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Me sentía vacía y lo solucioné así

Todas tenemos días rarillos, forman parte de la vida. Yo creo que no se le ha de dar importancia si son días, pero cuando la cosa rara se convierte en semanas o meses, ahí, amiga, toca remangarse e investigar un poco. Ordenar el coco y ponerle nombre a lo que nos pasa, porque si no es imposible darnos lo que necesitamos en cada momento. El caso es que, durante la última semana, me he estado notando medio hastiada, no muy enfocada, sin esa chispa de la vida que disfruto normalmente. Y, claro, si llevas tiempo por aquí, ya me conoces. Me puse manos a la obra. Mi manera de meterme en harina con lo que me pasa por el coco es casi siempre bucearme en mis páginas matutinas, hacerme muchas preguntas, mirar hacia adentro, que es donde están TODAS las respuestas. Y di con la clave de mi hastío. No estaba triste. No estaba desmotivada. No estaba cansada. Estaba VACÍA. Escribiendo me di cuenta de algo que me dio, a partes iguales, alegría y una rabia tremenda: sin darme cuenta había abandonado un hábito que me flipa y que es absolutamente indispensable para mí. Hay que ver, cómo es la inercia vital, que te arrastra por mucho que la conozcas y la veas venir. Para mí es básico leer o escuchar cada día a gente que me inspire, a gente mucho más lista que yo y que hable de cosas que no desconozco o de una manera innovadora. Gente que me enseña, que me hace pensar, que me da ganas de ser mejor. Que me cuenta que hay todo un mundo ahí afuera que está a mi disposición para que aprenda de él. que hay más mundo del que cabe en mi cabeza. Y llevaba demasiado sin leer, sin escuchar, sin absorber. ¿Cómo he llegado al abandono de la inspiración? Me he pasado semanas produciendo, produciendo, produciendo. Dando, dando, dando. Vaciándome sin rellenar el depósito. Centrándome en el HACER en lugar de en el SER. Y claro, así ni hay chispa ni madre que la parió. Porque el ser humano NECESITA inspiración. No es algo extra para cuando tienes tiempo (entre otras cosas porque no lo vas a tener, lo tienes que CREAR). La inspiración es ese estímulo que nos conecta con ideas nuevas, con perspectivas distintas, con posibilidades que no habíamos contemplado. Es gasolina mental y emocional. Cuando nos inspiramos, el cerebro se expande, y nosotras con él. Aumenta la creatividad. Ordena el pensamiento. Despierta nuestra curiosidad, qué IMPRESCINDIBLE es la curiosidad para tener una vida plena. Inspirarnos no es consumir contenido a lo loco, sin criterio. Es exponernos conscientemente a ideas que nos alimentan, nos cuestionan y nos sorprenden. Así que decidí retomar mi hábito, claro. La vida va a de agarrarnos con uñas y dientes a lo que nos hace bien. Pero como todo hábito que queremos implementar o recuperar, necesitaba concreción y claridad. Lo que está difuso no se hace. Me pregunté: ¿qué puedo hacer cada día, sin excusa alguna? Respuesta: escuchar una charla de TED Talk al día. Son diez minutos de . Diez. En su web puedes crearte un usuario, elegir los temas que te interesan y tener un historial para revisitar lo que te ha gustado. Facilísimo. Y cuando algo es fácil, se hace. En el coche, salvo que me apetezca mucho escuchar música, escucharé podcast. Pero organizados previamente. Nada de perder tiempo buscando. La organización es una de las claves más infravaloradas a la hora de retomar hábitos. Hemos de ponérnoslo MUY fácil. Me he descargado algunos episodios del podcast de BBVA Aprendemos Juntos, que me encanta. Otros de “Entiende Tu Mente”, que es otro de mis favoritos. Y estoy investigando otros podcast de autoconocimiento y psicología que nunca he escuchado. Ya te contaré. Y escuchar está muy bien, pero si hay algo que me apasiona y me inspira, es leer. Ya os he contado alguna vez que me resisto a leer de manera puntual la newsletter de los viernes de mi querido Paulo G. Conde (@paulifero). Las acumulo durante varias semanas (ojito a mi capacidad de contención), porque así, en lugar de leerle durante cinco minutos, puedo hacerlo durante media hora. Ya tocaba, así que me lancé sobre los seis artículos que tenía pendientes y, qué maravilla señoras, porque pocas cosas te llenan más el alma que la capacidad de algunas personas para ver siete capas por debajo de la superfície, para percibir lo intangible y ofrecértelo en forma de palabras magistralmente ordenadas. El resultado de volver a mi hábito de inspiración diaria ha sido inmediato. He sentido como si fuera un barril seco perdido y que, de repente, empieza a llenarse. Escucho a mis neuronas burbujear del gustirrinín. Este barril que soy yo no se está llenando solo de conocimiento, sino de algo mucho más valioso: perspectiva. Esa que se pierde cuando te enredas solo en lo tuyo y cuando solo produces hacia fuera. La inspiración nos recuerda para qué hacemos lo que hacemos. Nos devuelve el entusiasmo. Nos coloca en un lugar mental más grande, más flexible, más vivo. Diez minutos al día te cambian. Ahora solo falta convencernos de que es necesario prestarnos atención, hacernos preguntas, sabernos merecedoras de todo lo bueno. Te planteo esta pregunta, por si te sirve, y me encantará que dejes tu respuesta en comentarios, porque compartir es de guapas y así nos inspiramos las unas a las otras: ¿De dónde estás sacando tu gasolina últimamente? Porque dar, dar y dar sin llenarte no es ser generosa. Es ser irresponsable contigo misma. P.D.: si quieres compartir este texto en tu Instagram (gracias), porfa, pon el enlace, les facilitas la labor a quienes les interese y también a mí. P.D.: si estás en uno de esos momentos rarillos, quizás sientas que necesitas retomar las riendas de tu vida. He diseñado para ti un audio con dos ejercicios super prácticos que a mí me sirven para pasar de la deriva a la autogestión. Puedes descargártelo aquí. Espero que te sirva. Feliz semana, querida. Sol

lasclavesdesol

Me llamo Sol, nací en el 73, tengo dos hijos adolescentes y ahora mismo soy coach, escritora y ponente en temas relacionados con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Me encanta mi profesión y me encanta mi vida, pero hasta hace ocho años el panorama era bastante diferente: trabajaba en marketing y vivía inmersa en el bloqueo, el desasosiego y el agotamiento. Me sentía totalmente perdida. La empresa y la maternidad se tragaban toda mi energía y no sabía por dónde empezar para salir de esa situación, así que permanecía inmóvil, dejando que el estrés campara por mi cuerpo a sus anchas, con todo lo que ello conlleva: lumbalgias, anginas, herpes,… Hasta que, aún no recuerdo muy bien cómo, reuní fuerzas y decidí decidir. Y desaprender para aprender. Y formularme preguntas muy incómodas. Y respondérmelas. Seguí un proceso de coaching, empecé a investigar cómo funciona el cerebro humano en general y el mío en particular. Me formé como coach, como Practitioner en PNL. Me convertí en mi propio conejillo de Indias y aquí estoy, sintiéndome capaz, libre y plena. Por fin. En este programa voy a compartir contigo, a través de ejemplos del día a día, pautas claras y muchos ejercicios prácticos, todo lo que he aprendido durante estos años y que ha borrado de mi vida la parálisis y la insatisfacción. Todo lo que me ha llevado a la expansión, a priorizarme, a cuidarme, a saberme suficiente, a sentirme alineada con mis decisiones y con mis acciones. A que me pase lo que quiero que me pase.