Lo que aprendí aburriéndome

Sol Aguirre
lunes, 24 agosto
Yo de pequeña me aburría, Y MUCHO.
Era hija única, muuuuuuuuuy tranquila (sí, muté en algún momento. No sé cuando ni por qué) y no vi a mis padres preocupados por ello, la verdad. Ni a los míos, ni a los de mis amigas.
Y mirad qué fenomenal he salido. Si hay alguna por aquí que me conozca y se esté descojonando, en serio, mi desequilibrio es más producto de la genética que del aburrimiento. Soy la más normal de mi familia, por mucho.
Me ha dado por escribir sobre esto, porque en verano, quizás más que en otras épocas, se me ponen los vellos como escarpias viendo a niños con las narices pegadas a las pantallas mientras sus neuronas se agrisan.
Aburrirse no solo no es malo, sino que es algo fantástico para nuestros cerebros. Lo dice la ciencia y lo digo yo.
Tanto me aburría de pequeña que incluso leía: cómics que se amontonaban en el suelo de mi habitación (así estoy, obsesionada con los superheros), novelas que encontraba en las estanterías de mi casa sin que nadie las analizara previamente en la librería infantil especializadísima, las revistas de cotilleos de mi madre. Tan horrible era el aburrimiento que me leía las leyendas de Bécquer, los poemas de Neruda y los “Campos de Castilla” de Machado. Una catástrofe sin parangón para cualquier niño del siglo XXI.
Tanto me aburría que veía pelis de todos los tipos y colores: “Siete novias para siete hermanos”, “Mary Poppins”, “Karate Kid”, “E.T.” Las veía en el cine y las podía ver otra vez en mi cabecita cuando volvía a casa y no tenía nada más que hacer. Un horror que ningún niño debería experimentar.
Tanto me aburría que escuchaba música: en la radio, ensimismada y muy atenta para grabar en aquellas cintas de casette la nueva canción de moda y ponerla una y otra vez mientras bailaba por los pasillos de mi casa; en el tocadiscos donde ponía los vinilos de mi madre: Alberto Cortez, la Pantoja, la Jurado… Y de mi padre: Fleetwood Mac, Elvis Presley, Earth Wind and Fire,… Algo nada estimulante para estos niños que tanto aprenden en los juegos educativos del sempiterno Ipad.
Tanto me aburría, que dibujaba: copiaba animales de mis cuentos, calcaba con los papeles pegados a las ventanas lo que no alcanzaba a copiar, pintarrajeaba cuando no sabía hacer ni lo uno ni lo otro.
Y me pregunto qué habría pasado si, en lugar de dejar que me aburriera, mis padres, ante el más mínimo signo de inactividad, me hubieran plantificado una pantalla delante, para que viera unas historias creadas por otros y no por mí.
Siempre me he quejado de las interminables sobremesas de los adultos que yo sufría desde mi sillita (visión imposible actualmente. Os doy un euro por cada niño que veáis sentado sin maquinita en un restaurante) pero ahora caigo en que fueron horas (interminables) de observación de aquellos seres, de escucha de conversaciones probablemente poco adecuadas para mi edad.
Aprendí a escuchar, a callar, a interpretar, a intuir.
Tanto me aburría, que empecé a escribir.
Nunca sabré qué habría salido de una Sol rodeada de estímulos externos impuestos por otros y no elegidos por mí, quizás este amor por la escritura habría sobrevivido a todas esas distracciones y hoy estaría aquí escribiendo sobre lo extraordinario de una infancia supermegaultradivertida.
O quizás no.
P.D.: lamentablemente, cuando llegamos a la vida adulta, pocas nos aburrimos. Todo lo contrario, vamos a toda velocidad por la vida, como si fuera un tobogán lleno de aceite. Sentimos que no llegamos a todo; que a pesar de acabar el día agotadas, no hemos avanzado; sintiendo que las riendas de nuestro tiempo las maneja gente que no somos nosotras.
Yo sentí todo eso durante mucho tiempo, y pasito a pasito, generé unos sistemas de planificación que me han llevado a sentir que soy la dueña de mi tiempo, prácticamente siempre.
¿Cómo lo he conseguido?
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Esto es lo que dicen las alumnas de la primera edición (más bonicas…)
Impresionante, desde el primer minuto hasta el último. ¡Gracias, de corazón!
Maria Jose
Maravilla de sesión!! Información directa, precisa, concisa y llegando al centro de la diana . Como siempre, me encanta!! Sol eres magnífica en lo que haces, que es cambiarnos la vida.
Maria Teresa
Me ayudas mucho, es un lujazo estar en estas formaciones Sol. El decir “no” me ha ayudado y el priorizarme y darme cuenta de que lo que quiero es paz y calma. Maravilloso.Gracias
Ana
Hola! acabo de terminar de ver todas las sesiones. Mi cuaderno lleno de apuntes y herramientas tan útiles qué nos aportas, para mejor nuestra vida. Millones de gracias.
Leonor
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