESCUCHAR EL EPISODIO Y HONRAR MI VOLUNTAD ¡Feliz semana! Sol

lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.