Ir al contenido principal

Hoy he tenido un día de mierda, pero de mierda (y lo he gestionado así)

Sol Aguirre

miércoles, 06 agosto
Podría endulzarlo, pero no tendría sentido: HE TENIDO UN DÍA DE MIERDA, PERO DE MIERDA. Uno de esos en lo que todo parece salir al revés: llevo unos papeles al gestor y se me olvidan otros. Y tengo que volver. Y voy de culo. Hago un banana bread y se me cae en el horno. Todo el horno sucio. El bread he podido medio salvarlo, menos mal. Haciendo la cama se me engancha una uña en el colchón y, joder, qué daño. Mis hijos, en cuanto me doy la vuelta, se comen los arándanos para el banana bread que les voy a hacer mañana a mis amigas, después de haberles contado trescientas veces que mañana hago banana bread para mis amigas. Ahora os vais a buscar un supermercado y me traéis los arándanos, que estoy hasta las narices de que ni escuchéis ni penséis, NI NADA. Quizás te estés preguntando para qué te cuento mis saraos, si no te importan. Toda la razón. No te importan los míos, pero te importan los tuyos. Lo sé, porque he publicado en Instagram mi ración de desidealización del día y he recibido un montón de mensajes contándome que os ayuda mucho saber que yo también tengo días de agotamiento absoluto, de no cumplir con la agenda, de querer mandarlo todo a tomar por el jander. No os gusta saberlo porque seáis mala gente, sino porque, de alguna manera, os sentís entendidas, menos raras. Porque este mostrarnos con nuestras mierdas le lleva la contraria a esa teoría malsana que se inventó alguien muy cabrón y que nos cuenta que hemos de ser perfectas, que tenemos que llegar a todo, que perder la paciencia es de histéricas. La búsqueda de la perfección es una trampa de nuestro coco (alimentada por ciertos esquemas sociales) para contarnos que no somos la hostia, para frenarnos, para dejarnos ciegas y sordas ante nuestros innumerables logros. Así que yo os cuento mis días de mierda y también, claro, cómo los gestiono. Mi obsesión es compartir herramientas para vivir mejor, ya sabes.
  1. Tras el desquicie inicial, los gritos iniciales y los mecagoenlahostia iniciales: respiración, amigas, respiración. Tres respiraciones bien hechas nos calman, modifican la química de nuestro cuerpo estresado perdido.
  2. Me hablo bien. Nada de Eres una inútil, Eres una vaga porque no tienes ganas de hacer nada, Un día totalmente perdido porque no has acabado los #TresMinutos del sábado próximo, blablablabla. Me recuerdo que este cansancio que no me deja ni pensar, estos olvidos, este caos, este bizcocho en el fondo del horno, esta histeria y este caos son la excepción y no la regla. Paro aquí.
Quizás estés en un momento vital en el que sientas que esta sensación es la regla, no la excepción. Te entiendo perfectamente, he estado ahí. He sido una madre soltera de dos niños que parecían veinticuatro niños, en plena reinvención, volviéndome loca, teniéndome lástima, llorando en el espejo del baño porque me levantaba tan agotada que solo quería que llegara la noche. Bien, pues las herramientas son las mismas, ve poco a poco, un avance cada día, aunque sea mínimo. También esto pasará.
  1. Deporte. Menos mal que hoy tenía Pilates. No tenía ningunas ganas, claro, pero DIOSANTO, qué bien me ha sentado. El deporte es un ansiolítico natural, es un dedicarte un rato a ti misma, es conectar con el cuerpo y sanar la mente. Si no es una hora de pilates, que sean diez minutos de estiramientos, media hora de paseo, cinco sentadillas, diez abdominales, cinco flexiones. ALGO.
  2. Qué te voy a contar a estas alturas de lo importante que es para mí, y para cualquiera, escribir. Tomar diez minutos cada mañana para tener una conversación contigo, para preguntarte cómo estás y qué necesitas. Me decía una amiga el otro día que ella solo acudía a la escritura cuando la crisis ya era insoportable. Esto es como todo, querida: si esperas al desastre, la recuperación es más complicada. Si estás acostumbrada a leerte, a escucharte, a conectar con todo lo que eres, la explosión será menor o nunca llegará. Si la explosión ya ha llegado, descríbela en detalle, desgrana sus causas y busca un recurso que puedas usar ya mismo para sentirte mejor.
  3. Ya que me pregunto qué necesito, intento dármelo en la medida de lo posible. En este caso, podía dejarlo todo y sentarme en el sofá, mañana será otro día. Otras veces no puede ser, pero siempre me acerco lo máximo posible a eso que sí quiero y sí puedo.
Ojo, que en el sofá he sentido culpa, incomodidad, malestar. Porque aún no he matado a algunas de esas voces que hay en mi cabeza, que están ahí para joderme, no para impulsarme. La palabra clave es AÚN. Porque me las voy a cargar, lo juro. Que yo he nacido para tratarme bien, no para satisfacer expectativas imposibles. De momento las desafío pasando de ellas, despanzurrada en mi precioso sofá blanco, frente a los últimos episodios de Prison Break. Jodeos, voces, aquí mando yo.   P.D.: pocas cosas liberan más que compartir lo bueno, lo malo y lo regular con otras que están en el mismo camino que nosotras. El entorno trampolín es imprescindible para sentirnos mejor y yo quiero ayudar, en la medida de mis posibilidades, a que construyes o amplíes el tuyo. Por eso he organizado, para el fin de semana del 27 de septiembre, una experiencia/formación/retiro que he llamado DEL DEBERÍA AL QUIERO. Puedes asistir solo a la formación o darte el gustazo extremo de alargar el sarao y quedarte el domingo para pasear por un valle extraordinario, comer en un restaurante de cuento, zambullirte en el spa más espectacular que he visto en mi vida. Todo junto a un ramillete de tías con tus mismas inquietudes y tus mismas ganas. Te dejo toda la información AQUÍ MISMO