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Reflexiones de una majara

10 razones para ser soltera (si es que tiene que haber alguna).

10 razones para ser soltera (si es que tiene que haber alguna).

Que conste, la única razón válida e indispensable para ser soltera y para cualquier cosa de la vida que solamente te afecte a ti, es que te salga de las narices. Pero, a pesar de que yo no soy de dar muchas explicaciones, hoy estoy de buenas y voy a satisfacer la curiosidad de esos seres para los que mi condición de soltera es algo que precisa justificaciones varias.

  1. Me gusta dormir (y despertarme) sola.
  2. Me gusta viajar sola.
  3. Me gusta ir al cine sola.

(Vale, algunas diréis que se puede tener pareja y cumplir los tres primeros puntos. YA, YA…)

4. No me gusta dar explicaciones sobre lo que hago o dejo de hacer. Sobre nada. Nunca.

(Por si lo estáis pensando: ser una desconsiderada, en mi opinión, consistiría en comprometerme y luego ir a mi bola. Lo que yo hago es ir a mi bola. Sin más.)

5. Me siento una naranja entera. A veces hasta dos naranjas. O tres.

6. No creo que le falte nada a  mi vida. Quizás, si acaso, le sobra. Tengo una existencia rebosante.

7. Si mi maternidad me lo permite, hago lo que me sale del toto a tiempo real. Me voy al cine AHORA. Me voy a dormir AHORA. Me voy a Barcelona AHORA. RIGHT NOW. Sin pedir permiso, sin anunciarlo, sin tan siquiera pensarlo dos veces. Directamente relacionada con el número 4.

8. Mi necesidad de afecto está más que cubierta. Me siento muy, muy, MUY querida por mi familia y mis amigos. (Y apreciada por mis lectoras Fabulosas).

9. No es que no le tenga miedo a la soledad, es que la adoro. A LO BESTIA. (Por si no quedaba claro con el 1, el 2 y el 3).

10. No soy alérgica al compromiso. No es que no sepa. No es que no pueda. Es que no QUIERO comprometerme. 

Y habrá quien me diga que no hable mucho, que cualquier día me echo novio, que eso no lo elige una (Ay, que me da, QUE ME DA), o qué voy a hacer “de mayor”, yo SOLA.

Y contesto (mentalmente porque de palabra ni se me ocurre) que me dicen lo mismo desde hace treinta años, que si no lo elijo yo, quién cojones lo va a hacer, y que hace tiempo que soy adulta pero nunca seré lo suficientemente mayor como para decidir cómo vivo empujada por lo que temo, en lugar de hacerlo por lo que deseo.

Ah, y que tú haz lo que quieras con tu vida, que de la mía ya me encargo yo. Estupendamente, además.

   

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