No es que no sepas lo que quieres, es que te da miedo desear

Sol Aguirre
lunes, 27 octubre
Hoy vamos a hablar de algo importantísimo: LOS OBJETIVOS.
Sí, amiga, eso que quieres (o que no quieres) son objetivos. O metas. O llámale equis.
Estamos ya en el último trimestre del año y, si queremos, para el 1 de enero, tener los famosos propósitos claritos y escritos (porque SÍ, hay que escribirlos. Nos dice la ciencia que así es un 40% más probable que los alcancemos) hay que empezar a trabajar en una misma con antelación.
Vamos a poner orden y vamos a engrasar la máquina de fabricar objetivos.
Cuántas veces, en mis sesiones con mis alumnas, o con mis amigas, escucho la misma frase: “NO SÉ LO QUE QUIERO.”
Yo, las escucho, calladita, y no puedo evitar levantar la ceja izquierda (no sé levantar solo la derecha) y me contengo mucho para no gritar “CLARO QUE LO SABES, ¡COÑO!”
Vale, a veces, si hay mucha confi, dejo la contención a un lado y grito como una posesa. No me juzguéis, es por amor.
Porque sí lo sabemos, siempre lo sabemos. Siempre lo sabes.
Sabes que quieres calma. Que quieres alegría, amor, ligereza. Orden, belleza, amistad, realización personal, diversión. Sabiduría. A lo mejor no sabes qué forma concreta tiene todo eso, pero sabes lo que quieres, porque la gran pregunta nunca es qué quieres hacer o tener, sino QUÉ QUIERES SENTIR.
A veces, sí sabes qué forma tiene eso que quieres sentir.
Quieres viajar sola. O divorciarte. O teñirte el pelo de fucsia. O cambiar de amigos porque los de ahora ya no te aportan. Quieres poner límites. Quieres un trabajo en el que te diviertas. Quieres ganar la pasta suficiente para tener libertad. Quieres tener un cuerpo en el que te sientas bien. Quieres tener una casa preciosa.
Lo sabes.
Pero te da miedo hasta pensarlo, ya no te cuento decirlo. O escribirlo.
Vamos a ponerles apellido a los miedos, para poder mirarles a la cara y dejarles bien clarito que aquí mandas tú, no ellos.
Nos da miedo que no salga bien, aunque no definamos qué es ese “que no salga bien”. Nos da miedo que nos tilden de ingratas por querer más, porque “Hay otros que están peor”. No te jode, también los hay que están mejor. Qué raritas somos para lo de las comparaciones, siempre usándolas en nuestra contra. Nos da miedo decepcionar a los demás si vivimos nuestra vida como nos dé la gana. Perder una supuesta estabilidad que nos está robando la energía y la alegría. Perder la aprobación de personas cuyo criterio nos parece una real mierda. Luego tenemos las creencias que viven tras esos miedos: “Eso no es para mí.” “Ya es tarde.” “No puedo permitírmelo.” “Si cambio, voy a quedarme sola.” Lo más peligroso de todo esto es acostumbrarse tanto a esa desidia que dejamos de imaginarnos otra vida. Dejamos de soñar. Y ahí estamos perdidas, aunque siempre podemos reencontrarnos.Seguimos con los obstáculos a la hora de definir, porque descubrirlos es el primer paso para poder gestionarlos.
A veces renunciamos al qué porque no sabemos el cómo. Pero el CÓMO nunca llega antes del QUÉ. Primero viene el deseo, luego la posibilidad, y después el plan. Así que olvídate un rato del cómo. Enamórate del qué. Escríbelo, dibújalo, imagínalo. Vuélvete locatis con el qué. La claridad tiene una manera misteriosa y mágica de abrir caminos.Y ahora que hemos hablado de los muros que nos separan de nuestros deseos, vamos a repasar nuestra historia. A aprender de nuestros errores y de nuestros aciertos.
Antes de pensar en el futuro, de generar los objetivos que están por venir, merece la pena mirar atrás. No con resquemor, sino con perspectiva. Algunas de las preguntas que te pueden ayudar a hacerlo de manera constructiva son: ¿Qué decisiones he tomado desde el miedo y cuáles desde la voluntad? ¿Qué he dejado a medias y por qué? ¿Qué versiones de mí necesitan un adiós, o un perdón, o un agradecimiento? ¿Qué aprendizajes quiero que me acompañen y cuáles quiero olvidar para dejar espacio a otros que me sirvan más ahora mismo? Reflexiona tus respuestas, conversa con ellas. Mira de frente a tus miedos y a tus creencias, conversa con ellos. ¿De qué te quieren proteger? ¿Qué te están robando? Y a partir de aquí, el camino para los famosos propósitos del 1 de enero empieza a alisarse. P.D.: el otro día me preguntasteis por Instagram cómo preparaba mi año, si hacía un tablero de visión. La respuesta es que sí, pero antes tengo que saber qué hay en ese tablero, claro. Yo, cada último trimestre del año llevo a cabo dos rituales (sí, los llamo rituales porque es mucho más divertido e inspirador que procesos). El primero, tiene que ver con la vida entera excepto la parte financera. En él, me formulo las preguntas adecuadas para analizar el año que está terminando y:- Reconocer lo que me ha pesado
- Agradecer lo que he conseguido
- Decidir lo que quiero soltar, lo que quiero conservar
- Planear lo que quiero expandir
- Redefinir quién quiero ser y cómo quiero vivir
- Para tener claridad sobre lo que me está pasando ahora, porque es facilísimo que la inercia no me deje verlo
- Para decidir con calma
- Para conseguir el foco necesario con tal de avanzar.
- Para llegar a diciembre del año próximo aplaudiéndome.
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