El secreto de la felicidad (simple, qué no fácil)

Sol Aguirre
sábado, 20 junio
El secreto de la felicidad consiste en saber qué nos hace felices y rebozarnos en ello, así de simple. Ojo, y he escrito “simple”, no “fácil”. La simplicidad se basaría en los escasos pasos que te separan de lo que quieres. Es lo opuesto a complejo. La facilidad estaría relacionada con el esfuerzo que tienes que hacer para conseguirlo. Es lo opuesto a difícil.
Algunos ejemplos de objetivos cuya consecución es simple, pero para algunas nada fácil serían: estar en forma, viajar, cambiar de trabajo, …
Hacer ejercicio es simple, solo hay que elegir qué es lo que voy a hacer: puedo correr, subir escaleras, ir a una clase en el gimnasio, apuntarme a baile, etc. Decido y me muevo. Nada más. Pero a algunos no les resulta nada fácil.
Lo mismo con comer tres frutas y dos raciones de verduras diarias. Simple a más no poder, entonces ¿por qué no lo hacemos?
Para viajar sola solo tienes que comprar un billete e ir al aeropuerto, o a la estación de tren, o ni eso, tan solo coger el coche y enfilar la carretera. Lo mismo con ir sola al cine, o a comer sola. O estar tan a gusto sola. No hay nada más simple, pero para algunas, de tan difícil, se convierte en imposible. O eso creen.
Dejar tu trabajo, si no te gusta, no puede ser más simple: carta de renuncia y Ciao, bacalao (no a la inmolación, busquemos otro antes si no nos podemos permitir un tiempo sabático, por favor). Entonces, ¿dónde radica la dificultad?
Por el contrario, hay tareas sumamente complicadas, pero de lo más fáciles. Como el funcionamiento de un ordenador: lo encendemos, abrimos una aplicación y a teclear. Sin tener, la inmensa mayoría, ni puñetera idea de lo que albergan las entrañas del aparato.
¿Por qué insisto tanto en la diferencia entre estas dos palabras? Porque el lenguaje determina cómo pensamos, y nuestros pensamientos definen cómo nos comportamos y, por tanto, cómo somos. Vuelve a leer esta frase, querida lectora, porque puede resultar importantísima en tu camino hacia la felicidad (o plenitud, o calma, lo que sea).
Paremos a pensar qué significan las palabras que nos decimos, para qué nos las decimos, dónde las hemos aprendido. Determinemos si nuestro lenguaje nos impulsa o nos frena y, desde ahí, decidamos cómo lo vamos a usar a partir de ahora. Cuántas veces vamos a dejar que el vocablo “difícil” nos clave al suelo de la insatisfacción.
Siguiente paso: una vez tenemos la distinción clarita, hemos de conseguir que lo simple nos sea cada vez más fácil. O, al menos, que la dificultad no suponga un freno invencible.
¿Cómo lo consigo?
Pues como se consigue todo, amiga, PRACTICANDO. La práctica consigue que la distancia entre lo simple y lo fácil disminuya. Este “practicando” sería la repetición en la implementación de los hábitos. Practicar sería, también, atravesar el miedo (a viajar sola, a dejar tu trabajo, a decirle adiós a tu pareja, a crear tu propio negocio, a ponerte una minifalda si es lo que te apetece). Porque una vez traspasado el primer miedo, el segundo se nos antoja mucho menos aterrador. Y el tercero, ni te cuento.
Practicar sería detectar qué creencias cercenan mi vida. Darme cuenta de lo que no creo merecer, de lo que no me creo capaz, de lo que creo posible o imposible.
De nuevo, practicar es simple, pero quizás no fácil.
Lo sería mucho más si diéramos el tercer paso: imaginar lo que hay al otro lado de la dificultad, del miedo, de las creencias.
Lo que hay al otro lado, te lo digo ya, no es más que la felicidad en la que quieres rebozarte. Lo que hay al otro lado es un cuerpo sano y fuerte del que te sientes orgullosa, la calma que llega cuando eres tu mejor compañía, la libertad que acompaña la seguridad en una misma, un trabajo en el que te sientes realizada, una vida en la que te quieres quedar.
La motivación para ponernos en marcha hacia lo que deseamos, solo llega cuando somos capaces de reproducir en nuestra mente lo que seremos, veremos, escucharemos y sentiremos después del esfuerzo, de realizar eso que ahora sabemos que es tan simple, pero que se nos antoja tan difícil.
Es necesario desgranar en qué consiste nuestra particular dificultad y generar una estrategia que nos permita ver, a través del muro, la película de nuestra vida, la protagonista que deseamos ser. Conectar tanto con ella que podamos tocarla, observar cada una de sus características, enumerar lo que quiere, lo que no quiere y lo que va a hacer para agarrarse a lo primero y desechar lo segundo.
P.D.: Quizás, leyéndome, has pensado que no sabes cómo empezar a avanzar porque no tienes claro lo que quieres en tu vida. Normal, porque nos pasamos tanto tiempo pendientes de las obligaciones que se nos ha oxidado el mecanismo que genera deseos. Estamos tan pendientes de los TENGO QUE, que se nos han olvidado los QUIERO.
O si nos atrevemos a definir lo que deseamos, o lo que ya no queremos sostener en nuestra vida, nos desgañitamos justificándonos.
O, por mucho que sepamos lo que queremos, no sabemos cómo trazar el mapa que nos lleva hasta ello.
Si estás asintiendo con la cabeza, mi formación “Del DEBERÍA al QUIERO” es para ti.
Es una formación grabada, para que puedas hacerla a tu ritmo, que tendrás disponible para siempre en la que aprenderás a:
- Definir lo que sí quieres en tu vida y también lo que no, para que dejes de aceptar planes, trabajos, dinámicas y relaciones que en realidad no quieres.
- Validar lo que sí deseas y también lo que no sin necesidad de justificarte, sin la búsqueda de la aprobación ajena para decidir y empezar a moverte.
- Trazar tu plan de acción para ir del “Debería” a “Esto es lo que yo quiero” y no pases semanas dándole vueltas a tus decisiones.
Más entradas