¿Y si no puedo imaginar mi Día Ideal?

Sol Aguirre
lunes, 21 abril
Hace unos días, compartí en Instagram un ejercicio que a mí me sirve para obtener claridad y foco y que te puedes descargar AQUÍ. Para volverme a ilusionar. Para definir y redefinir objetivos y planes de acción. Para soñar en grande.
Es un absoluto imprescindible en mi vida.
El ejercicio es el del Día Ideal y quizás puede parecer sencillo, total, es escribir cómo sería tu día perfecto. No un día de vacaciones ni uno de fiesta, sino un día normal… pero inmejorable. Uno en el que te levantaras con toda la calma, te sintieras en paz y satisfecha, hicieras cosas que te llenaran y terminaras el día diciendo “Joder, qué bien”.
A lo largo de los últimos años, he propuesto este ejercicio a prácticamente todas mis alumnas, seguidoras y coachees. Muchas me han contado que había sido revelador, que por fin se habían planteado las preguntas correctas. Y unas cuantas me habéis comentado que: “No sé cómo sería ese día. Solo se me ocurre lo que ya hago.”
Comprensible, porque cuando llevamos mucho tiempo sobreviviendo, encajando, resolviendo, apagando fuegos y olvidándonos de nosotras para que todo lo de fuera funcione la imaginación se apaga. La creatividad se vuelve rígida, práctica, útil (para otros), obediente (para mal). Dejamos de jugar. Y eso es una mierda, menos mal que es una mierda solucionable.
Hoy quiero compartir tres estrategias para recuperar esa capacidad de imaginar una vida diferente, mejor, brillante, cojonuda. Porque necesitas imaginarla para poder tomar decisiones cada día que te acerquen, ya sea un milímetro o un kilómetro a ese Día Ideal.
Vamos allá:
1. Usa el espejo ajeno (sin juicio)
A veces no podemos visualizar otra vida porque nunca hemos visto una parecida. O la hemos visto, pero las creencias limitantes nos han tapado los ojos y el entendimiento. O no conseguimos la distancia, la perspectiva suficiente para contemplarla.
Pero hay personas que viven de formas que podrían inspirarte y muchas veces están más cerca de lo que crees, solo que has de abrir los ojos y el alma para percibirlas. Ojo, no vamos a fijarnos en esas personas para copiar, sino para despertar tu propia ilusión.
Piensa en tres personas cuya vida te parezca interesante por lo que sea: porque viven en calma, porque gestionan su tiempo divinamente, porque son disfrutonas y libres… Una amiga, una escritora, un personaje de una serie…
Y pregúntate:
- ¿Qué parte de su día me llama la atención? (Cuántas veces os he contado que he visto mil veces el primer episodio de la serie “The Morning Show” porque me fascina observar a Alex Levy (Jennifer Aniston): su rutina matinal, ese abrigo camel divino, la belleza de su casa)
- ¿Cómo me haría sentir algo parecido? Ojo, porque aquí puede aparecer un miedo de lo más común y de lo más cabrón, el miedo a respirar algo que me mola y que luego no sea mío. Este miedo parte de un paradigma totalmente erróneo, de varios. Porque lo que nos hace sentir bien no es el abrigo camel o el apartamento en Manhattan, eso no es lo que queremos. Queremos orden, paz y belleza. Queremos sentirnos orgullosas de nosotras mismas, capaces, poderosas. Y eso lo podemos encontrar en nuestro día si le ponemos intención.
- ¿Hay algo de eso que podría ser mío también? De nuevo, no hablo del piso, del abrigo, del trabajo en la tele. Hablo de la claridad mental, de la paz al despertar, de respirar profundamente, de saber que tenemos las riendas de nuestras vidas en las manos.
- ¿Cómo huele tu día ideal?
- ¿Qué sonidos escuchas?
- ¿Qué llevas puesto y cómo te sientes con eso puesto?
- ¿Qué comes, qué ves, qué temperatura hace?
- ¿Qué hacía yo cada día que me hacía sentir bien?
- ¿Cuáles eran mis prioridades?
- ¿Cuáles eran mis irrenunciables y mis inadmisibles?
- ¿Qué elegí no volver a permitir?
- ¿Qué pequeños o grandes placeres llenaban mis días?
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