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Etiqueta: Crisis

EL DÍA QUE MOLA TODO: guía para Madres Estresadas (Parte 1)

madres estresadas

Ayer me llamó mi amiga Laura histérica y desconsolada. Resumiendo mucho, diré que básicamente está hasta el chirri (por no decir coño): del trabajo, del marido que no colabora, de los suegros viviendo en casa, del curso de 4.740 horas los fines de semana, de la culpabilidad por no estar más con El Niño…Vamos, lo que viene siendo un cuadro típico de Madre Estresada (o M.E.)

Mi amiga Laura
Mi amiga Laura

Nos sumergimos en una de esas (interminables) conversaciones en las que te cagas en todo (a dúo), te quejas por todo (a dúo) y decides encontrarle una solución a Esta Mierda (a dúo), de manera que establecimos EL DÍA QUE MOLA TODO. ¿Por qué? Porque llegados a este punto de la vida, parece que lo que mola, mola PERO A MEDIAS. Consigues sacar tiempo para relajarte en la manicura y te llaman del cole porque el niño la ha liado parda, triunfas en el curro y te dan más tareas pero no más sueldo, el que te gusta es muy colega pero luego NÁ DE NÁ. Un asssssssco. EL DÍA QUE MOLA TODO será mensual y minimizaremos toda oportunidad de jodienda. Las normas básicas de convivencia (el incumplimiento conlleva el pago de los copazos) son:

  • Apagar teléfonos (juramento de sangre). Ni Whatsapps ni hostias.
  • No hablar de hijos, ni de maridos ni machos  (si no es para comentar el polvazo que echamos o el que vamos a echar).
  • El curro ni nombrarlo.
  • La palabra “dieta” desaparece de la faz de nuestro cerebro.

El PLANNING DEL DÍA QUE MOLA TODO tiene un objetivo muy claro: pasar de ser una Madre Estresada a una Tía Relajada y Descojonada de la Risa. Los pasos a seguir se desarrollan en Madrid pero son aplicables a cualquier otra ciudad. Solo hay que encontrar unas ubicaciones equivalentes:

Paso 1: Comer en un sitio ideal, sin mucho ruido pero con ambientillo moderno y desenfadado. Algo como Maricastaña, Mamá Campo, Santo,..

Paso 2: Imprescindible algún tratamiento de belleza y/o relax. Puede ser una manicura, pedicura, masaje, alquiler de prositituto… DA IGUAL. El tema es que al salir te sientas relajada y guapa a más no poder.

masaje gato
Masaje Alternativo

Paso 3: (se puede pasar directamente al paso 4 dependiendo de vuestro grado de alcoholismo y/o amor al dulce) Merienda en cafetería/granja/pastelería donde tengan un servicio estupendo y unos dulces aún mejores. Mientras escribo, babeo pensando en la tartita de manzana de Pomme Sucré o en los crepes de Mama Framboise o en un cholocate con churros en la Plaza Mayor, o en … Paso 4: Copazo de la muerte. El borrachismo forma parte sine qua non de esta ecuación. A poder ser en bar bien chulo, con camarero buenorro (nos da igual si es gay) al que decirle alguna barbaridad tras el segundo gin tonic. Pienso en el bar del Hotel Only You o del Urban, La Bicicleta, la terraza del Gymage ahora que empieza el buen tiempo… En este punto, y si todo ha ido bien, las conversaciones deberían limitarse a:

  • Hablar de tíos buenos y de sus miembros viriles (por no decir sus Ra..s o sus Po..as): del camarero, de aquel de tu curro, de tu primer novio, de ese que te tiraste hace un mes y que tenía un pedazo de …
  • Cerdadas (íntimamente relacionada con la anterior): aquel que te dejó que no pudiste sentarte en 3 días, el otro que te dejó el pelo lleno de…, el día que no encontrabas las bragas y volviste a casa bien fresquita…
  • Criticar a esa tía: que rejuvenece y relaja más que nada en este mundo. Da igual a quién, el tema es ponerla verde y quedarte tan a gusto.
  • Hacer planes apasionantes (da igual si no se cumplen): ese viaje a Australia, el libro que vas a escribir, la empresa que vas a montar (dedicada SIEMPRE al diseño de bolsos o a la fabricación de cosméticos naturales y orgánicos, CLARO.)
emma carcajada
Laura que va mejorando, la pobre.

(Dependiendo del estado al que se llegue en el Paso 4 vamos al Paso 5, A o B, o finiquitamos antes de acabar en desastre).

Paso 5. A: Peli. Puede ser en el cine o en casa. Algo que dé muy buen rollo como “Begin Again”, “Love Actually”, “Un Funeral de Muerte”, “Algo pasa con Mery” o cualquiera que te deje con esa sonrisa tontorrona. Nada de pelis afganas en v.o. y Cronenberg ni tocarlo.

Paso 5.B: Si el estado de borrachismo lo permite, hay que IR A BAILAR, como si no hubiera un mañana. Unos ritmos latinos, un rollo disco de los 80 o una sardana…No importa. Si bailáramos más, habría menos úlceras, menos Lexatines y MUCHA MÁS FELICIDAD (además adelgaza).

lena bailando
Terapia Dancing Queen

EL PASO 6, si lo hay, lleva ineludiblemente a un desayuno por las calles, Vagabundo Style. Sinceramente, yo este lo veo lejano pero me imagino ese momento Niñosenelcampamento o Abuelosqueselosllevanalpueblo o Exmaridoresponsable y oye,  todo puede pasar.

Tú, si has llegado al PASO 6
Tú, si has llegado al PASO 6

Llegados a este punto pensaréis que esto no es un día entero, es una tarde-noche-madrugada. Si es que vais desbocadas, almas de Dios, QUE NO TENÉIS LÍMITE. Lo de sacar un día entero es un poco ciencia ficción pero por si acaso, el próximo post será la PARTE 2 y establecerá actividades matinales para completar “EL DÍA QUE MOLA TODO: guía para Madres Estresadas” ¿Y tú? ¿Tienes tu DÍA QUE MOLA TODO particular? ¿Añadirías algún paso?

La Soledad ¿necesidad o vicio?

Mi nombre real me define totalmente, de hecho mucho más que el sobrevenido “Sol”. A mí lo de los calores y las playas como que no.  Si a mi santa madre se le ocurrió llamarme Soledad por algo sería. Lo de ser hija única acabó de marcar mi destino FOREVER.

Solitaria desde siempre y por el avatar vital, pues más. A menos tiempo libre, menos tiempo de soledad, etc. No voy a dar el coñazo con lo que ya sabemos: las madres no tenemos tiempo bla, bla, bla . Si eres soltera, quizás aún menos. Digo lo de “quizás” porque de todos es sabido que en ocasiones el macho adyacente no solo no quita curro sino que DA MÁS (aquí viene el abucheo masculino, que acepto sin pestañear).

Aclaremos mi concepto de Momento Soledad, que tiene tela. Estar sola no es tener a los niños acostados, NO, NO, NO, es que no hay NADIE en mis dominios. Para mí, la Soledad es un estado mentalzenmaravilloso en el que solo entro cuando:

Caso 1: cualquier ser vivo está más allá de la puerta de entrada cerrada con dos vueltas de llave.

Caso 2: estoy por las calles, sin apenas riesgo de encontrarme con alguien conocido que me chafe el plan.

En los dos casos, el tiempo requerido para que la Soledad haga mella positiva en mi estado de ánimo es de un mínimo de 3 horas. Si no,  no me vale.

El AmoralaSoledad rige mi vida: me voy de viaje sola (no siempre, of course), al cine, a tomarme mis mocca blancos, a pasear. Esa fue una de las principales razones para mudarme a Madrid. En la little isla no doy un paso sin encontrarme con alguien que me saluda y/o en el peor de los casos se sienta conmigo allá donde esté  para hacerme compañía (tócate los pelendengues…). Pero la gran ciudad me permite estar sola entre la multitud y que nadie joda MI MOMENTO.

A estas highers ya deberíamos conocer la diferencia entre “estar” (que mola) y “sentirse” (que no mola nada). Ejemplo claro: cuando estaba en proceso de adopción alguien me dijo “qué bien, nunca más estarás sola”. Al borde del Lexatín estuve. Gracias a Dios, al colegio, a los abuelos, a que con el tiempo se pirarán (y me dolerá, claro) ESO NO ES ASÍ. En el otro extremo, os digo que jamás me sentí sola hasta que fui madre. El porqué os lo cuento en otro momento y habrá muchas que estaréis asintiendo con la cabeza ahora mismo (qué ilusión me hará si comentáis algo al respecto aquí abajo).

Me causa fascinación la gente que disfruta SIEMPRE de la presencia de otros humanoides. Les admiro, en serio. Me parece mucho más fácil estar rodeado de otros seres, en el trabajo, en casa. Huir del grupo no siempre es fácil y cada vez menos con tanto Social Media. Además Los Sociables molan, son simpáticos, dan conversación a todo el mundo, organizan actividades, se suman a las ya organizadas sin que ello les suponga analizar al pormenor los pros y los contras de ver a TODA ESA GENTE. Y encima son anormales. NO COMO YO.

Ese fin de semana con las amiguitas:

– Si cuadra, por favor, yo en una habitación SOLA.

– Pero vaya ¿que te da igual si no, VERDAD?

– Hombre pues igual NO me da.

– Pero ¿POR QUÉ?

– Me gusta levantarme SOLA.

– Mira que eres RARITA, hija…

Y así por los siglos de los siglos…

Cuando ya me preocupaba seriamente lo raruno de mis Ansias Solitarias, mi amiga Carmen me lanzó un cable salvador  as usual y me dedicó unas bonitas palabras en la red social “Me ha recordado a tu mente brillante” escribió, y adjuntó un enlace que me ha alegrado la vida. YA ESTÁ, todo solucionado: soy brillante (o algo así). JODER, QUÉ BIEN.

Cuando leí el artículo, por un lado me alivié leyendo que Darwin rechazaba ir a cualquier fiesta y que está demostrado que la soledad fomenta la creatividad entre otras muchas maravillas (ahora debería descubrir algo equiparable a la Teoría de la Evolución, la gravedad o la relación espacio – tiempo, pero no lo veo, la verdad). Por otro, me sentí taaaaaaaan identificada en frases como “la soledad es el aire que respiran” o “solo cuando estoy sola me siento totalmente libre”.

Se supone que estando solos conectamos con lo que queremos y proyectamos conseguirlo. Yo siempre me he preguntado cómo lo hacían los demás para pensar con gente cerca. Yo no puedo, imposible. Pensaba que era lela pero gracias a Carmen ahora sé que no (o por lo menos no por eso). Sola he planeado mis viajes, he decidido estudiar esto o aquello, dejar a ese tío, llamar a ese otro, crear este blog, tener a mis hijos, sola escribo, sola duermo, sola sueño, sola decido donde voy porque así sé que llegaré donde yo quiera, sola decido si comparto mi tiempo con alguien que igualará la perfección de mi Soledad.

Mi Soledad es perfecta porque la elijo. Tan perfecta como ver a los que me ven (y me miran), oír a los que me oyen (y me escuchan) y hablar con los que me hablan (y me dicen).

Y tú, ¿qué eliges?

Pato´s life: el ideal de una madre estresada.

PATO´S LIFE: el ideal de una madre estresada

Empiezo este post en la puerta de embarque número 6 del JFK.

Sí, he vuelto a Nueva York. Lo hago de forma compulsiva o eso quisiera. ¿Algo nuevo? Ahí siguen mi Bow Bridge, el edificio Chrysler y el puente de Brooklyn. Soy yo la que va cambiando y la que, afortunadamente, se renueva en estos lares.

Por lo demás, clásicos que adoro: las visitas de Carmen para rajar despanzurradas en las mega camas del hotel, nuestras quedadas en la puerta del Barnes & Noble de Union Square para decidir donde vamos (qué bonito que te importe un huevo el emplazamiento), las cenas en Craftbar, reír hasta llorar (e incluso soltar gotillas de pis) con la Madre Niuyorkina en cualquier banco callejero…

Algo tenemos en común estas tres personajas: somos de todo menos pausadas, nos zampamos el exceso, pero A LO BESTIA. Curramos hasta enfermar, asistimos a cursos variopintos, proyectamos mil futuros, siempre más y más y más. La vida se nos hace corta.  No tenemos solución en lo que actividad masiva se refiere, y las tres nos planteamos lo mismo again and again: ¿será posible ser una desquiciada sin estresarse? ¿asumir la actividad despiporrada, el trabajo, la maternidad en plan salvaje pero sin que eso nos genere nervios, ansiedades, herpes, granos en el jeto…?

Yo me lo propuse ayer por la mañana en Central Park. Estaba yo en Mi Banco, mirando Mi Puente, el laguito, zampándome un croissant del tamaño de mi cabeza, cuando vi los patos. Esos patos con el cuello verde en grupos de a tres cruzando el lago, deslizándose en paz absoluta, mirando y ADEMÁS VIENDO.

Les miré muuuuuuucho rato y seguían deslizándose y les daban igual los rebaños de japoneses que me tapaban la vista para hacerse 584 fotos (cada uno), las ancianas millonetis con sus perros repeinaos, los deportistas buenorros, los carritos de hot dogs, los estudiantes, los enamorados, yo misma.

Y quise ser pato. PARA MIRAR Y ADEMÁS VER. Para que el móvil, el reloj, la búsqueda de las llaves al salir de casa, el metro que no llega, la bombilla que se funde, el ordenata que no arranca, el cargador olvidado, no me sacaran de quicio nunca más.

¿Jodido? TOMA, CLARO.

En esos momentos una piensa que esta vez sí, que ya sabe lo que quiere y que se va a quedar anclada a la Sensaciónpato forever. Pero eso fue en Central Park y ahora estoy en Chamberí (me encontré con amigos en la puerta 6 del JFK y dejé la escritura para otro momento). Dos semanas después retomo el teclado y la Sensaciónpato. Hoy sí. Hoy no me desquicio. Hoy voy a ver Madrid, voy a escuchar y a escucharme. Hoy no apuraré los minutos para hacer “esa última cosita” antes de salir por la puerta, que me fastidiará irremediablemente la hora siguiente porque, JODER ¡QUÉ MIERDA!, es imposible parar el tiempo por mucho que yo lo intente.

Asumamos que es imposible plancharse los pelos en 2 minutos, hacer la comida en 3 o responder ese maldito mail en 4. Ahora mismo asumo que, aunque seguiría escribiendo y repasando y reescribiendo, el reloj no se va a parar aunque yo apriete los dientes. Y tengo que preparar la cena, ducharme, ponerme mona y salir de casa cagando fostias. Asumiré también que no me da tiempo a colgar todas las fotos que irían bien en este post y que nadie me juzgará por ello.

La ¿crisis? de los 40.

La ¿crisis? de los 40

Lo prometido es deuda. Va por vosotros…

El viernes pasado viajé a Barcelona, donde nací y viví hasta los 28. Sólo el caminar por sus calles me retrotrae a esos años que ahora recuerdo tan libres y tan divertidos.

Cada x me reúno con mis compis del cole y nos ponemos al día sobre trabajo, familia, proyectos, etc. Después de los temas medianamente serios, volvemos a los mismos de siempre : que si a ti te molaba tal tío pero a mí me molabas tú, que si tú te enrrollaste con aquel, que no, que sí, que si aquella era más guarra que aquella otra, que tú tenías el mejor culo de la clase, que si te han crecido las tetas… O sea, volvemos a los 18 en conversaciones, comportamiento e inmadurez.

El grupito no puede ser más heterogéneo. No daré detalles por aquello del secreto de confesión, pero ahí nos juntamos desde el jefe de compras de un laboratorio de nosequé, hasta el profe más joven de nosequéescuelasuperguay, pasando por uno que gana estatuillas porque es un hacha en algo quetienequeverconpelis.

La ¿crisis? de los 40

A la cena le sigue el copeteo y el bailoteo.  Siempre los mismos sitios. Siempre las mismas risas.

Pero en la última cena surgió una conversación inimaginable unos meses antes: la crisis de los 40. Hostias, que de repente nos plantamos en el 2013. BOFETÓN DE REALIDAD.

La verdad es que por mi parte la “crisis” o mejor, los “melocuestionotodo” de los 40 han hecho mella y para bien. Fruto de ello, este blog.

¿Estoy dónde quiero estar?, ¿hago lo que quiero hacer?, ¿vivo cómo quiero vivir? Son preguntas que me planteo hace tiempo y respuestas que me doy, y medidas que tomo para que mi vida sea lo que yo quiero que sea. Cuestión nada fácil, por cierto.

Siempre he pensado que la felicidad requiere de la toma de decisiones que muchas veces son difíciles y dolorosas. Pero es lo que hay. Dejarme llevar no es lo mío. Prefiero ser yo la que manda.

Pues bien, allí estábamos los seis, con 40 y no con 18. EXTRAÑO.

La ¿crisis? de los 40

Pero y ¿por qué ahora? Estamos aproximadamente en el ecuador de nuestra existencia. A los 40 llevamos prácticamente la mitad de la vida trabajando en lo mismo, algunos con la misma pareja, los mismos amigos y el mismo lugar de residencia. Es el punto en el que aún no eres demasiado mayor para cambiar de rumbo y  y pilotar hacia el destino deseado. ¿Y cual es ese lugar? Eso es lo jodido: de dónde vengo ya lo sé, pero el hacia dónde voy…

Parece que hay un mapa invisible de como deberían ser nuestras vidas según donde nacemos: estudios, novios, trabajos, matrimonios, lugar de vacaciones, hijos, diversión, modo de vestir y de peinarte, religión…Si no te paras a pensar demasiado todo va rodado, te dejas llevar un poquito y ¡Zás! Tienes 80, no te has dado cuenta y la vida ha pasado por ti pero quizás tú nunca pasaste por tu vida.

Obviamente no voy a hacer aquí una sesión de coaching vital. Para empezar porque la primera que la necesita soy yo. Pero sí quería rendir homenaje a mis 40, y a los tuyos. Y a los de todos los que abandonan su zona de confort para plantearse que quizás hay otra forma de vivir.

A mí lo que me gusta es bailar.

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Cuando tenía 9 años, en las fiestas de mi pueblo, descubrí que a mí lo que me gustaba ERA BAILAR. Se lo dije a mi madre, super convencida y sudorosa, y se lo repetiría hoy mismo.

Me gusta bailar en discotecas, en casa, con cualquier música, desde Shakira a Donna Summer pasando por El Puma o Maroon 5. La cuestión es bailar como si nunca más fuera a oir esa canción. Me entusiasma el baile, como me entusiasman tantas cosas y me entusiasma el entusiasmo, el propio y el ajeno, el que llega a la casi enajenación.

A mí me enajenan Nueva York,  las películas en v.o.,  los helados de trufa,  los brunch de los domingos,  ver “Friends”, “Sexo en NY”,  las croquetas de mi madre,  Tom Cruise en “Top Gun”,  Ibiza al atardecer,  Madrid al anochecer y un largo etc.

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Qué palabra tan rara “Entusiasma”, parece una enfermedad, ¿no? Pero lo que de verdad es una enfermedad, que ya parece una plaga, es el “desentusiasmo”. Que no corren buenos tiempos, pues es verdad, pero la falta de alegría en el trabajo, en la pareja, en la vida, no pueden llevar a la bonanza de ninguna manera. El pensar que “esto es lo que me ha tocado” es un mal tan extendido como tóxico.

Lejos de demagogias y muy consciente de lo difícil de ciertas circunstancias y de lo fácil de las mías, me gustaría saber que pasaría si mañana nos inundara una ola de “entusiasmoenajenadorporlavidaengeneral”.

¿Qué pasaría si, de repente, nos encantara nuestro trabajo, nuestra casa, nuestra pareja (y si no, pues la dejamos), nuestra ciudad, en incluso nuestra celulitis (la nombro porque todas, y repito TODAS, la tenemos… Pues mejor adorarla, coñe!)?

Quizás, al vivir con alegría, nos concentraríamos más en nuestros quehaceres, nos saldrían mejor las cosas, con lo cual estaríamos de mejor humor, con lo que trataríamos mejor al prójimo, que a su vez se sentiría mejor, y así disfrutaría más de su vida y se concentraría más en sus cometidos y bla, bla, bla…

Y me diréis… Sí, ¡los cojones! Pues mirad, igual estoy exagerando, pero si mañana el comercial de Vodafone empezara a amar su trabajo y por fin, tras dos meses de perseguirle, me llamara (Aleluya), me haría más feliz y, probablemente ese día ocuparía más tiempo en hacer mejor mi trabajo y menos en acordarme de la madre del referido comercial.

Lo mismo con las azafatas de Ryanair, el camarero antipático, el panadero borde, el taxista acelerao, etc. Yo, cuando me encuentro con estos personajes que me tratan como si les debiera la vida, me digo a mí misma “a este, FIJO que no le gusta bailar”.

El que tiene jeto de amargao es imposible que disfrute con un musicón carnavalero.

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Venga, vamos a pensar que es que yo lo he tenido todo muy fácil, que es sencillito disfrutar de los bailoteos porque no conozco penurias y bla, bla, bla… Llegados a este punto, no puedo evitar pensar en las circunstancias de mis padres, nacidos en plena postguerra, en familias numerosas, con cartilla de racionamiento, una muñeca de trapo, un solo par de zapatos y dos vestidos o dos trajes en el caso de los chicos.

El sueño de mi madre era tener unas botas katiuskas, el de mi padre, que el suyo tuviera un coche.

Adivinad como se conocieron: PUES BAILANDO. Rollo guateque, claro, que no me puede parecer más divertido. Que me gusta un cardado y un Dúo Dinámico por parte de mi madre y un tupé y un Elvis por la de mi padre.

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Y adivinemos a que se dedicaron tras casarse: a que los demás también bailaran. De la nada, con sus cuatro manitas y sus cuatro bolsillitos vacíos, con un bebé recién nacido (yo misma), construyeron la caja musical más bonita del mundo (No viene al caso describir el negocio familiar. El tema es que ALLÍ, la gente baila descosidamente)

Ellos empezaron a trabajar a los 11 años, no pudieron estudiar, y a base de currar como bestias, pero como bestias alegres, como bestias divertidas y musicales, me han podido pagar los estudios, los vestidos, los zapatos, los coches, las muñecas y mil cosas más que les agradezco enormemente.

thanks

Pero lo más importante que me han dado es EL ENTUSIASMO, el entusiasmo hasta la enajenación, por la vida, por el trabajo, por la risa, por los viajes, por la belleza, por los libros, por los helados de trufa, por las croquetas de mi madre, por ESCRIBIR, y, por último, pero no por ello menos importante, por el baile, porque a mis padres lo que les gusta… ¡ES BAILAR!

       bailar