Una cosa es rendirse y otra seguir adelante

Sol Aguirre
sábado, 03 agosto
Que levante la mano la que no se haya sentido, al menos una vez en su vida, en una encrucijada en la que no sabía si estaba rindiéndose sin razón suficiente o si, por el contrario, era necesario dejar atrás una etapa para entrar en otra. (Te dejo aquí un episodio de podcast en el que hablo de cómo transitar etapas desde la calma).
Yo la levanto, porque también he estado ahí, en ese punto donde las dudas y el cansancio te asaltan sin piedad.
Rendirse no es una palabra que esté en mi vocabulario cotidiano, pero admito que más de una vez me ha rondado la mente. Porque la vida, amigas, a veces te vapulea. Y es en esos momentos cuando nos preguntamos si estamos tirando la toalla o simplemente tomando la inteligente decisión de pasar página.
A estas alturas te estarás preguntando cuál es la diferencia entre una cosa y la otra. Te cuento mi opinión.
Rendirse tiene una connotación negativa. Es ese punto donde el cansancio, la frustración y la desesperanza te han vencido. Donde sientes que no hay salida, que tus esfuerzos no valen la pena y que simplemente no puedes más. Es como dejarte arrastrar por la corriente, sin luchar, sin intentar nadar hacia la orilla. Rendirse es, en el fondo, perder la fe en ti misma y en tus capacidades. Rendirse es dejar que la vida decida por ti.
Por otro lado, seguir adelante, pasar a otra etapa; decidir que una situación, una relación, un proyecto, ya no te sirve, ya no te nutre es agarrar las riendas de la vida, al toro por los cuernos. Es ejercer tu poder y tu responsabilidad. Es reconocer que hay batallas que no vale la pena luchar, que hay caminos que no llevan a ninguna parte y que tu energía y tu tiempo son demasiado valiosos para desperdiciarlos en causas perdidas.
Para diferenciar entre rendirse y seguir adelante desde el criterio, te invito a reflexionar sobre estas preguntas:
- ¿Has agotado todas las opciones?: antes de tirar la toalla, asegúrate de haber explorado todas las posibles soluciones. Habla con personas de tu confianza, busca otras perspectivas, intenta algo nuevo. Si después de todo esto, sigues sintiendo que no avanzas, tal vez sea momento de cambiar de rumbo.
- ¿Te sientes exhausta o liberada?: rendirse suele dejarte una sensación de derrota y agotamiento, mientras que tomar la decisión de pasar página debería regalarte una sensación de alivio y liberación. Si al soltar algo, sientes que un peso se ha levantado de tus hombros, es probable que estés actuando con inteligencia. Porque libres es todo lo que queremos ser.
- ¿Estás renunciando a ti misma o a una situación específica?: rendirse muchas veces implica dejar de creer en ti misma, en tu capacidad de superar retos. Seguir adelante, en cambio, significa que te eliges a ti misma por encima de una situación que no te hace bien. Que te tratas como a la Diosa del Olimpo vikingo que eres.
- ¿Qué dicen tus emociones y tu intuición?: nuestra intuición y nuestras emociones son listísimas. Si sientes una constante sensación de opresión, de que algo no anda bien, escúchate. Aprende a conectar con el cuerpo (te dejo aquí una meditación de escáner corporal que a mí me va de perlas).
- ¿Cuál es tu propósito?: recuerda siempre por qué comenzaste. Tus objetivos te marcan la dirección. Si lo que estás haciendo ya no se alinea con tu propósito, lo suyo es reconsiderar y ajustar la brújula.
- Identificar y gestionar los obstáculos que te han frenado hasta ahora
- Definir con exactitud cuáles son tus talentos
- Saber qué es lo importante para ti para que se convierta en tu brújula
- Descubrir qué te gusta, qué te ilusiona, qué te impulsa
- Crear patrones que te lleven a la claridad mental
- Hacerte las preguntas correctas para conocerte a fondo y para establecer tu plan de acción
- Descubrir y trabajar tu marca personal
- Concretar procesos para avanzar en todos los ámbitos
- Rodearte de un entorno trampolín, de un grupo de mujeres con tus mismas inquietudes y tus mismas dificultades
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