Organizarse o palmarla: el concepto

Ay, queridas, que vamos cuales cabras: acumulando tareas, saltando de una a la otra, con la sensación de que curras mil horas al día y no terminas nada. Te agotas más por el hecho de que tu coco oscile entre mil pensamientos que por la actividad en sí. Varias veces me habéis preguntado que cómo me organizo, porque sí, lo mío es de traca: entre el blog, las columnas en El Español, los libros,  las redes sociales, las sesiones de coaching y los talleres, a la que me descuido, voy como pollo sin cabeza. Por no hablar de los hijos y la casa. El caso es que, a la fuerza, he tenido que desarrollar un poco de método para no morir en el intento y os voy a contar cuatro cosillas, por si os ayudan a vivir sin derrapar y, sobre todo, a sacar tiempo para vosotras mismas: para un café con las amiguis, una manipedi o un buen libro.

  • Plantéate cuáles son tu objetivos a corto, medio y largo plazo y qué acciones son necesarias para llevarlos a cabo (esto, en el caso de las emprendedoras es BASIQUÍSIMO). Yo no diferencio entre objetivos laborales y vitales, entre aumentar mis ingresos y ponerme en forma, entre tener oficina propia y leer una hora al día. Somos una persona y la vida personal y laboral se entremezclan inevitablemente.
  • Un clásico: diferencia entre lo urgente y lo importante, y numera las acciones teniendo en cuenta su prioridad. Sé extremadamente honesta.
  • A mí me deja tranquila echarle un ojo el domingo por la tarde a la agenda de toda la semana y, cada tarde, al acabar la jornada, la del día siguiente.

 

  • Principio básico: LO QUE NO CABE EN TU AGENDA, NO CABE EN TU VIDA. Calcula el tiempo que te lleva cada tarea (siendo realista) y plántalo en tu agenda. Obviamente, no caben doce actividades que precisan dos horas cada una. Que sí, que eres una tía muy capaz, pero que la cosa va de ser productivo sin dejarnos la vida en ello. Hay más días que longanizas, lo que no cabe hoy, lo pasas a mañana. Lo que hoy estaba apuntado y no ha podido ser, también a mañana, pero ojito, que entonces algo habrá que quitar de mañana. Sí, un coñazo: todos los días tienen solo veinticuatro horas y dicen que dormir y comer y descansar van bien para tu preciosa persona.

 

  • Sé obediente con los tiempos marcados, no vale lo de “esto no lo dejo hasta que esté perfecto”, porque nadie sabe lo que es esa perfección y porque, si te lo planteas seriamente, la diferencia no vale el tiempo que le estás dedicando. Concentrémonos en hacerlo lo mejor posible en un tiempo razonable y luego, a otra cosa, mariposa. Yo, a veces, uso el temporizador del móvil. Hora y media para escribir un post y el ring, ring, ring me indica que vaya terminando.

  • Dependiendo de tu estructura mental y tu ocupación, necesitarás una agenda de una página al día, o de tener toda la semana a la vista. Lleva tu agenda encima SIEMPRE. Lo de apuntarlo digitalmente está muy bien porque llevamos el móvil a mano las vienticuatro horas del día, pero el hecho de escribir mano las actividades hace que te plantees qué deberías hacer antes y qué después, te ayuda a pensar y a dilucidar si hay algo ahí que es innecesario o a encontrar huecos en los que disfrutar del tiempo libre. Por no hablar del gustazo que da tachar lo que ya has hecho. Yo lo subrayo en rosa fosforito y no hay nada más bonito que ver el día entero rosáceo perdido.

  • Apúntalo TODO. Te ahorrarás el sufrimiento de pensar que algo se te está olvidando. Llamar al pediatra, acabar ese informe, pedir cita para la manipedi, la clase de yoga, el cine del miércoles por la noche. SÍ, EL OCIO SE AGENDA: vaya a ser que se nos olvide lo importante de verdad.

 

  • Unifica tareas siempre que te sea posible. Está demostrado que nuestro coco gasta mucha energía cambiando de una actividad a otra, así que lo suyo es contestar a todos los correos sin ir saltando a otra cosa, redactar ese informe de principio a fin, etc. Yo dedico un día a la semana a escribir los artículos, intento concentrar las sesiones de coaching en dos días a la semana, y así sucesivamente. Todo lo que necesite menos de cinco minutos, se hace lo primerito de todo, y te lo quitas de encima.

 

 

  • El móvil, guardado. El simple hecho de tenerlo encima de la mesa reduce nuestra productividad en un porcentaje muy bestia que ahora no recuerdo. En el bolso está divino. Lo pongo en modo silencio y que solo suene si me llaman del cole de los nenes. Cuando acabo una actividad, un artículo, una sesión, le echo un ojo. Luego, al bolso again. Os aseguro que nadie muere si un mensaje no se contesta en el momento.

  • De la misma manera que ahorramos energía haciendo una sola tarea a la vez, hay actividades que se pueden hacer al unísono sin que ello suponga doble esfuerzo, por ejemplo plantarse una mascarilla mientras cocinas, le echas un vistazo a tu agenda el domingo por la noche o hablas con tu amiga por teléfono.

  • Delega todo lo que puedas delegar (y pagar). No hay nada más valioso que el tiempo libre, querida. Si te lo puedes permitir, que otro haga mientras tú disfrutas.
  • Tu tiempo es oro. Que te interrumpan solo por algo que valga la pena y que sea impostergable (ya verás como nunca lo es). Los demás no te dejan en paz, y tú ¿te dejas en paz? Cuando se te ocurra una tarea nueva, la apuntas y ya pasarás a ella cuando hayas terminado lo que estás haciendo.
  • Cocina una vez a la semana, congela. NO a limpiar la cocina cada noche. Preguntémonos si es necesario planchar la montaña de ropa de los niños, que acabará hecha una boñiga a los cinco minutos de ponérsela. Un truqui: si tenéis secadora y sacáis la ropa aún calentita, la plancha es absolutamente innecesaria.
  • Tenemos que cuidar nuestro precioso cuerpo. Si no hay manera humana de sacar tiempo para ir al gimnasio, siempre te puedes levantar quince minutos antes y hacer una tabla sencillita. Te lo aseguro, te cambia el día y la vida. Si un par de mañanas lo sustituyes por una meditación y/o un rato de yoga, ni te cuento. Hay mil aplicaciones y cuentas de Instagram donde encontrar ejercicios. Yo estoy entrenando con @efrenp.m y, cuando no tengo tiempo, sigo sus vídeos de IGTV.

  • Como en todo, esto es cuestión de disciplina. No vale apuntar y luego no cumplir ningún objetivo. Todo lo que hacemos es porque la motivación es la adecuada. La nuestra debería ser estar más tranquilas sabiendo que todo está apuntado en un lugar al que echarle un ojo; coordinarnos para sacar ratos para nosotras. Porque nos lo merecemos y punto. Porque sentir que somos arrastradas por la vorágine no es lo que tiene que ser. Seamos dueñas de nuestro tiempo, amiguis.

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Organizarse o palmarla: el concepto

Gustémonos

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Me he enganchado a un gilipollas (y lo sé)

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Hay 8 comentarios

  1. Nikë Samo

    Tu artículo de hoy me viene como anillo al dedo. Gracias guapa por recordarnos lo evidente y lo importante!!!

  2. ELSA

    Justo esta semana me viene que ni pintado, tengo que pasearme por la fnac o similar a echar un ojito a las agendas para empezar.
    Gracias , siempre

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