100 gilipolleces que me hacen INMENSAMENTE FELIZ.

No teníamos bastante con esta lista, ni con esta, ni con esta otra.

76. Escuchar aquella canción, que me recuerda al viaje a Londres con mi amiga, antes de que se fuera a vivir a Nueva York, antes de los hijos, de las responsabilidades, de que la vida fuera una cosa seria.

77. Que en este verano tan asquerosamente caluroso, caiga una tormenta brutal y estemos, de repente, a veinte grados. Ponerme manga larga para desayunar en la terraza, disfrutar del simple hecho de no sudar cual cerda todo el día.

78. Ver la puesta de sol en mi isla mientras escucho la banda sonora de “La La Land”. Escucharla en contadas ocasiones, porque es como esas joyas que no puedes ponerte cada día. Brilla demasiado.

79. “La La Land”: porque me lleva a un sitio que debería visitar más a menudo, porque me da de hostias y me recuerda que aquí hemos venido para soñar. Porque, como los buenos amores, me hipnotiza por algo que soy incapaz de explicar.

80. El cuarto capítulo de la séptima temporada de “Juego de Tronos”. No quiero hacer spoiler, pero…

81. Esta foto:

82. Rafaella Carrá: su pelo, sus bailes, sus canciones, su lycra.

83. Las manipedis de “The Red Door”, dos horas y media de placer sublime.

84. Directamente relacionado con el anterior, el tono “Laquered up” de Essie. Es el rojo PERFECTO.

85. El cine al aire libre, mejor si es una peli antigua. Especial mención a esas maravillas que vi en Nueva York: “La Historia Interminable” y “Cocktail”. Enamorarme, otra vez, de Tom. Querer ser esa rubia bajo la cascada mientras la empotra viva.

86. Morrearte, tras mucho tiempo, con un antiguo amante que besaba que te mueres.

87. Las complicidad con los amiguis de siempre. Volver a mi colegio, tirarme de culo por las escaleras del gimnasio como cuando tenía ocho años. Que la monja me grite “¡Aguirre, por las escaleras no!” y luego se descojone.

88. Llevar aún a mi Nueva York pegadita a la piel. Las risas con mis Golondrinas, los cafés en pijama por las calles de Manhattan.

89. El exfoliante de Rituals con olor a Hammam. Frotármelo como una loca antes de ir a dormir.

90. Hacerme un tatuaje nuevo (que está al caer).

91. La voz de John Legend. Esa caja de resonancia que tiene entre pecho y espalda. QUÉ BESTIA.

92. Notar que un artículo se me sale por la garganta, vomitarlo frente a la pantalla. Escribir sin prisa.

93. Volver a Barcelona, la ciudad donde nací, para firmar libros en Sant Jordi. Llorar y reír al mismo tiempo. Besuquear a conocidos y desconocidos. Reencontrarme, encontrarme. Que me digáis, en directo, que os alegro el día. Es IMPOSIBLE ser más feliz. GRACIAS.

94. Leer la leyenda del hilo rojo y saber que es verdad de la buena. Sentir, como si estuvieran a mi lado, a los que están al otro extremo.

95. La ilusión. En general. Por lo más nimio.

96. Las crepes con Nocilla. Y con plátano. Y con leche condensada.

97. El sonido de una trompeta.

98. El Superman de Christopher Reeve.

99. Comprar un pijama nuevo, de algodón, cómodo a más no poder. Mono, monísimo.

100. Saber que esta lista cada vez es más larga, que me quedan muchas cosas que hacer por primera vez. Que nunca es tarde y que la dicha siempre es buena.

 

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100 gilipolleces que me hacen INMENSAMENTE FELIZ.

¿Novio por catálogo? No, gracias.

100 gilipolleces que me hacen INMENSAMENTE FELIZ.

Carta al tío de los gestos obscenos.

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