Me siento pequeña

Sol Aguirre
martes, 09 diciembre
Este es uno de esos temas que me tocan especialmente, la verdad. Cuántas alumnas y seguidoras me han comentado en ocasiones que se sienten pequeñas. Claro, ahí no puedo intervenir demasiado, pero la semana pasada fue una amiga la que me comentaba que, en ciertos eventos, se siente pequeña.
Adoro a mi amiga. Es lista, guapa, creativa, buena gente. Una de esas chavalas que, si se mirara con mis ojos, entendería que es una bomba de talento y maravilla. Y, aun así, ella, a veces, se siente pequeña.
Pequeña.
Ella.
Mira, no.
Mi amiga va a muchos encuentros de mujeres emprendedoras, algunas tienen mucho éxito (esa palabra tan difusa y confusa). Mi amiga se compara. Se juzga. Se coloca en el último escalón de una escalera que, sinceramente, no sé cómo es, ni me interesa.
Mientras ella me hablaba de esos eventos, yo recordaba otros a los que yo misma había asistido. Reuniones llenas de mujeres con “megapuestazos”, con cargos de los que nunca me acuerdo, primero porque solo recuerdo lo que entiendo y segundo, porque a mí lo de los puestos me da bastante igual.
Pero a otra gente no le pasa lo mismo, a otras chavalas esos puestos que suenan a despacho grande las encogen.
Le conté a mi amiga, para que aligerara ese peso que la aplasta, una anécdota que me había pasado en uno de esos saraos hacía pocos días.
Algunas de esas señoras con despachazos habían cogido por banda a una amiga mía, muy exitosa, muy conocida y, entre tres, la habían arrinconado para pedirle, con toda su jeta, que les hiciera un trabajo gratis.
GRATIS.
En primero de educación, elegancia y respeto te enseñan que eso no se hace. Que si quieres hablar de trabajo, no lo haces en una fiesta, mandas un correo a su oficina.
Que no acorralas a nadie para ponerle en un aprieto y no se atreva a decirte que no (Menos mal que esa amiga en cuestión tiene los ovarios más grandes que la Catedral de Burgos y les soltó un NO, enorme y claro, sin justificación alguna).
En primero de educación te enseñan que pedirle a otra mujer que te regale su trabajo para que tú te cuelgues una medalla te convierte en alguien bastante deleznable, por muchas palabras que tenga tu puesto y por muchos números que tenga tu salario.
Y ahí está la trampa: muchas veces, confundimos puestos con grandeza. Facturación con valía. Influencia profesional con integridad.
Y si miramos eso, es probable que salgamos perdiendo.
Porque no nos comparamos con lo que es real, sino con lo que creemos que representa esa persona: su éxito aparente, su pose, su supuesta seguridad. No miramos lo importante, miramos el envoltorio.
Lo importante es que la grandeza viene de la autenticidad, de la honestidad, de la verdadera elegancia, que no está hecha de lo que se ve, sino de lo que se nota.
¿Por qué nos pasa esto? (Vamos a bucear en las razones para poder solucionar)
Muchas veces no es el evento, ni las mujeres que tienes delante. Es lo que aprendiste de pequeña. ¿Qué era el éxito en tu casa? ¿Te felicitaban cuando tus notas no eran un 10? ¿Había bronca cuando “solo” aprobabas? ¿Te recompensaban por el resultado, pero nunca por el esfuerzo? ¿Te miraban con orgullo siempre, o dependía de lo que habías hecho, o te exigían siempre más? A lo mejor te educaron en la idea de que solo eres suficiente si te portas bien, sacas buenas notas. Y claro, cuando entras en ciertos entornos, tu cerebro vuelve a ese patrón infantil: “¿Seré suficiente aquí? ¿Estaré a la altura? ¿Me faltará algo?”. Nos enseñaron a compararnos, porque nos enseñaron que valemos por lo que hacemos, no por lo que somos. Pero la adultez consiste en cuestionar eso. En preguntarte si esos esquemas siguen teniendo sentido hoy. En decidir qué es éxito para ti ahora —no para tus padres, no para tu profe, no para el sistema—. (Ya que hablamos de éxito, te dejo AQUÍ el vídeo de una charla sobre la redefinición del éxito que impartí hace unos meses. Creo que puede ser útil para ti y para tus hijos, si los tienes)¿Qué hacemos para que no vuelva a pasarnos? (Vamos a hacernos cargo)
1. Revisa de dónde viene tu sensación de pequeñez. No te quedes en el caso concreto: vete a la raíz. Pregúntate: ¿Quién me enseñó a dudar de mí? ¿Qué situaciones de mi infancia se parecen a lo que siento ahora? La emoción adulta muchas veces es un eco de lo que pasó, no el reflejo de la realidad que está siendo. Cuando entiendes ese eco, el volumen en tu cabeza baja. 2. Desmonta esa jerarquía que has inventado. No hay arriba ni abajo. Hay personas. Unas tienen empresas, otras no. Unas facturan muchas cifras, otras no. Algunas tienen cargos con nombres largos y en inglés. Otras tienen sueldos con muchos ceros, otras no. Algunas venden humo. Otras no se venden aunque sean oro puro. Y la grandeza o la pequeñez de las personas no depende de nada de eso. 3. Ocupa el sitio que te pertenece, aunque te incomode (sobre todo a nivel interno) Cuando tú te colocas en tu lugar, cuando estás segura de lo que eres, de por qué haces lo que haces, de lo que es importante para ti, no hay huracán que haga que te tambalees. El trabajo SIEMPRE es hacia adentro, no hacia los otros. No pretendas adaptarte, cambiar para encajar. No hay que encajar en ningún sitio, solo hay que estar, que ser. Si vas a medirte algo, que sea en tu coherencia contigo misma, con tus valores. Esa pequeñez no es más que miedo, y los miedos se vencen atravesándolos. No te apartes, no te calles, no te apagues. Hemos venido aquí a brillar, amiga.P.D.: hablando de brillar, de ocupar nuestro lugar, te cuento que no puedo estar más emocionada porque SE ACERCA LA SEGUNDA EDICIÓN DE MI PROGRAMA ESTRELLA, “PERTENÉCETE”. Abriré inscripciones del 1 al 11 de enero solamente y ya te puedes apuntar AQUÍ a la lista de espera. No habrá otra edición hasta 2027, como pronto.En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.
Esto es lo que dicen las alumnas de la 1ª edición de PERTENÉCETE:
“Poderoso. Activador. Creíble: provoca lo que promete.” Teresa. “PERTENÉCETE ha supuesto para mí un impulso gigante en mi vida personal y profesional, un antes y un después.” Mónica “Ha sido un curso brutal! Y tú, Sol, todo un descubrimiento! He vuelto a nacer, a SER, a reencontrarme! He reconfirmado creencias potenciadoras que habitaban en mí anuladas por una maternidad “mal” acompañada. He destruido y sigo destruyendo otras tan limitantes! Me estalla la cabeza de pensarlo! Me explota de satisfacción, de plenitud, de claridad! La importancia de PERTENECERME REÍRME Y DIVERTIRME hoy es mi foco! Me emociono! Así seguirá siendo cada día de mi vida! GRATITUD MÁXIMA! “ Natalia “Una formación excelente, impecable, inmejorable, impresionante. Todo lo que has tratado, todo lo que nos has enseñado, ha sido de tanto valor que todavía estoy asimilándolo. No hay ningún pero a Pertenécete.” Ainhoa “Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.” FrancescaInscríbeme en la lista de espera
PERTENÉCETE es para ti si ahora sientes que:
- El miedo a equivocarte te paraliza
- Procrastinas
- No confías en ti misma
- No defines lo que quieres
- Estás bloqueada
- La culpa impide que tomes ciertas decisiones
- Te afecta lo que otros puedan opinar
- No sabes por dónde empezar
Y lo que quieres es…
- Sentir que eres tú la que maneja las riendas de tu vida
- Minimizar el bucle mental y sustituirlo por calma
- Adquirir las herramientas para trazar un plan de acción
- Definir tus objetivos en todos los ámbitos
- Comprometerte con la persona con la que vas a pasar toda la vida, o sea, tú.
- Generar una mentalidad desde la que actuar con seguridad
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