Quererte mucho es una mierda

Sol Aguirre
lunes, 09 marzo
Mañana es 8 de marzo y ya sabes lo que toca: felicitaciones, frases bonitas, mucha sororidad. Mucho, vamos a querernos, a creer en nosotras, a reivindicar cosas. Muchas empresas hablando de nuestros derechos durante un día, luego ya está.
Y, cuanto más se acerca el día, más vueltas le doy yo a una idea: quererte mucho es una mierda.
Esta no la has visto venir, si me sigues desde hace un poco de tiempo.
Pero si esta tía hasta ha impartido una formación para mejorar la autoestima, ¿se ha vuelto loca?
No, o sí, pero mi majaronería no es nada nuevo ni tiene que ver con esto.
Porque, claro, el autoamor que veremos mañana en Instagram, el de las tarjetitas, el de los anuncios en las revistas, el de las empresas que se acuerdan de nosotras un día solo, es un autoamor de lo más amable y cariñoso, pero quererte de verdad no es eso.
Quererte mucho y bien es tener conversaciones incómodas con gente a la que quieres y a la que temes perder.
Es decir: “Esto no me gusta” , “De aquí me piro” aunque estés cagada de miedo.
Es poner un límite y sentirte fatal aunque sepas que lo has hecho bien.
Es aceptar que quizá el otro no lo va a entender. Temes el rechazo y temes el abandono.
Pero aun así lo vas a hacer.
Quererte mucho es cumplir los compromisos contigo misma cuando nadie te aplaude.
Es levantarte a entrenar.
Es sentarte a estudiar.
Es apagar el móvil aunque te mueras por cotillearlo todo. Por no pensar.
Es hacer lo que dijiste que era importante para ti aunque no apetezca nada.
Y eso, amiga mía, requiere de unos grandes ovarios y nos parece una real mierda en el momento.
Quererte mucho es acabar con una pareja con la que ya no eres feliz, aunque le quieras.
Es distanciarte de amistades que ya no suman, aunque sean de toda la vida.
Es dejar un trabajo que te da seguridad pero te quita las ganas de vivir.
Quererte mucho tiene que ver con mirar tu historia de frente y estar dispuesta a reescribirla. A abandonar patrones que son conocidos pero que ya no te sirven.
Quererte mucho es cambiar de identidad cuando la que tienes ya no te sirve. Ya no quieres decir siempre que sí, ya no quieres aguantar ni poder con todo. Ya está, ya no.
Vas cambiando y hay a quien eso no le mola nada, porque ya no saben qué esperar de ti. Y eso es incómodo para todos, pero más incómodo es vivir según lo que otros quieren.
Servidora ha pasado por todo eso: adiós a parejas, a la empresa familiar, a entornos que ya no me nutrían, a creencias y miedos que no dejaban espacio a nada más. Y en cada paso rezaba para que todo fuera un poquito más fácil. Para seguir teniendo la fuerza de empujar en la dirección correcta que es una dirección jodida de narices.
Y cuando llevas un tiempecito caminando en la dirección correcta y jodida empiezan a pasar cositas:
Aparece la calma. Fruto, claro, de tu coherencia.
Te respetas (¡Oh, qué bien!)
Te miras al espejo y ves a alguien a quien no estás traicionando una y otra vez. ¡Oh, qué bien! (2).
Y te diría que todo eso no tiene precio, pero sí lo tiene. Uno que siempre vale la pena pagar.
Así que este 8 de marzo no te voy a felicitar por ser mujer ni voy a poner lacitos de colores en ningún lado, porque además el morado me sienta fatal. Lo que sí voy a hacer es invitarte a que te sientas incómoda. A que atravieses tus temores. A que te desafíes.
A que te preguntes qué decisión estás postergando por miedo.
Qué conversación llevas meses evitando.
Porque quererte mucho es una mierda. Pero no quererte lo suficiente es muchísimo peor.
P.D. Hoy, sábado 7 de marzo, a las 8:00 se abren las inscripciones para la Edición Especial de Masterclasses que he creado para que no solamente nos celebremos un día, sino que nos pongamos en marcha para apartar todo eso que nos roba la seguridad en nosotras mismas.
Las inscripciones se cerrarán el 9 de marzo a las 21:00
Las Masterclasses son grabadas y las tendrás disponibles en cuanto te inscribas y de por vida.
Tienen un precio especial por el Día de la Mujer que no volverá a repetirse.
En esta edición tienes 3 Masterclasses, que tratan 3 temas que nos joroban la vida entera, que nos roban el poder:
- La gestión de relaciones tóxicas, tanto familiares como laborales: para que aprendas a ponerte en tu sitio, a generar estrategias que te generen calma en lugar de desquicie, a establecer límites con toda la seguridad y la calma.
- Decir que no sin culpa: para dejar de poner tu tiempo, tu energía en manos de todo el mundo menos de ti.
- Gestionar el Síndrome de la impostora, que te cuenta que has llegado hasta aquí por suerte, que eres un fraude y pronto se darán cuenta todos, que no estás preparada. Muchísimas tenemos esa voz en nuestra cabeza y hemos de aprender a no escucharla, porque vida solo hay una y lo que queremos es avanzar y desarrollar todo nuestro potencial de la manera más tranquila posible.
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