Ir al contenido principal

No estás saturada, estás dispersa

Sol Aguirre

lunes, 04 mayo
Hay una frase que escucho constantemente, muchas veces en mi propia cabeza: “No puedo más, tengo demasiadas cosas”. Y muchas veces es verdad. Hay momentos de la vida en los que todo se junta: los hijos que la han liado, esa cosa de trabajo que se ha ido retrasando y justo llega ahora que voy de culete, el cuadro de fusibles de casa que falla y me quedo a oscuras. Decisiones, cambios, imprevistos todo junto en el mismo momento. Pero otras muchas veces, más de las que nos gusta admitir, no es que estemos saturadas, es que estamos dispersas. Y no es lo mismo. Ni de lejos. Porque la saturación tiene que ver con el volumen. Y la dispersión tiene que ver con cómo gestionamos ese volumen. Aprendí esto no hace demasiado, en un día de esos en los que tienes la sensación de tener el plato llenísimo. Mil cosas en la cabeza, la sensación de “No llego”, la prisa que no te deja ni disfrutar ni concentrarte. El cabreo de estar otra vez así. Coño, tía, que tú das clases de planificación. Totalmente cierto, y la verdad es que la mayoría del tiempo, todo va sobre ruedas. Pero una es humana. Entonces hice lo que hago cuando siento que la barca de la vida está yendo a su puta bola: me senté a escribir. Esto que me pasa ¿Es exceso de tareas, o es falta de foco? ZASCA. No era la cantidad. Era la mezcla. Porque había cosas pequeñas (responder un par de mensajes, hacer una llamada, cerrar un tema pendiente), cosas importantes (avanzar en un proyecto, replantearme el calendario anual de formaciones), cosas personales (organizar varios temas de mis hijos, planificar fisio y ejercicio para cuidar mi espalda), todo revuelto en el mismo momento, todo compitiendo por mi atención al mismo tiempo. Sin orden. Sin jerarquía. Y claro, así el cerebro colapsa. Normal. Porque nuestro cerebro no está diseñado para tener diez frentes abiertos a la vez. Está diseñado para enfocarse, avanzar y cerrar. Y descansar, claro. Cada tarea abierta, cada “luego lo hago”, cada “tengo que esto y esto y lo otro”, es como una campanita sonando en tu cabeza, como una cuerda tirando de ti. Cada una en una dirección diferente. Y cuando tienes veinte, no avanzas. Te enredas. La dispersión no es tan visible como la saturación. No es tan tangible, tan evidente. La dispersión es más traicionera. Porque parece que estás siendo productiva, pero empiezas muchas cosas y no terminas casi ninguna. Cambias de tarea cada diez minutos. Estás todo el día ocupada y no has hecho nada realmente importante. Importante es algo que te acerca a lo que quieres. Es acabar el día cansada, pero sin ver el fruto de tu esfuerzo. ¿Te suena? A mí, mogollón. Como aquí estamos para ser constructivas, tendremos que ver cómo solucionamos este asunto de la dispersión. Y siempre tendemos a la misma solución: seguir haciendo, hacer más, agotarnos. Acabar con esa dispersión pasa por hacer menos pero mejor. Por parar, mirar el cuadro completo, decidir y priorizar. Para mí, la clave ahora mismo está siendo: Elegir 1, 2 o 3 cosas importantes al día. Y hacerlas con todo el foco, olvidando todo lo demás. Con el móvil en un cajón, claro. No quince. No “a ver si puedo con todo”. No “voy viendo”. Elegir. Y eso implica renunciar. A otras tareas. A otras ideas. A la fantasía imposible de que hoy sí, hoy sí que voy a poder con todo. Spoiler: no vas a poder. Nadie puede. Ni falta que hace. Pero sí puedes decidir hacer lo que es importante ahora mismo. Y cuando pones en práctica esto, que parece tan sencillo, como por arte de magia, aparece la calma. Oye, con la misma cantidad de tareas y las mismas horas en el día. Magia potagia. Pero es que la calma no viene de tener la agenda vacía, básicamente porque eso es imposible. Viene de saber que estás donde tienes que poner tu atención, donde está tu mente. La dispersión, en cambio, es ruido constante. Es estar en todo y en nada. Es no poder descansar ni trabajando ni parando, porque siempre hay algo tirando de ti. O empujándote. Así que hoy te dejo una pregunta, que espero que te sirva tanto como a mí: ¿Estás saturada o estás dispersa? Y si la respuesta es la segunda, prueba esto mañana: Antes de empezar el día, elige tres cosas. Solo tres. Y no te muevas de ahí. Sé muy obediente a ti misma. Sé férrea. Cuando termines una, pasas a la siguiente. Y así todo el rato. Lo demás puede esperar. Tu paz mental, no. P.D.: Si te acabas de dar cuenta de que llevas tiempo dispersa a más no poder y, a consecuencia de ello, tu vida anda un tanto caótica, te dejo aquí un audio de solo 30 minutos con dos ejercicios prácticos que a mí me ayudan muchísimo a retomar las riendas de la vida, a decidir cuál es el siguiente paso a dar. Lo tienes AQUÍ. Espero que te sirva.