Nublada y dispersa

Sol Aguirre
sábado, 03 enero
Escribo estas líneas durante un domingo nublado. Nublado fuera y nublado dentro. Tengo mil cosas que hacer, de curro, en casa. He hecho alguna: he preparado unas fotos para stories, he programado una publicación compartiendo mi audio gratuito, he diseñado la tarjeta de felicitación de cumple para mi hijo.
Poco más.
Eso que he hecho, normalmente me llevaría media hora y he tardado como dos.
Estoy dispersa, estoy nublada, ya te lo he dicho.
Cuando estoy dispersa y nublada me pongo a escribir, porque la pluma sobre mi libreta es como el peine dentro de mi cabeza. Me desenreda, me centra, me devuelve a mí.
Releo ahora lo que he escrito y el papel me cuenta cómo se me escapa hoy el tiempo entre los dedos. Escribo algunos asuntos que me preocupan últimamente, que me cansan, que me apagan.
Me pregunto cuál es la solución, si es que la hay.
Me respondo que no sé si hay solución, pero sí hay cosas que puedo hacer para minimizar esa preocupación y ese cansancio.
Agendo esas cosas. Mando algunos WhatsApps que ya son algunas de esas cosas, son el principio del proceso. Lo hago, porque sé lo importante que es empezar, que la inercia funciona para frenarnos y para impulsarnos, y yo quiero, siempre, impulso.
En esas páginas me pregunto, también, cómo eliminar la sensación de deriva, el miedo a no poder controlarlo todo. Qué difícil es eso cuando hablamos de los hijos. Pero siempre digo, y me digo, que difícil e imposible no son sinónimos, así que también escribo sobre eso. Sigo desenredando.
Me doy cuenta, mientras las palabras se dibujan sobre el papel, de que en esas ansias de control, me pierdo, porque no podemos controlar y disfrutar al mismo tiempo. Y mi objetivo en esta vida es disfrutar, no pasar el día dispersa y nublada.
¿Cuál es el plan?
Si has sido alumna mía, te sonará esta pregunta, porque es la que deberíamos hacernos siempre que se nos enrosca el coco sobre sí mismo. La que nos saca de la dispersión y la niebla.
Escribo parte de ese plan, que tiene que ver con mi trabajo, con revisar mis objetivos, mis medios y mis fines. Con mi entorno, con convertir mi casa en algo todavía más bonito y más parecido a ese lugar donde vive mi Yo del Futuro, esa de la que te hablé en este texto.
El plan tiene que ver, también, con mi divina persona, y lo primero que hago es quitarme el pijama, porque no ayuda a salir de la niebla y la dispersión, y me pongo una especie de chándal negro muy mono y un jersey que me tejió una coachee maravillosa.
Ese jersey significa mucho, porque a ella le gustaba tejer, pero solo tejía bufandas, se creía incapaz de hacer otra cosa y sus deberes de nuestra primera sesión fueron empezar un jersey. Nunca me dijo si lo había conseguido, pero una semana después de terminar nuestro proceso, recibí un paquete con esta prenda preciosa, de un verde que me encanta y exactamente de mi talla.
A veces dudo de si seguir dedicándome a esto, pero entonces veo ese jersey y se me pasa la tontería.
Este jersey es el que se pondría mi Yo del futuro, tan sabia, tan enfocada, tan lúcida. Tan libre de las ansias de control. Lo tengo clarísimo. A veces, encoger la distancia entre la Yo de hoy y la Yo del futuro es tan fácil como cambiarte de ropa, pero como no tomamos el tiempo de hacernos las preguntas adecuadas, nos quedamos como estamos: dispersas y nubladas. En pijama.
Sigo leyendo lo que he escrito.
Escribo que necesito más espacios de soledad y silencio y, al mismo tiempo, estoy a punto de mandar un mensaje a unas amigas para quedar. No, tía, no. Eso no es lo que necesitas, es lo que te apetece, porque tu coco quiere mantenerte en la dispersión. Aquí mandas tú. No he enviado el mensaje, BIEN.
Me planteo otra de las grandes preguntas que diluyen la niebla y la dispersión, ¿Qué quieres? Y hago un listado, con toda la honestidad. Me esfuerzo en elevar el dron, para observarme con perspectiva y luego ir al eje, bien adentro, para asegurarme de que eso es lo que realmente quiero en este momento de mi vida. Quizás hace tres meses quería otras cosas. Así somos de cambiantes.
Defino sobre el papel mis prioridades, las mías. No las que se suponen que tienen que ser, no las relacionadas con mi familia. LAS MÍAS. Ya veremos cómo las trenzamos luego con el resto de la vida. Me agarro fuerte a ellas porque, si no, me diluyo. Porque, si no, resbalo hasta perderme, hasta no ocupar espacio en mi propia vida. Me las tatúo en el alma. Y en la agenda.
Me pellizca un poco en los entresijos esto de priorizarme, y entonces cuestiono todas esas creencias que me inocularon en casa, en el cole. Sobre mi valor. Sobre el dinero, sobre la belleza, sobre la calma.
Nadie nunca, jamás, me habló de la importancia de la calma, de qué es realmente la calma, de cómo conseguirla. Así que aquí ando, fabricando mi propia definición y mi camino hacia ella. Compartiendo ese camino con vosotras.
Pienso en la elegancia en el sentido más amplio de la palabra. Mi Yo del Futuro es elegante por sus cuatro costados.
¿Cómo puedo acercarme todavía un poco más a ella?
Me escribo que puedo hacer algo, ahora mismo, para poner mi casa un poco más bonita. Ordenar la estantería, recoger esa mesa, cambiar esa planta de sitio.
Para acercarme a esa Yo, no voy a dejar que lo emocional me secuestre, no soy eterna, no quiero desperdiciar mi tiempo siendo prisionera de nada. Le daré una patada a la deriva y a la prisa, que son gemelas, las muy gorrinas.
Voy a definir, otra vez, mi Día Ideal, de principio a fin.
Prepararé ahora mismo mi ropa para el resto de la semana, para asegurarme de que me muestro al mundo con toda la intención; de que soy, también por fuera, la persona que quiero ser. Leeré diez páginas del libro que lleva sobre la mesilla un mes sin que lo haya abierto. Iré a caminar esta tarde. Encenderé mi vela de vainilla nada más levantarme, cada día.
Respiro mientras escribo.
Recuerdo que esta semana escuché en la radio una canción que me encanta y que había olvidado “Canta por mí” de “El último de la fila”. La pongo en Spotify mientras te escribo esto. ¿Cómo puedo olvidar esas canciones si llevo el título de una de ellas tatuada en mi antebrazo? Lo que hacen la niebla y la dispersión, que te dejan ciega y sorda. Y gilipollas.
La canción empieza y noto como empiezo a brillar por dentro.
Me fascina el trozo en el que dice “Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres”. Yo quiero ser libre de la niebla y la dispersión.
Voy a dejar de escribir sobre el teclado, voy a coger mi agenda bonita y con mi boli bonito dibujaré las próximas dos semanas, por algo hay que empezar. Apuntaré en los márgenes lo que no se me puede olvidar: el disfrute, la claridad de esa Yo del Futuro a la que me acercaré cada día un poco más, que no soy eterna. Que la vida es incontrolable.
Que me pertenezco.
P.D.: aprender a pertenecerme no ha sido fácil. No hay un punto en la vida al que una llega y dice “Ya está, soy dueña de mi persona, de mis emociones, de toda mi existencia”.
Es un aprendizaje constante, es ir cambiando los pesos de sitio para mantener el equilibrio. Es recordarnos las grandes guías que han de regir nuestra vida.
Aprender todo eso a mí me ha llevado muchos años, muchas hostias. En mi programa estrella, PERTENÉCETE, he resumido, sistematizado, organizado todo lo que me ha servido en los últimos años para sentirme sólida, segura incluso en los momentos de niebla y dispersión.
Las inscripciones para PERTENÉCETE se cerrarán el 11 de enero y no volverán abrirse, como pronto, hasta 2027.
Tendrás el contenido disponible DE POR VIDA.
· Cómo crear una visión de vida auténtica y tuya, porque solo podemos avanzar si tenemos claro hacia adónde vamos.
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Si te inscribes antes de mañana, 4 de enero, a medianoche, tendrás un regalo, la Masterclass “Pensamiento positivo realista: 2 técnicas para dejar de anticipar catástrofes sin caer en el autoengaño”, en la que te explico las herramientas que me han servido para pasar de vivir desde la ansiedad y el miedo a estar en calma la inmensa mayoría del tiempo. Podrás sumergirte en esta Masterclass en cuanto te inscribas a PERTENÉCETE. No tienes que esperar a que la formación empiece el 14 de enero.
En PERTENÉCETE te mostraré:
Esto es lo que dicen las alumnas de PERTENÉCETE (más majas…):
“Maravilloso, estupendo, he hecho algún curso anterior con otras coach y no tiene nada que ver.”
“Me ha parecido un empujón cariñoso, un acompañamiento continuo y una emoción inmensa de aprender a identificar tantas cosas que no nos han enseñado y que nos limitan cuando queremos avanzar. Herramientas prácticas y anclajes eficaces… Un antes y un después.”
“Ha sido como no ver bien y de repente te pones gafas y descubres que todo es más nítido, con más color, fuerza y descubres que hay un antes y un después de colocarte las gafas. Que dentro de ti hay mucho por descubrir.”
“La asignatura pendiente en la carrera de mi vida.”
“Una vez finalizado, por una parte, no puedo evitar pensar que bendita la hora en que una amiga me habló de ti, Sol. No soy muy de redes sociales y no te conocía. En segundo lugar, me ha parecido una decisión, una inversión grandiosa. Pertenécete es una iniciativa muy potente, muy útil, muy realista y muy nutritiva.”
“Pertenécete ha sido la formación con más impacto que he recibido en mi vida, y ya tengo bastantes años. Su contenido, su metodología, los tempos, todo ha sido perfecto.”
Alguna de las dudas que me habéis transmitido sobre PERTENÉCETE son estas: ¿Me pierdo algo si no puedo asistir a las sesiones en directo? Rotundamente, NO. En las sesiones no abro micro, donde sí interactuáis entre vosotras es en el grupo de Telegram al que tendréis acceso. ¿Es para mí aunque no sea emprendedora? PERTENÉCETE está diseñado para cualquier persona, de cualquier edad u ocupación. Si tienes alguna otra pregunta, la puedes dejar en comentarios. Espero verte muy pronto al otro lado de mi pantalla. Sol
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