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Reflexiones de una majara

10 señales inequívocas de que te has convertido en una señora.

10 señales inequívocas de que te has convertido en una señora.

Sí, SEÑORA, por más que te joda. Por más que tus congéneres te cuenten pamplinas: “Nena, por ti no pasan los años”, “Estamos igual que a los veinte”, “Eso de hacerse mayor es una cosa mental”. Pues sí, LO ES, y sin saber muy bien cómo ha pasado, te encuentras con que cumples TODOS los requisitos para ser una señora, cagontóloquesemenea.

1. Hasta hace no tanto, se te ponían los pelos de punta cuando escuchabas a alguien decir que “No me gusta acostarme tarde porque luego pierdes el día” o “Me gusta aprovechar las mañanas”. Pero si a mí lo que me gusta es aprovechar las noches como si no hubiera un mañana. Ver amanecer con el rímel por las rodillas, afónica y con dos kilos menos que cuando he salido de casa. Pero ahora… AY, AHORA. Llega el viernes y te metes en la cama a las diez de la noche porque no puedes con tu vida y porque sí, reconócelo, te mola levantarte antes que los niños. Tener un momento de paz antes de que empiece la batalla.

Tú, que salías de la cama a medianoche porque no podías rechazar el planazo que tus amigos te ofrecían por teléfono y ahora te parece una total locura cualquier evento que empiece después de las 21.30. Pero, qué pretendes, ¿que me levante a mediodía, PEDAZO DE ANIMAL?

Pero, además, por mucho que quieras dormir hasta las tantas, no puedes. Porque tienes un puto reloj interno que antes te dejaba sobar doce horas y ahora suena a las ocho de la mañana incluso los domingos. Esta es una mierda que a mí, personalmente, me pone de muy mal humor. #MarmotaDignidad

Sales de casa un domingo a las nueve de la mañana y ves a todos esos que vuelven de fiesta y que antes eran tú. Los que han ligado, las que llevan los zapatos en la mano. Los que desayunan a tu lado atufando a alcohol mientras tú te repasas el Huffington Post. Y sientes, por un lado, alivio, y por otro melancolía. Porque ser una animal nocturno era agotador pero TAN BRUTALMENTE DIVERTIDO.

Si esto tiene que ver con la edad, con la disminución natural de energía o con la maternidad, pues no lo tengo muy claro aún, la verdad.

2. Conoces a un tío, parece que hay tema, la cosa no queda clara, pasan los días y aquello no avanza. TE DA IGUAL. Hace unos años la comedura de tarro habría sido MORTAL. Ahora, cuando han pasado tres días de su último WhatsApp, te acuerdas de que había uno que te hacía tilín. De nuevo, ni idea de si esto es porque realmente le das importancia a las cosas que la tienen o es que vas tan de culo que no tienes tiempo de volverte majara perdida.

3. Lo de ir siempre mona ya no es una prioridad. Mi última afición es bajar a la cafetería de debajo de casa en pijama. Me da un palo tremendo vestirme para estar diez minutillos tomándome un té mientras le echo un ojo a las redes sociales.

¿Que me lo podría tomar en casa? Pues sí, pero a mí me gusta bajar a las calles.

¿Qué llevo unas pintas tremendas? Pues también, pero me importa un huevo.

Supongo que ese huevo es la representación de la madurez, o del pasotismo, o de la degradación como humana. El caso es que yo estoy en mi mesita, con mi pijama y mis chanclas, la mar de a gusto.

4. Eres tiquismiquis. Lo de dormir cuatro amigas en la misma cama, en un hostal de mala muerte era muy divertido pero ahora NI DE COÑA. Nada de mochila, trolley a todas partes, porque otra de las señales de que ya no eres una niña es el dolor de espalda. Bueno, y que pasas de sufrir innecesariamente.

Cuantas más estrellas tenga el hotel, pues mejor.

¿Acampada? ¿Estamos locos? Anda, anda…

5. Tras un par de comidas no muy sanas te mueres por un trocito de pescado con brócoli. El estómago se resiente, engordas a la velocidad de la luz, ya has leído mucho sobre nutrición y eso hace mella. Directamente relacionado con esto y con la maternidad, tenemos la siguente señal: ya no cenas cada día galletas y Cola Cao.

6. Follas en un año lo que antes en un mes. Y estoy siendo generosa. Porque te has vuelto exigente. Porque no sales y no conoces a nadie nuevo, ni interesante, ni nada. Porque te da perezón. Porque tenemos HBO y, entre un polvito casual o un capítulo de Juego de Tronos, la cosa está clara.

7. Tu planazo de cumpleaños ya no es una fiesta multitudinaria que acabe a las diez de la mañana, sino tomarte el día libre, hacerte una manipedi cojonuda y un masaje tailandés que te mueres.

8. Dices que NO con una facilidad pasmosa. NO voy a ver una peli doblada. NO voy al cumple de ese que tampoco es tan amigo mío. NO me apetece cenar en ese restaurante tan sumamente ruidoso. El tema de la intolerancia al ruido es otro síntoma de que te haces mayor.

No a los gritos.

No al chunda chunda en las tiendas de ropa.

No a nada que no me permita hablar a un volumen razonable.

9. Te has vuelto ordenada. Tú, que dejabas toda la ropa amontonada sobre tu cama, que usabas el mismo vaso durante días con tal de no fregarlo, que no sentías necesidad alguna de recoger la mesa al acabar de comer. Ahora doblas la ropa que ni las dependientas de Zara, estás al borde del infarto cuando tus hijos dejan los zapatos en el salón y ordenas tus cosméticos por orden alfabético. Cuando es necesario, cambias las sobras de la comida a un tupper más pequeño, no abres un bote de champú cuando hay otro empezado. Un asco.

10. Haces tus planes pensando en la meteorología. Si va a llover no sales. Si hace mucho calor, mejor te quedas. Si va a helar, nada de quedar para desayunar. Tú, que te has bañado mientras granizaba, que te disfrazaste de trapecista en un febrero de temperaturas bajo cero, que te empapaste en tantos conciertos.

Querida mía, si te reconoces en cinco o más de estas señales, no hay duda, te has convertido en una señora. Oye, que no es mejor ni peor que ser una chavala porque lo importante es que eres una Señora Fabulosa.

Y aprovecha, porque ya lo dijo Shakespeare…

“Nunca seremos más jóvenes que ahora”
 

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