Las 3 conversaciones incómodas que debes tener contigo misma

Sol Aguirre
lunes, 12 mayo
Querida suscriptora:
Cuánto hablo por aquí (y por todas partes) de la importancia de hacernos las preguntas correctas. Y hoy voy a hablarte de esas preguntas que evitamos, esas que nos generan un pellizco de incomodidad y nos hacen cambiar de tema rápidamente en nuestro diálogo interno.
Porque todas tenemos esas conversaciones pendientes con nosotras mismas. TODAS. Esos temas que aparcamos para “cuando tenga un momento”, “cuando esté preparada”, “cuando tenga más energía”, “cuando acabe esto que que estoy haciendo” (o sea, nunca).
El problema es que lo que no afrontamos nos controla. Lo que no nombramos va creciendo y toma el poder, y eso es una mierda.
Así que hoy te propongo tres conversaciones difíciles pero imprescindibles que deberías tener contigo misma. Te va a costar, me vas a coger manía, pero te van a liberar, te lo digo yo, que me enfrento a ellas periódicamente (porque no, esto no acaba nunca, la vida es un camino, no hay otra)
1. La conversación sobre lo que realmente quieres (no lo que crees que deberías querer)
Esta es, seguramente, la más complicada porque necesitas diferenciar tu voz de todas esas otras voces que has interiorizado a lo largo de tu vida: la de tu madre, la de la sociedad, la de tu amiga, la de esa versión de ti que construiste cuando tenías 15 o 20 o 30 años y que ya no es la de ahora.
¿Cómo empezar esta conversación? Pregúntate (y quiero que te vuelvas majara perdida, desobediente, rebelde):
- Si nadie fuera a juzgarme, ¿qué cambiaría de mi vida ahora mismo?
- ¿Qué parte de mi rutina actual mantengo solo porque es lo que “se debe hacer”?
- Si pudiera reinventarme completamente, ¿qué conservaría de mi vida actual?
- ¿Qué me genera ilusión de verdad cuando lo imagino, aunque me dé miedo admitirlo?
- Si tuviera que decir tres cosas que estoy tolerando y que me drenan, ¿cuáles serían? (no te cortes un pelo)
- ¿Qué excusas me doy para seguir en esta situación? (“No puedo cambiarlo”, “Podría ser peor”, “Es lo normal”)
- Si una amiga me contara que está en mi misma situación, ¿qué le aconsejaría?
- ¿Qué podría hacer o tener si ahorrara la energía que gasto en tolerar esto?
- ¿Qué es lo peor que podría pasar si hago esto que me da miedo? ¿Y luego qué? ¿Y después?
- Si este miedo pudiera hablarme, ¿qué me estaría diciendo exactamente? ¿De qué quiere protegerme?
- ¿Este miedo es realmente mío o lo he heredado?
- Si este miedo desapareciera mañana, ¿qué sería lo primero que haría?
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